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EL GANADOR Nº1 Y EL GANADOR Nº 62

"Nosotros corríamos sorteando farolas, ellos compiten en circuitos de lujo"

Salvador Cañellas tiene 80 años y, no solo fue el primer español que ganó un GP del Mundial (Montjuïc, 1968, Bultaco, 125cc), sino que es 'el ganador' por excelencia del 'motorsport' español. Adrián 'Pitito' Fernández, de 21 años, se convirtió, el domingo (Cheste, Honda, Moto3) en el piloto español nº 62 en ganar un GP mundialista.

Andrián 'Pitito' Fernández y Salvador Cañellas.

Andrián 'Pitito' Fernández y Salvador Cañellas. / TRACKHOUSE / MOTOGP.COM DIEGO SPERANI

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

PALMA
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“Alguien tenía que ser el primero”, dice Salvador Cañellas para seguir expresando su orgullo y satisfacción por haberse convertido, el 5 de mayo de 1968, en el primer español que ganaba un gran premio del Mundial. Y fue, cómo no, en el circuito urbano de Montjuïc, a lomos de una Bultaco de 125cc.

Cañellas, que se pasaría rápidamente a los coches por temor de hacerse daño con las motos, ha ganado con todos los vehículos que han puesto en sus manos, incluso llegó a hacer subidas en cuesta y pruebas en circuitos con un ¡Gogomóvil trucado, si entra en Google, se llevará una sorpresa. Cañellas ganó en motos, en resistencia, en coches, en camión, en rallys, en raids, en el Dakar…es, pues, sin duda, una de las grandes referencias del ‘motorsport’ español y mundial.

Y si Cañellas fue el primer español, el nº 1, en conseguir ganar una prueba del Mundial, Adrián Fernández, hermano pequeño de Raúl Fernández, otro prodigio y ganador con Aprilia este año de un GP de MotoGP, se convirtió, el pasado domingo, en Cheste (Valencia) en el español nº 62 que consigue ganar un GP mundialista. “No todo es llegar y ganar, todo cuesta mucho y más en el Mundial”, explica ‘Pitito’, pues todo el mundo le llama así en el ‘paddock’, que ha tardado, en efecto, cinco años en coronarse.

Entre Cañellas, de 80 años, y ‘Pitito’, de 21 años, han pasado 57 años de triunfos y, a menudo, de dominio español, como ocurre en estos momentos. “España ha sido siempre, siempre, un país muy deportivo y, también, un país donde las motos han estado siempre presentes, con una afición tremenda y, desde hace ya muchos años, con una cantera, escuelas de pilotaje y diversos circuitos permanentes que nos facilitan mucho las cosas. Pero tienes que valer, de lo contrario, no duras ni un minuto en el Mundial”, señala Adrián.

Salvador Cañellas, de 80 años, recuerda ahora con orgullo sus primeros años en moto, pero reconoce que era peligrosísimo correr en las condiciones que corrían ellos en circuitos urbanos con apenas seguridad. "Por eso me pasé enseguida a los coches", señala el campeonísimo catalán.

“Es evidente”, explica Cañellas, encantado de ser consultado y recordado, “que casi, casi, se tratan de dos deportes distintos, con ello quiero decir que cuando corríamos nosotros, no solo yo, todo era tremendamente precario. Por no haber no había un solo circuito permanente, pues Calafat se inauguró seis años después de que ganase en Montjuïc. Y, la verdad, me pasé enseguida a los coches porque estaba cansado de sortear farolas, rotondas y bordillos de acera”.

Para Cañellas, las diferencias entre aquel motociclismo y el actual son muchas e importantes, por descontado, siempre a favor del actual motociclismo y, por supuesto, elogiando la capacidad de los actuales pilotos españoles para marcar el ritmo del Mundial. “Para empezar, como en todo, ahora los chavales empiezan a correr muy, muy, jóvenes, bueno, siendo unos niños, cosas que no ocurría antes. Ahora, no solo tienen canteras, escuelas, patrocinadores, representantes, entrenadores, coachs, médicos, dietistas, fisios, qué se yo, de todo, sino que tienen un montón de circuitos permanentes para entrenarse y competir. Eso es vital”.

Salvador Cañellas posa con la Bultaco 125cc con la que ganó el GP de Montjuïc, en 1968.

Salvador Cañellas posa con la Bultaco 125cc con la que ganó el GP de Montjuïc, en 1968. / EL PERIÓDICO

Cañellas recuerda que él se pasó enseguida a los coches porque estaba harto de correr peligro y hacerse daño en cualquier pueblo de España. “Nosotros corríamos en circuitos urbanos. Nosotros sorteábamos rotondas, farolas, bordillos, adoquines y toda nuestra protección eran 20 balas de paja. Y estos chavales se entrena y corren en circuitos de lujo, del siglo XXI. De verdad, no tiene nada que ver”.

El primer ganador español en el Mundial también relata que “en aquellos años, las motos nos las hacíamos nosotros, cogíamos una de calle y la trucábamos, la modificábamos para correr; ahora, bueno, ahora todas las fábricas y preparadores hacen motos de carreras, de todos los tamaños, edades y cilindradas. Repito, nada que ver. Y, por descontado, ahora se puede entrenar en circuitos. Yo, para saber si mi moto corría o no, me tenía que ir, casi de noche, de forma clandestina, al Montseny o a la Rabassada y ponerla a tope, sorteando coches y camiones. La verdad, con la mirada de ahora, era una locura. Sí, una locura”.

Adrián Fernández, a quien todos llaman 'Pitito', de 21 años, no cesa de agradecerle a su hermano Raúl todo lo que ha hecho por él. Su relación y devoción es la misma, idéntica, que siente Àlex Márquez por su hermano Marc. "El apellido te ayuda", reconoce 'Pitito', "pero aquí, si no vales, si no le das al gas, no duras, pues los jóvenes empujan muchísimo".

Eso sí, este campeonísimo catalán de todos los tiempos cree que hay cosas que, lógicamente, no han cambiado. “Debes ser consciente del deporte que practicas, es decir, del riesgo que corres. Debes conocer a la perfección tu moto y saber cómo se comporta en cada momento. La técnica se puede adquirir, por supuesto, pero es importantísimo conocer tu límite y el de tu moto y no sobrepasarlo nunca. La cabeza, en la moto, también es muy, muy, importante”.

Cuando le hablas de estas cosas, de estos consejos y, sobre todo, de cómo era el motociclismo de antes, ‘Pitito’, cuyo apodo le viene de que Juan Carlos, su padre, le llamaba continuamente “¡Pitito! ¡Pitito!” y él le respondía enfadado “¡Pitito, tú!”, te mira un poco extrañado y reconoce, en efecto, que “los tiempos cambian para todos, para todo y espero que para bien”.

Adrián, por ejemplo, reconoce que, además de todo lo que ha señalado Cañellas, él, como ha comentado mil veces Àlex Márquez, cree que “el apellido te puede ayudar en un primer momento, facilitándote, tal vez, la primera oportunidad pero aquí, amigo, si no vales, si no retuerces la muñeca, si no le das al gas, duras muy poco, pues hay mucha gente empujando”.

Adriá, Araceli, Juan Carlos y Raúl Fernández, la familia al completo celebrando el triunfo de 'Pitito'.

Adriá, Araceli, Juan Carlos y Raúl Fernández, la familia al completo celebrando el triunfo de 'Pitito'. / TRACKHOUSE TEAM

‘Pitito’ asegura que la victoria del domingo en Cheste “en un día hermosísimo, pues regresábamos después de la dana y todos queríamos hacerlo muy bien”, le permitirá dar un paso adelante en el Mundial y en su vida, “pues me he quitado un peso de encima, ya que la primera victoria tardaba en llegar y, cuando llega, seguro que se produce un clic”. Ni que decir tiene que, aunque está en un gran equipo, el Leopard, con una gran moto, la Honda, “pensar en el título, el próximo año, es otra cosa, pues hay niños como Máximo Quiles o Álvaro Carpe, que vienen empujando muy duro”.

‘Pitito’, desde luego, como antes hizo el ‘Pistolas’ con referencia a su hermano Marc, le agradece a Raúl, “de forma infinita”, todo lo que le ha ayudado hasta conseguir su primera victoria mundialista. Eso sí, el domingo, cuando se despertó en Cheste, ni siquiera le pidió consejo, tal vez porque llevaban años hablando de esa oportunidad. “El domingo me desperté, lo juro, con la idea de que era mi día. Estaba tan seguro, que no le pedí consejo alguno a Raúl. Quería ser yo, hacerlo yo a mi manera y que él lo disfrutase como yo. Y así fue. Salió redondo”.

Nadie, o sí, Marc Márquez, puede imaginarse el placer, el orgullo, la felicidad, el cosquilleo que sintió Raúl al ver ganar a ‘Pitito’. “Raúl no le pierde ojo a Adrián y, sí, en eso creo que es idéntica a Marc con Àlex. Y tiene sentido ¿no?, no solo son hermanos, sino que son los hermanos mayores y, encima, los ‘peques’ practican el mismo deporte y su consejo no es igual que el consejo de otro cualquier, por más que el que se lo da sepa mucho de motos·, cuenta Araceli González, la mamá de los Fernández.

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