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Segunda vida (23)

Jordi Vila-Puig: "Mi vida es una aventura en el mundo del deporte"

Jugó con el Barça de hockey sobre patines, y es historia viva de una sección con la que ganó, entre otros títulos, nueve copas de Europa.

Jordi Vila-Puig, exjugador del Barça de hockey patines.

Jordi Vila-Puig, exjugador del Barça de hockey patines. / Manu Mitru

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

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Jordi Vila-Puig afirma a los 69 años que su vida es una aventura más allá de los patines que lo convirtieron en un mito del hockey azulgrana. Formó parte del mejor quinteto de la historia con Trullols, Villacorta, Torres y Centell. Durante tres temporadas fueron indiscutibles con el Barça y la selección española. Retirado del deporte fichó a Jesús Angoy para los Dragons, léase fútbol americano, ayudó en la coordinación de la Volta, en términos de bicicletas, y ahora organiza marchas cicloturistas. Lo de retirarse no forma parte del guion de un deportista que estudió Derecho y que recuerda su pasado en las canchas con pasión.

¿Cómo le dio por colocarse unos patines y jugar al hockey?

En mi colegio, en el paseo de Manuel Girona, había un equipo de hockey que participaba en un torneo escolar. Había cumplido 9 años y como entrenador teníamos a Jaume Riera, que era jugador del Barça.

¿En los 60 del siglo pasado el hockey era un deporte mediático?

Todos los colegios tenían equipos y el 90% de los futuros jugadores salían de las escuelas. En aquellos años el sábado por la mañana se iba al cole y, a veces, había tiempo también para entrenar con al menos dos sesiones a la semana. Yo, además, iba al antiguo pabellón que había en la calle de Lleida. Me daban invitaciones y veía a mis ídolos. Allí celebraban los partidos tanto el Barça como el Espanyol de hockey. Poco después, con 18 años, ya pude jugar o enfrentarme a las que fueron mis estrellas. Y sí, efectivamente, en esos tiempos el hockey fue un deporte mediático.

Vila-Puig posa junto a Guardiola, Epi y Barrufet.

Vila-Puig posa junto a Guardiola, Epi y Barrufet. / FC BARCELONA

Entró muy joven en el primer equipo azulgrana.

Riera, mi entrenador en el colegio, fue el que me llevó al Barça con 14 años y a los 18 ya estaba en el primer equipo. Estuve 23 años en la sección, 14 de ellos como jugador del primer equipo, luego seguí como coordinador del hockey base y continué otras tres temporadas como entrenador. Entre medio disputé 154 partidos internacionales con la selección española durante una década. Jugando con España viajé por medio mundo, en países como Argentina, Chile, Canadá, Brasil y también muchas veces en Portugal. 

Si cuenta los títulos que posee igual hay que dedicarle todas las páginas de este diario.

Sí, sí, fueron bastantes: 9 Copas de Europa, 8 Ligas, 6 Supercopas de Europa, 7 Copas del Rey y 1 Recopa; todo con el Barça, y luego 2 campeonatos del Mundo, 3 de Europa y 2 Copas de las Naciones con la selección española. En mis inicios jugábamos muchas veces en pistas descubiertas.

Cuente, cuente…

Con el Barça en mi época de juvenil entrenábamos en una zona deportiva, que estaba donde luego se construyó el Miniestadi, que tenía un campo de fútbol, una pista de ceniza para el atletismo y otra de cemento para nosotros. Pero, por fortuna, en 1971, se inauguró el Palau Blaugrana, templo de grandes éxitos. Sin embargo, muchos partidos de Liga se disputaban al aire libre. Recuerdo uno en especial, contra el Voltregà, donde jugamos mientras nevaba. Teníamos mecánico en el equipo. Nos cambiaba las ruedas de fibra por las de aluminio y con los frenos de los patines hacía igual. Si empezaba a llover, era como entrar en boxes, te reemplazaban frenos y ruedas para poder seguir jugando sin que hubiese el riesgo de patinar más de la cuenta. Hasta que se murió Franco no fue obligatorio jugar en pabellones cerrados. Coincidió, ya al principio de la restitución de la Generalitat, con una campaña para dotar de pabellones cubiertos a la mayoría de localidades catalanas.

Vila-Puig, en un partido ante el Benfica de Copa de Europa.

Vila-Puig, en un partido ante el Benfica de Copa de Europa. / FC BARCELONA

¿Su equipo llenaba el Palau Blaugrana?

Recuerdo un encuentro muy especial. Fue el partido de vuelta de la final de la Copa de Europa contra el Reus, que servía para decidir el título continental en 1979. Perdimos en la ida por 3-1. No cabía un alma en el Blaugrana. El público pagó mil pesetas de la época para vernos y aquello era mucho dinero. Remontamos y nos llevamos el título al ganar por 6-2. Fue apoteósico.

¿A qué se debía esa pasión por el hockey sobre patines?

En los años 70 y 80 todavía no existía la cultura del fin de semana. La gente, en todo caso, salía a pasear con la familia. Algunos iban a misa y otros se lo veían todo: hockey, balonmano, baloncesto. Era un ambiente más pasivo que el que hay ahora. Ni por asombro se llenaba, por ejemplo, la Carretera de les Aigües corriendo a pie o en bici.

¿Se consideró un deportista profesional?

Tuve hasta un patrocinador que me pagaba por el material que utilizaba (patines, sticks…). Sí, nosotros ganábamos dinero. Éramos lo que se denominaba ‘amateurs marrones’. Un jugador de fútbol tenía una ficha por aquel entonces de unos cuatro millones de pesetas por los tres de uno de baloncesto y eso que todavía no habían llegado estrellas como Epi o Solozábal. Con 19 años mi ficha ya era de un millón de pesetas con lo que me compré un piso en Sarrià.

En un partido contra el Liceo, con el jugador argentino Daniel Martinazzo.

En un partido contra el Liceo, con el jugador argentino Daniel Martinazzo. / FC BARCELONA

¿Fue, entonces, una época muy distinta?

Le contaré, por ejemplo, que si querías tener fotos tuyas de un partido debías pedírselas a los fotógrafos que estaban en los encuentros y luego ir con ellos a los laboratorios a buscar los negativos para disponer de un recuerdo de tu actuación.

¿Tenía seguridad social?

Qué va. Estábamos en un régimen que se denominaba de artistas y feriantes. Nos practicaban la retención en la nómina; eso sí, hasta que empecé lo que podría denominarse mi segunda vida profesional no coticé en la seguridad social.

Jordi Vila-Puig, exjugador del Barça de hockey patines, posa con el casco de los Barcelona Dragons.

Jordi Vila-Puig, exjugador del Barça de hockey patines, posa con el casco de los Barcelona Dragons. / Manu Mitru

Esta sección se denomina precisamente ‘segunda vida’ para conocer qué hicieron grandes deportistas después de retirarse.

Pues yo estudié y acabé Derecho. Mi vida es una aventura en el mundo del deporte. Así que pronto entré en la gestión deportiva. Estuve tres años como General Manager de los Dragons, cuando la NFL desembarcó en Europa. ¿Sabe que fui yo la persona que fichó a Jesús Angoy?

A ver.

Angoy jugaba de portero en el Córdoba. Era la temporada siguiente a la destitución de Johan Cruyff, que era su suegro, como técnico del Barça. Buscábamos un chutador para los Dragons. Lo querían traer de Norteamérica y yo pensé que lo podíamos tener en casa. Angoy nos dio una gran publicidad. Él aceptó y se fue dos semanas a aprender a Estados Unidos las posiciones del chut. Lo hizo tan bien que hasta tuvo una oferta de los Denver Broncos.

Luego cambió el balón ovalado por las bicis.

Entré en la empresa RPM de la mano de Juan Porcar. Querían responsabilizarse de la parte publicitaria de la Volta y necesitaban a alguien para coordinarlo. La Volta se encargaba de toda la temática deportiva; recorridos, equipos, corredores; nosotros llevábamos la gestión publicitaria y televisiva. Fueron siete años de colaboración, todos ellos muy apasionantes. También trabajé en la organización del Marató de Barcelona. Luego, ya por mi cuenta, he montado una empresa donde organizó marchas cicloturistas como la Alpinium, que se celebrará en julio con más de mil inscritos y que recorre algunos de los puertos famosos de los Pirineos.

Jordi Vila-Puig, exjugador del Barça de hockey patines.

Jordi Vila-Puig, exjugador del Barça de hockey patines. / Manu Mitru

A todo esto, ¿el Barça retiró su camiseta?

No, porque en mi época no se hacía. Esta costumbre entró más tarde cuando yo ya estaba retirado.

Por último, usted que ha sido una estrella del hockey, ¿puede contarnos por qué no se pinta la bola para que se pueda ver un poquito más?

Las bolas de golf o squash tampoco es que se vean mucho, pero televisivamente se ha trabajado enormemente para solucionar este problema y poder vender mejor el producto, algo en lo que ha fallado el hockey sobre patines.

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