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SALVADOR BAJO PALOS

Joan Garcia, el portero de las paradas colosales

Una intervención crucial del meta desde el suelo evita el 1-2 segundos antes de que Olmo marcara el 2-1

Joan García, tras despejar un balón en una clara ocasión rival durante el partido entre el FC Barcelona y el Alavés.

Joan García, tras despejar un balón en una clara ocasión rival durante el partido entre el FC Barcelona y el Alavés. / JORDI COTRINA / EPC

Marcos López

Marcos López

Barcelona
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Ha jugado poco -solo lleva 10 partidos con la camiseta azulgrana-, pero transmite tal sensación de seguridad que parece que lleve toda la vida en el Camp Nou, un estadio que Joan Garcia solo ha pisado en dos ocasiones. Tiempo más que suficiente para firmar un par de paradas colosales, especialmente la primera porque dejó un catálogo de acciones hasta paranormales.

Transitaba el balón por el corazón del área pequeña del Barça con absoluta calma, sin pasión defensiva alguna de los zagueros de Flick. Y la pelota, impulsada por un preciso pase de Rebbach y sin que nadie se interpusiera en su camino -no llegó Lucas Boye, el primer destinatario-, acabó en los pies de Jonny Otto, el lateral derecho que se encontró ante uno de los goles de su vida. Era gol sí o sí. Con Joan Garcia estirado sobre el césped y supuestamente superado por la jugada, el balón se dirigía a la red azulgrana.

Joan Garcia no puede impedir el gol del Alavés en la primera jugada.

Joan Garcia no puede impedir el gol del Alavés en la primera jugada. / Jordi Cotrina

Del 1-2 al 2-1

“Vi cómo me venía el balón y veía mucha portería, se la intenté tirar hacia arriba y sacó una mano increíble”, relató luego asombrado el defensa del Alavés. “Fue una pena porque en la siguiente jugada nos metieron el gol”.

O sea, del posible 1-2 (m. 24) al real 2-1 (m. 26) firmado por Dani Olmo. Y todo porque Joan Garcia se inventó una parada digna de Courtois, propia de los porteros que hacen acciones imposibles. Una parada monumental porque devastó primero psicológicamente al Alavés y después en el marcador.

“Esas paradas nos dan la vida”, confesó luego aliviado Raphinha, entregado al talento de su guardián, cuyo mano derecha resulto decisiva en la primera parte. Tanto como lo fue la punta de su pie izquierdo cuando el conjunto vasco se asomó a su hogar otra vez. Tenía Guridi tiempo para pensar -o eso creía- porque, de inmediato, Joan Garcia le recortó espacio y tiempo para sacar su pierna con agilidad evitando el 2-2.

La jugada fue anulada por fuera de juego, pero el VAR, en caso de gol, habría dictaminado que era legal. Por si acaso, el meta del Barça evitó en los instantes finales (m. 84) que la tarde acabara de manera tan caótica como empezó en el Camp No con un gol del Alavés a los 43 segundos y miles de personas en las puertas del estadio sin poder entra por un fallo tecnológico.

Cuatro ceros en la portería

Quien no desconectó, y en ningún momento, su software fue Joan Garcia, un portero que ha devuelto la seguridad a un lugar inestable para un Barça también inestable y errático, sin hallar la continuidad deseada. No es solo por los números que ha firmado el exguardián del Espanyol que solo ha encajado 9 goles en sus 10 partidos (0,9 de media), dejando su portería a cero hasta en cuatro encuentros.

Nada que ver con Szczesny, quien debía ser el tercer guardameta pero la grave lesión de Ter Stegen le concedió la etiqueta de número dos, obligado a aparecer en el escenario porque el uno tuvo que pasar por el quirófano. Recibió el experto polaco 17 tantos en sus nueve partidos (1.88 de media) sin poder sellar ni una sola vez su arco. Le tocó agacharse en cada encuentro a recoger el balón de su red.

Gerard Martin felicita a Joan Garcia tras desbaratar la ocasión de Otto, asombrado en el suelo igual que sus compañeros del Alavés.

Gerard Martin felicita a Joan Garcia tras desbaratar la ocasión de Otto, asombrado en el suelo igual que sus compañeros del Alavés. / Dani Barbeito / SPO

Evitar, no parar

Pero Joan Garcia va mucho más allá de cifras o de intervenciones colosales. No solo para, sino que sabe evitar momentos realmente peligrosos.

Son esas paradas invisibles que nadie ve como cuando abandona el cobijo de los tres palos para intervenir como líbero (salió dos veces fuera del área ante el Alavés, ambas con éxito) o su dominio del juego aéreo, sin conceder opción alguna a un cabezazo. Es evitar, no parar. Es ser preciso en el juego con los pies (30 pases dio en campo propio ante el equipo vasco, 30 con acierto, 100% de acierto), demostrando una adaptación extremadamente rápida a un manual de juego que no le resulta nada inhóspito. Y el Barça ya no mira hacia atrás porque sabe que juega con red.

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