GIRONA-MADRID (1-1)
El Madrid saca un punto de Montilivi con el penalti de marras
El Madrid salva el empate gracias a Mbappé, que igualó el gol de Ounahi, pero entrega el liderato al Barça en otra pobre actuación

Vanat y Gil felicitan a Ounahi por su gol. / Dani Barbeito / SPO

Un enorme Girona que se debate en los bajos fondos de la clasificación confirmó los síntomas de recuperación sumando el tercer partido sin perder. Pudo neutralizar a un pobre Madrid, que dispuso del penalti de marras para salir de Montilivi con un punto que atenúa el ridículo que habría perpetrado de caer en Montilivi. Por el tortuoso camino que traza se ha dejado el liderato, que ostenta el Barça por mucho que Hansi Flick esté preocupado.
Dispuso el Girona de ocasiones para ganar y también tuvo un par el Madrid cuando el partido andaba ya cuesta abajo, con los gerundenses agotados y atemorizados por el tono que andaba cogiendo el duelo con la complacencia de De Burgos Bengoetxea, solícito y pródigo en explicaciones a cada protesta de cualquier jugador madridista, exasperados e impotentes.
Individualidades contra equipo
Se salvaron con un penalti de Vinicius transformado por Mbappé. Es decir, las individualidades. No tiene más el Madrid. No ha creado Xabi Alonso un equipo en cinco meses aún. Enfrente tenía uno de verdad, ya cuajado con el tiempo y la mano sabia de Míchel Sánchez. El Girona se apoyó sobre el imperturbable Gazzaniga y el imaginativo Ounahi.
Axel Witsel fue el otro sostén del equipo. Con su aparente parsimonia, con el perfil despreocupado del que ha jugado cientos de partidos importantes y el oficio de los veteranos, era a quien buscaban todos en momentos de presión. Lógico, por otra parte, en el eje del centro del campo, y vigilado muy de lejos por Tchoauméni. Iván Martín era otra opción, aunque la más clara era la salida por Hugo Rincón.

Kylian Mbappe transforma el penalti del empate. / AFP7 vía Europa Press
El plan era Rincón
Vinicius ni miraba a su marcador. El problema es que sus compañeros tampoco veían el espacio que tenía el lateral para avanzar y provocar el dos contra uno con Tsygankov a Fran García.
Míchel enloquecía. Ese era un magnífico plan para atacar al Madrid. El gol lo corroboró. El tímido Rincón se vio en la guisa de dar un pase fácil a Tsygankov y este prolongó para la llegada en carrera de Ounahi.

Míchel recrimina a Xabi Alonso una desaforada protesta en un fuera de banda. / Dani Barbeito / SPO
Solo once
Pretendía Míchel ganar al Madrid con el equipo que empató frente al Betis. No tiene más recursos el técnico, con nueve lesionados y solo cuatro jugadores de campo del primer equipo en el banquillo. Un dramático panorama si se trataba de aguantar un marcador favorable -el empate, por supuesto, ya era valioso-, mucho más deprimente si la cuestión era remontarlo. Ni la carta siempre milagrosa de Cristhian Stuani podía echar sobre el césped el Girona. El capitán se lesionó en el sóleo de la pierna izquierda. La rotura muscular le impide jugar los cuatro partidos que quedan de año.
Toda la artillería de Alonso no evitó que el Girona se adelantara con una gran jugada trenzada que denunció la pasividad de la defensa, en la que solo estaba Trent del cuarteto que alineó en la Champions. Rüdiger fue el único que arañó y rascó. A Vanat, que ni se esmeró por reclamar el balón, perseguido por la fiera. El ucraniano se vio liberado tras el descanso cuando Xabi Alonso cosió el abismo de la banda acercando a Fran Garcia a Rincón.

Rüdiger carga a Vanat en un duelo durante el Girona-Madrid. / Dani Barbeito / SPO
Mbappé, en cambio, los pedía todos. Liberado de servidumbres defensivas, se enfocaba en recibir y encarar. Nadie le aguantó una carrera. Va a una velocidad tan distinta de los demás que parece ser el único con ganas de un Madrid que debe construir con paciencia cuando no puede lanzar el balón al francés.

Ounahi y Militão, durante el partido. / Dani Barbeito / SPO
Vinicius se ausenta a menudo estando en el campo. Se supo de él cuando el público silbaba y en el esporádico episodio del penalti, que buscó ante la inocencia de Rincón. Contento, se motivó y empezó a participar como se espera de él, liberando a Mbappé, que daba síntomas de cansancio. No había parado el francés.
Se multiplicaba Mbappé fuera del área para crearse él las ocasiones por la ineficiencia de Tchouaméni, que no da un pase vertical ni bajo amenaza, y el desinterés de Bellingham, que desea ser servido y rematar él. Remató antes Militão en un cabezazo que requirió de las manos de Gazzaniga, antes y después el principal pasador del Girona.
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