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Opinión | Apunte

¡Cu-Cu-Cucurella!

Marc Cucurella, futbolista del Chelsea, tras el triunfo frente al Barça en Stamford Bridge.

Marc Cucurella, futbolista del Chelsea, tras el triunfo frente al Barça en Stamford Bridge. / Afp7

Reloj, no marques las horas. Lo cantaban Los Tres Caballeros y podrían hacerlo otros tres dándole un giro de 180 grados: Xabi Alonso, Hansi Flick y Luis de la Fuente. El primero sigue cuestionado incluso ganando al Olympiacos, algo que tampoco me extraña visto lo visto. El segundo, que no veía el momento que se pitara el final del partido ante el Chelsea, parecía anclado en lo acontecido días antes en el Camp Nou.

El Athletic está a años luz del equipo que puso en su lugar en Europa a un Barça al que le faltó todo el brío que le sobró a su rival, arriesgó al máximo con ciertos jugadores bajo mínimos y sin la brújula ni el balón no llega ni a dar los cuartos. En la Champions, los detalles se convierten casi en títulos. Y a Ronald Araujo, con el que se empecina Flick en este tipo de partidos, alguien le tendría que explicar que encararse con un árbitro se lo tiene que reservar para el minuto 85 y no antes. También hay que hacerle entender a Lamine Yamal que si tiene cien cámaras siguiéndole no es de recibo reaccionar de determinada manera ante un cambio. Y a su técnico, ídem. Perfil bajo aunque se te lleven los demonios. Que eso es munición para el enemigo. Dicho esto, al Barça le restan tres partidos asequibles que puede -y debe- superar para colocarse en ese grupo de ocho clubs elegidos para la gloria que, además, se ahorran unos cuantos. El ‘tempo’ lo señala Pedri. Él sí que ajusta con precisión las manecillas del reloj.

Preciso y casi perfecto fue el despliegue futbolístico de Cucurella, que preparó al segundo su duelo con Lamine Yamal. Una puñalada para más de uno. Culer de cuna y producto de La Masia, no se sintió bien tratado por el FC Barcelona. Lateral completísimo, impecable en ataque y defensa, es un seguro de vida para cualquier equipo que le alinee. Es uno de los inamovibles para un Luis de la Fuente que cuenta las horas para tenerle a su vera en el Mundial. Y como un reloj de cuco alargando el canto, ya imagino al público al grito de “¡Cu, Cu, Cucurella!”. Uno de los nuestros que pudo ser y no fue. Y al que decidió prescindir de él, el tiempo no le dado la razón. En mala hora.

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