Opinión | Apunte
La caja torácica de Raphinha, por Carme Barceló

Raphinha se señala el escudo tras marcar al Atlético en el Camp Nou. / JORDI COTRINA
A trompicones llega el Barça a este constitucional y católico puente como líder de la Liga. A golpes de pecho, que es lo que le gusta al socio culer, siempre tan al límite como el presidente y la junta directiva que gestionan su club. A empujones de realidad, con esta nueva casta azulgrana que tira de buen fútbol con y sin balón y de sobredosis emocional cuando se enfrenta a un equipo como el Atlético de Madrid.
Casi al paroxismo llegaron los 45.000 espectadores que, gracias a Dios y al empuje informático, pudieron dejarse la voz y el alma en el Camp Nou. Venían enfadados por lo sucedido con las entradas el pasado fin de semana, pero entregados a una causa que ya empiezan a apuntalar Flick y sus jugadores.
Los que se pelaban de frío en el palco poco o nada tenían que ver con los que se fajaron ante los ‘colchoneros’, conscientes de que lo pueden todo cuando se llenan de fútbol y la enfermería se vacía. El ‘once’ titular, con Raphinha y Pedri como hacedores del éxito, se reconvirtió en otra alineación resistente y solidaria en la que se aparcó la gloria en pos de la heroica.
El guionista de este partido escribió como el especialista Lewandowski lanzaba un penalti a la estación de metro de Collblanc y Dani Olmo marcaba un gol que no celebró por una luxación en el hombro que sufrió tras el remate. Pero también relató que Pedri es un cerebro que, además de repartir juego, lo calma y lo endereza. Que los once que acabaron el partido, suplentes casi todos, fueron uno. Y que hay un tipo al que hace un par de años quisieron echar que se aplasta la caja torácica cuando marca un gol. Que estira la elástica, apunta al escudo y levanta al público. Éste se entregaba al líder, al hombre que consolaba a un Hansi Flick abatido y enfadado hace unos días y el que se considera un ‘pesado’ para sus compañeros. Los empuja, los riñe, los felicita y los sostiene. Es un pulmón por el que todos respiran. Para Simeone, Raphinha merecía el último Balón de Oro. Para la parroquia azulgrana, con tenerle para adorarle es suficiente.
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