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BARCELONA-ALAVÉS (3-1)

Raphinha perfora al Alavés

Dos asistencias del delantero brasileño brindaron los goles que se repartieron Lamine Yamal y Olmo (2)

Dani Olmo y Lamine Yamal abrazan a Raphinha, que les dio la asistencia de sus respectivos goles al Alavés.

Dani Olmo y Lamine Yamal abrazan a Raphinha, que les dio la asistencia de sus respectivos goles al Alavés. / Jordi Cotrina

Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona
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El Barça perforó al Alavés con un taladro percutor de marca Raphinha. Una herramienta que tenía averiada en casa pero que, cuando funciona, es imprescindible. Flick no esperó más tiempo del convencional -la probó dos ratitos antes- en emplearla al máximo de potencia, y tras haber comprobado que gira y agujerea como antes, la utilizó. No más de una hora, un periodo también convencional para no quemarla por el sobreúso. Sustituyó el taladro por la lijadora Pedri, recuperado del taller, para que acabara de embellecer la reparadora jornada. Tardó hasta el último minuto.

Raphinha fue una de las novedades de la nueva alineación después de la derrota ante el Chelsea. Bendita y esperada novedad, por la calidad del futbolista brasileño y la influencia que ejerce en el equipo. Dos carreras al espacio de Raphinha agujerearon el sector derecho del Alavés y descolocaron a sus defensas.

Los dos balones que le enviaron los remitió a los pies de Lamine Yamal y Olmo para que el Barça remontara el gol del cuadro vitoriano y construyera un triunfo más necesario para el ánimo del equipo que por los efectos de la clasificación, aunque los culés disfrutarán viendo al Barça en el primer lugar.

Pedri felicita a Olmo tras marcar el 3 1.

Pedri felicita a Olmo tras marcar el 3 1. / Jordi Cotrina

Un gol necesario

Lamine Yamal y Olmo corrieron a abrazarse a Raphinha porque el mérito de su compañero fue crucial para que ellos se sacaran la espina. Necesitaban los dos un gol: Lamine Yamal para apaciguar su ansiedad de hacerlo en el Camp Nou, frustrada la oportunidad del estreno ante el Athletic; a Olmo le urgía restituir su deteriorada confianza ante la mirada severa de los demás por su discutible rendimiento y dobló su alegría. Lamine Yamal y Olmo crearon la última jugada por sí solos, ya sin su asistente.

Lamine Yamal controla un balón en la banda izquierda junto a Balde.

Lamine Yamal controla un balón en la banda izquierda junto a Balde. / Jordi Cotrina

Los enfadados, fuera

Las herramientas del Alavés son de marca blanca, más baratas y menos fiables. El defensa Otto falló un remate que Joan Garcia despejó ágilmente desde el suelo -nada que ver con Szczesny- justo antes de que marcara Olmo el 2-1 y que habría regenerado la incertidumbre que se expandió con el gol de Ibáñez a los 43 segundos.

No provocó una bronca mayúscula porque miles de espectadores no habían entrado todavía a la grada. Un fallo informático de la aplicación de los socios barcelonistas borró las entradas telemáticas para entrar. Cuando pudieron acceder al campo, no tenían motivos adicionales para acrecentar su cabreo. Solo les faltaba ver algún gol. Ni Lamine Yamal ni Olmo acertaron hasta el final, tampoco Lewandowski.

Los aficionados del Barça entran a la grada con el partido comenzado.

Los aficionados del Barça entran a la grada con el partido comenzado. / Jordi Cotrina

Flick agitó la alineación más allá de introducir la broca brasileña. Obligado a promover una reacción en el equipo, buscó más herramientas que insuflaran la energía que no tuvo el equipo para correr y pelear tanto como los ingleses el martes. Es un decir, que sólo había dos británicos en el Chelsea.

La selección catalana

Flick apeló a las raíces del club y de su proyecto y dio el mando al doble pivote con el que comenzó la inolvidable temporada pasada: a la pareja que formaron los Marcs, Casadó y Bernal, titular por primera vez. Con todas las ganas del mundo empujó a Raphinha al once inicial para ver si el equipo acompasa su presión de una puñetera vez con el delantero que más se entrega a tan ingrata misión.

Joan Garcia no puede impedir el gol del Alavés en la primera jugada.

Joan Garcia no puede impedir el gol del Alavés en la primera jugada. / Jordi Cotrina

Los timoneles se comunicaron en catalán con los demás. El Barça era mucho más que el núcleo de la selección catalana, con nueve futbolistas seleccionables por Gerard López. Raphinha y Lewandowski, sendas figuras mundiales, eran dos cuerpos extraños entre los nens, con tres jugadores de 18 años. Con Arnau del Girona y Puado del Espanyol, Catalunya tendría un equipo mucho más que apañado. Una entelequia, una ficción a la que le falta mucho tiempo para ser una realidad.

No era un día para monsergas al regreso de Stamford Bridge y menos lo fue con el 0-1, nacido del saque de centro con la defensa azulgrana dormida. El equipo menos resolutivo del campeonato marcaba sin habérselo propuesto siquiera; cuando buscó el gol se encontró un Barça más atento para proteger una ventaja mínima que no había sabido ampliar. El Alavés arañó varias veces sin causar desperfectos en la estructura azulgrana, sólo en el yeso.

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