Carrascazos
Operación Miami, por Lluís Carrasco
Si Laporta es pillo, solo tiene que coger un avión, plantarse en Miami y llamar a la puerta de la familia Messi y pedir perdón.

Leo Messi rompe a llorar el día que Joan Laporta anunció que no pensaba renovarle. / EL PERIÓDICO

Qué sencillo y qué complicado es todo... Ya lo ven: después de descubrir unos y otros que la herida de la marcha de Leo Messi no está para nada curada, y tras comprobar lo mucho que nos gustó e ilusionó que el argentino consiguiera saltarse el orden establecido para fundirse con el Camp Nou en una foto memorable, si Laporta es pillo, solo tiene que coger un avión, plantarse en Miami y llamar a la puerta de la familia Messi y pedir perdón. Tal cual. Perdón por lo que sea (que eso hoy ya es intranscendente) pero perdón. Y lo mejor de todo, es que, sea de quien sea la culpa y fuera cual fuere la reacción del astro de Rosario, la patata caliente pasaría definitivamente al bolsillo de Leo, y Laporta habría ejercido de barcelonista cabal y responsable, humilde y generoso para limpiar, no solo su imagen, sino el presente del club. Y ya está. Elecciones ganadas. Y gracias por venir.
Porque, no nos engañemos, en el barcelonismo siempre hemos tenido una fe ciega en los gestos épicos. Da igual la economía y que el club esté haciendo yoga financiero para no romperse los ligamentos. Si Laporta se planta en Miami, sonríe, levanta el índice y aprieta el timbre de casa Messi… Que impriman ya sus papeletas electorales con confeti incorporado.
Un post-it: "Messi"
Y a partir de ahí, todo rodado. Las promesas electorales podrían reducirse a un post-it: "Messi". ¿Plan deportivo? Messi. ¿Plan económico? Messi. ¿Plan de ingresos? Messi. Messi generando paz espiritual, Messi como solución universal tipo bálsamo de tigre. Total, con un par de fotos en ese portal, Laporta ni necesitaría programa electoral y mucho menos una campaña perfecta con lona incluida. Le bastaría con una lágrima y un eslogan: "Pel Barça, tot".
Y la oposición quedaría intentando hablar de modelos de club, de sostenibilidad, de futuro, mientras el socio solo preguntaría lo esencial al candidato opositor: "¿Tú también fuiste a Argentina?".
Porque sí, señores: Laporta ganaría las elecciones. Y Messi, sin quererlo, otra vez salvaría al Barça… y esta vez desde Florida, en chanclas, y probablemente sin enterarse del todo.
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