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Beers&Songs: diez años animando en la grada al fútbol amateur

Animación de Beers@Songs en Cellera de Ter / Cedida
"Es una locura. En el campo nos mirábamos con los compañeros y nos reíamos y nos decíamos 'qué guapo'. Vas a jugar un partido más con tus amigos del pueblo y de repente vives una tarde en la que te sientes futbolista profesional", dice Joel Calls, futbolista del equipo de la Cellera de Ter. "Es una animalada. Nosotros somos jugadores de tercera, cuarta catalana: te vine a ver tu abuelo y poco más y después te vas a tomar unas birras", asegura Pau Casas. Hace un año este pueblo de 2.014 habitantes de la provincia de Girona recibió por sorpresa la visita de los 220 participantes de Beers&Songs: un grupo de animación nómada e improvisado y único en el mundo que este sábado ha celebrado su décimo aniversario en Manlleu.
El lunes de la semana del partido se crea un grupo de WhatsApp con todos los participantes. La mayoría son desconocidos entre sí. El jueves se dice el color del equipo que apoyarán. Y el sábado, el día D, cuando llegan a Banyoles, el punto de encuentro, descubren el equipo que animarán, aleatorio. Se mantiene en secreto hasta el último momento. La idea nació en noviembre de 2015 de la mano de Albert Grabulosa, el padre y el alma de Beers&Songs. Ese año en su grupo de amigos ya habían hecho siete o ocho barbacoas para celebrar los cumpleaños y buscó algo diferente para el suyo. Acabó con 35 personas en el campo de Llers, otro pequeño pueblo de Girona.
La celebración no debía tener continuidad, era "una fiesta de 30 años y ya está", pero por petición popular se repitió al año siguiente y este 2025 Beers&Songs ya ha celebrado diez años con 248 personas, sin repetir nunca pueblo. "Cada año hemos crecido a nivel de gente y también a nivel femenino. La primera chica vino al tercer año. Ahora ya son más de 30", asegura Grabulosa.
"Si abriéramos las inscripciones sin filtros seríamos más de 1.000 seguro", pero para que la tropa no se descontrole solo se puede entrar como amigo o conocido de alguien que ya esté dentro. "Las plazas van muy cotizadas entre mis colegas", ríe Pep Collazos, de Torelló (Osona). Hay gente de toda Catalunya. "Es tan random que piensas que un día podría tocar en tu pueblo". No había estado nunca en Hostalric y en la Cellera de Ter y acabó afónico animando a sus equipos.
Los preparativos
La jornada comienza a primera hora de la mañana. Los participantes descubren el equipo y preparan banderas y pancartas y cánticos para clubes desconocidos y para jugadores anónimos. Después de comer suben al bus. Desembarcan y cruzan el pueblo elegido a pie, con bengalas, megáfonos, petardos y tambores, sin que nadie del pueblo y del equipo en cuestión sepa absolutamente nada.
"La gente sale al balcón o a la puerta de casa y pregunta '¿quiénes sois?', '¿qué hacéis?'", cuenta Martí Ricart, otro participante de esta "aventura". Destaca que son "totalmente ajenos a todo", a casi todos los compañeros de hinchada y sobre todo al pueblo y al equipo, sin ningún arraigo o sentimiento de por medio, pero el fútbol puede crear una identidad donde no había nada. Recuerda el bar de Hostalric colapsado ante un 'ejército' de 180 personas que llegaron sin avisar.
Casas reivindica ese fútbol "más allá del balón y el césped" y apunta que iniciativas como esta beben de la cercanía del fútbol "amateur, humilde, de barrio o de pueblo" y sobre todo del hartazgo del fútbol de élite, tan extraterrestre e inaccesible. Hace un año oía el ruido que venía del centro del pueblo mientras calentaba. De repente 220 "locos" asaltaron un campo que no suele pasar de las 70 personas. "Ese día vino hasta mi madre, que no ha venido nunca a verme al fútbol", sonríe. El humo de las bengalas obligó a parar el partido unos instantes. "Estábamos en 'shock'. Estás ahí y no entiendes nada. Te dices: 'No puede ser. No puede ser. No, no, es que no me merezco esto'. Yo no había vivido nunca una cosa así. A veces aún miramos vídeos con el equipo. Las fotos serán para toda la vida. Fue un regalo", acentúa Casas.
Los aficionados, hinchas de un club que ignoraban la noche anterior, gritan y cantan durante los 90 minutos, abrazados a otros que no conocen. Casas no ha olvidado su canción, un cántico de Leo Messi adaptado: Si intentas compararlo en evidencia quedarás, se regatea a todo el mundo justo antes de marcar, Pau Casas, dios del fútbol, marca un gol. Marcó el 3-0. "A las 10 de la mañana ya había gente gritando mi nombre en Banyoles mientras yo trabajaba", explica el jugador.
"Piel de gallina"
Calls hizo el 1-0. "Cuando marqué miré a la grada y vi que la gente gritaba mi nombre se me puso la piel de gallina. Nunca tanta gente había celebrado un gol mío. Fue una experiencia única", enfatiza. "Sé que esto es muy de la tele, pero me salió hacer el típico gesto de levantar las manos para animar al público. Pero es que cuando lo hacía me hacían caso", asegura. La grada cantaba 'Joel Calls is on fire, your defense is terrified'. Alguien se había escrito su nombre y su número '21' en la camiseta con un rotulador. Dice que guardará siempre esa camiseta: "Tengo una carpeta en la galería del móvil con las fotos de ese día. No las perderé nunca, en la vida". Está lesionado y este año ha vivido el Beers&Songs como hincha. Se enamoró de la iniciativa.
Dice Grabulosa: "Muchas veces equipos de Primera y Segunda RFEF nos han pedido que fuéramos cobrando y tal y siempre se ha dicho que no. Lo hacemos por la gente en la que creemos nosotros: por los equipos de las categorías bajas, de pueblo, por el maestro, el camarero y la gente normal que el sábado va con sus amigos a jugar al fútbol. Ser una afición de alquiler no tendría ningún sentido".
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