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El Barça regresa a casa

Los restauradores, tras dos años y medio sin Camp Nou: "No les importamos al club. Somos la morralla"

Las obras de remodelación del feudo azulgrana han forzado el cierre de algunos establecimientos de la zona, pero los que sobreviven sufren más la incertidumbre que la ausencia de los aficionados.

Restaurante El Cargolet, en la calle Riera Blanca, junto al Camp Nou.

Restaurante El Cargolet, en la calle Riera Blanca, junto al Camp Nou. / Sandra Román

Giacomo Leoni Amat

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Este sábado el FC Barcelona se enfrenta al Athletic Club de Bilbao a las 16.15 h y con él vuelve a disputar un partido en el Spotify Camp Nou después de dos años de interrupción por las obras y un año de retraso respecto a la fecha prometida por el presidente Joan Laporta. La entidad azulgrana celebra el regreso a la que ha sido su casa desde 1957 en el marco de la recuperación económica y deportiva de las últimas temporadas con la esperanza de revertir la situación de crisis que surgió a partir de la mala gestión y el confinamiento. La mudanza al Estadio Lluís Companys ha supuesto un varapalo para aficionados, forzados a subir la montaña de Montjuic para animar a su equipo; para el club, obligado a hacer frente a la reducción de ingresos; y también para los establecimientos y comercios de la zona que rodea al Camp Nou, indefensos ante la marcha de turistas que llenaban bares y compraban souvenirs en los días de partido.

A pesar de que algunos de ellos aseguren que "no viven del Barça", otros se han visto obligados a cerrar ante la disminución de clientes. Uno de los establecimientos que ha logrado mantenerse a lo largo de estos dos años es El Cargolet Picant, restaurante situado en la calle de la Riera Blanca, donde aseguran que no han sufrido excesivamente las consecuencias del traslado del Barça a Montjuic: “También ayuda que había baloncesto, balonmano, hockey, fútbol sala y hemos aguantado básicamente con eso”, apunta un trabajador del restaurante. Las reducciones en plantilla han sido inevitables para todos, y es que en El Cargolet han visto sus ganancias reducirse hasta "menos de la mitad", y aunque "ahora en invierno dos trabajadores sean suficientes, en verano se trabaja más en la terraza, e igual serán tres personas más.”

Incertidumbre incesante

Sin embargo, la incertidumbre que ha generado el ansiado regreso ha sido lo que más ha preocupado a algunos de los bares que ya se preparaban para recibir una nueva ola de clientes cada dos fines de semana. En el bar y cervecería El Rellotge, un trabajador incluso no termina de fiarse de que este fin de semana sea el definitivo. "Ahora ya estamos en el punto de pensar que acaben el campo cuando les dé la gana. Ya nos hemos hartado de ver fechas: el 15 de agosto, 12 de septiembre, después octubre, después noviembre, y yo ahora hasta que el sábado no abra y el árbitro pite el inicio, tampoco me lo creo." Tampoco les extraña que el Barça no se haya interesado por ellos, y admiten que "tampoco les incumbe y bastante faena tienen ellos con sus bares y restaurantes ahí dentro del campo. Nosotros somos la morralla alrededor del campo, como aquellos pececillos que comen los tiburones".

Bar El Rellotge, junto al Camp Nou.

Bar El Rellotge, junto al Camp Nou. / Sandra Román

El Barça ha anunciado que los precios de las entradas oscilan entre 199 y 1.500 euros, conscientes de la alta demanda que supone el regreso al Camp Nou, lo que ha generado descontento entre la afición, pero también en los mismos locales de los aledaños: "Me parece una barbaridad. Entiendo que el aforo es reducido, y hay que recuperar un poco la inversión, pero si les da igual el aficionado, ¿qué le vamos a importar nosotros?", señala un trabajador del establecimiento El Rellotge, donde calculan que la facturación normal de un día crezca cuatro, cinco, seis veces más cuando haya partido.

"Somos locales de venir a tomar algo tranquilo, y los días del Barça esto se vuelve un festival, de vaso de plástico, cerveza, bocadillos y a tirar. Sin perder la calidad y el trato, pero por la masividad, es como si hablamos de un festival. Esto aquí en los días normales es una obra de teatro, donde la gente se sienta, está tranquila. Cuando empieza el Barça es un festival." Así describe un trabajador del bar El Rellotge la diferencia entre un día cualquiera de trabajo con un día de partido, algo que llevan más de dos años sin vivir y que poco a poco se irá recuperando a medida que el Camp Nou vaya abriendo los diferentes sectores de las graderías que todavía no cuentan con el permiso del Ayuntamiento, pero que se espera que pueda superar los 60.000 asientos para finales de año con la ocupación del Gol Nord.

Joan Català, propietario del bar La Pepa, junto al Camp Nou.

Joan Català, propietario del bar La Pepa, junto al Camp Nou. / Sandra Román

Joan Català es propietario de La Pepa, otro local de tapas de la zona, y confirma que "se notó mucho un declive de los ingresos los días de partido, y todos hemos tenido que rompernos más la cabeza para conseguir explotar al máximo nuestra actividad de todos los días", pero que han podido aguantar gracias a su clientela habitual y un buen plan de tesorería: "Si abren o no abren, me da igual. Aquí estamos muy contentos con la gente que tenemos. En esta zona te puedes ganar la vida igual sin tener que depender del turismo, del partido de Barça o de cualquier elemento externo. El superávit en tiempos de Barça era muy superior al de ahora, pero aun así nos sigue llegando para pagar a fin de mes. Y hablo por mí y por la mayoría de los comerciantes de la zona."

Tienda de merchandising Xocotó, junto al Camp Nou.

Tienda de merchandising Xocotó, junto al Camp Nou. / Sandra Román

El caso de las tiendas de merchandising es parecida a la de los bares y restaurantes. Un trabajador de Xocotó ha confirmado que tuvieron que cambiar los productos porque no vendían nada del Barça, y que tampoco podían planificar la mercancía con antelación ante la incertidumbre de la fecha de regreso del club azulgrana al nuevo Camp Nou: "Nosotros ya estábamos preparados para agosto, pero cada vez se retrasaba más, y ahora esperábamos hasta febrero porque ya lo habíamos dado por perdido". Este comercio en concreto ha tenido que recortar media plantilla entre las secuelas del confinamiento y las obras del Camp Nou, así como otros establecimientos de la zona más próxima al estadio, pero ahora que el Barça finalmente regresa a su casa, su retraso de un año genera más indiferencia que ilusión en los comerciantes.