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Andá p'allá, bobo

Ha llegado la hora de Hansi Flick (y lo sabe)

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

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Cuando Hansi Flick reconoció el otro día, el día del regreso al Spotify Camp Nou, que cuando visitó como turista el viejo ‘estadi’ soñó que un día se sentaría en ese banquillo, no tenía ni idea, perdón, aún no la tiene, no, ni lo sospecha, de que ese banquillo puede convertirse, en cuestión de días, de escasas semanas, en una parrilla incandescente.

Lo digo porque Flick, a quien Joan Laporta, llevado por la euforia del regreso a casa, le ofreció casi, casi, la renovación cuando quiera, está atravesando, sin duda, los peores días de su estancia en el Barça, incluso peor, creo, que la "mierda de noviembre" del año pasado.

Cuando un equipo protagoniza el desastroso partido que protagonizó el Barça, anoche, en el mítico Stamford Bridge, donde ni siquiera el fabuloso gol de Andrés Iniesta hubiese servido de nada, hay que empezar a mirar al entrenador. aunque ese señor se llame Hansi Flick y sea, al parecer, intocable.

De la misma manera que, el año pasado, el mayor elogio que recibió Hansi Flick fue que sacaba el mayor partido de cada uno de sus futbolistas, ahora, hoy, se le podría cuestionar por qué ninguno de sus chicos se parece, ni por asomo, a los que fueron el año pasado.

De la misma manera que el año pasado la mayor virtud y, por otro lado, la comparación que se hacía con respecto a Xavi Hernández, era que Flick sí sabía sacar más del cien por cien de cada uno de sus futbolistas, ahora empezamos a estar en condiciones de preguntarle al ‘mister’ alemán qué esta pasando.

El ruido ya es excesivo sobre muchos puntos que, sin duda, afectan al rendimiento del equipo. Y hasta Flick se traicionó anoche cuando dijo que “ahora sí” están entrenando mejor que hace unas semanas. ¿Perdón? ¿Qué pasaba hace unas semanas? ¿Llegaban tarde algunos futbolistas? ¿Qué pasaba?

Tampoco estaría mal que el entrenador, si lo cree necesario y, sobre todo, si cree que el ruido que hay alrededor de la preparación física, los fisios y los recuperadores es, realmente, “mentira” y “basura”, lo diga, lo señale, lo matice porque, de lo contrario y, sobre todo, visto cómo se comporta el equipo sin velocidad, sin presión, sin intensidad, sin dinamismo, sin coraje, si entrega, con dejadez y también, sí, dándose por perdido demasiado pronto, puede que existan motivos para pensar que algo se ha roto en las catacumbas de la Joan Gamper.

Hansi Flick, durante un lance del partido.

Hansi Flick, durante un lance del partido. / Valentí Enrich / SPO

Haría mal Flick (lo digo porque sus declaraciones de anoche son muy sospechosas en ese sentido) si se queda, como gran justificación y excusa de la goleada del Chelsea, con que la expulsión de Araujo, un ‘sospechoso habitual’ que es la antítesis del defensa que requiere el riesgo que impone el alemán a los suyos, ha sido la razón de tan tremendo desastre. Once contra once, incluido el gol desperdiciado por Ferran, la primera media hora, ya fue de 1-4.

Puede que sea el momento de contar las verdades en la sala de prensa, sentar, tal vez, a alguna 'vaca sagrada', darle un estirón de orejas a Lamine Yamal por su gesto feo, feo, al ser sustituido y tratar de que el equipo recupere la intensidad y la presión del año pasado.

Es evidente que Flick debe meterle mano a este equipo y, sí, también a esta plantilla. Y hasta sentar a más de una ‘vaca sagrada’ si es necesario. Está bien, muy bien, porque fue así, que le anime la excelente media hora de Raphinha, que falta hacía, pero tampoco estaría mal un tirón de orejas a Lamine Yamal, anulado por Cucurella, un canterano culé que debió buscarse la vida en Eibar y Getafe, por su gesto tan feo, cierto, no a la altura (aún) de los de Vinicius, pero feo, tras ser sustituido.

Y solo un último punto de reflexión. Yo no soy nadie para decir o escoger qué futbolista del Barça debe dar la cara ante las cámaras de televisión tras semejante bochorno pero, desde luego, no creo que Joan García, un recién llegado, sea el adulto, el culé, el veterano ideal para hacerlo. Alguien debía decirlo.

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