Opinión | GOLPE FRANCO
Una alineación de 3-1
La crónica: El Barcelona piensa en grande y niega al Atlético
La contracrónica: El Barça que pinta Pedri y ejecuta Raphinha es otro
En directo: Así hemos vivido la victoria del Barça contra el Atlético de Madrid

Eric Garcia, durante el Barça-Atlético. / Associated Press/LaPresse / LAP
Quien sabe más me dijo ayer que ganaría el Barça. Incluso aventuró una cifra: 3-1. Recuerdo que en mi juventud cuando ganaba el Barcelona de Kubala, por ejemplo, el equipo rozaba siempre esa posibilidad, y yo me acostumbré.
Cuando Evaristo (que luego ficharía por el Madrid) marco aquel gol milagroso en el campeonato europeo contra el Madrid, el guarismo fue 2-1, y yo me sentí feliz, porque ganamos.
El partido de este martes me trajo malos presagios, como si este Atlético estuviera entrenado (por su entrenador, que es muy bueno) para burlarse del Barça siempre que éste se hallara al menos en estado de cierta esperanza.

Barcelona-Atlético de Madrid, en imágenes. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
De modo que cuando los de Simeone marcaron el gol fatídico sentí que la vida iba en serio y lo que iba a ocurrir desde entonces sería una mezcla de dolor y lágrimas que, en efecto, vi muy pronto en la retransmisión del graderío.
Todo conspiraba contra la esperanza, hasta que Raphinha, el mejor aliado del entrenador, el que enjuga sus lágrimas, hizo un gol precioso que me supo a cielo. En seguida pasó algo que yo mismo le había pedido a Dios, por si estuviera por el Nou Nou Camp Nou: que hubiera un buen penalti que lo introdujera en la otra puerta el bendito Lewandowski…
Dios me escuchó, pero no puso de su parte la otra parte de la esperanza: la realidad. De modo que el delantero más famoso del Barça después de Messi tiro a matar… el aire. Subir el ánimo después de un fracaso tan concreto, convocado por el más goleador de los azulgrana, era una tarea de titanes, que se podía confiar sobre todo a Pedri, o a Raphinha, que ahora son los más audaces de los que quieren el bien para el Barça.

Barça-Atlético. / LLUIS GENE / AFP
Pedri fue, cuando ya nada se esperaba sino la resignación, quien propició el disparo a regañadientes de Olmo, que venía a ser el mejor de la delantera y, en ese momento, el más doliente de todos porque hubo de salir a curarse de una mala caída.
La mala suerte que había tenido el polaco era ahora una reivindicación, porque su bota terminó de meter el segundo gol… Y, ya ven, he llegado al final de la crónica y el Barça, como había predicho aquel amigo, le ganó al que siempre le pone el aire caro. 3-1. Mira que me lo tienen dicho… Esta era una alineación de 3-1.
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