Barraca y tangana
Cuando deja de ser espontáneo, por Enrique Ballester
A veces, como espectador semidespistado, tengo la sensación de asistir a una simulación. Un gran teatrillo ensayado.

Dos aficionados del Arsenal en las gradas de Old Trafford. / ADAM VAUGHAN / EFE

Las derrotas son el motor del hincha sobreactuado. Siempre ha existido el hincha sobreactuado, y quizá sea hasta necesario, pero me atrevo a decir que es una especie creciente dentro y fuera de los estadios. El nuevo hincha sobreactuado utiliza la tecnología, pero recurre a los clásicos. Uno de mis favoritos asoma tras las derrotas a domicilio. ¡Que vuelvan andando!, exclama el hincha sobreactuado. ¡Que vuelvan a nado!, matiza, si hay por ahí algún charco.
En los últimos tiempos, se ha instalado en muchos equipos un curioso ritual que es perfecto para el hincha sobreactuado. Cuando pierden un partido, los jugadores se acercan a la grada para ser juzgados. Una vez allí, aguantan el chaparrón con cara de circunstancias. Pasado un rato, supongo, llega un momento que unos y otros dicen ‘bueno, ya está, ya nos podemos ir, hemos terminado’. Unos han cumplido y otros se han desahogado. Pasamos página y a otra cosa, hasta la próxima. No sé si existe un protocolo claro.
Ocurre lo mismo, o parecido, cuando se celebran las victorias, también a menudo (y más a estas alturas de la temporada) debidamente sobreactuadas. El guion del fútbol determina en 2025 el reparto de funciones, como si cada uno formáramos parte de una ceremonia orquestada. Hoy sucede con casi todo, desde que nos tienen que recordar que felicitemos los cumpleaños o el día de los enamorados. Cuando deja de ser espontáneo, deja de significar algo.
Escenografía hueca
A veces, como espectador semidespistado, tengo la sensación de asistir a una simulación. Un gran teatrillo colectivo ensayado y grabado. Las cartas de despedida de los futbolistas, las celebraciones planeadas a cámara, las limitaciones para animar más allá de un sector determinado... Una escenografía hueca que, si lo piensas, sirve para alimentar enfados y señalar al que pasa de lo pomposo y prefabricado. Por qué tal jugador no se ha despedido con una sentida carta que otro le ha preparado, si todos lo hacen, por qué no se señala el escudo, por qué no me pide perdón por haber fallado. Por qué simplemente hace su trabajo lo mejor que puede. Es indignante que simplemente haga su trabajo.
Es mejor no salirse del cuadro.
El tema de fondo, o uno de ellos en cuanto al hincha sobreactuado, es nuestra dificultad para desligar lo esencial del resultado inmediato. De alguna manera, deberíamos aprender a convivir con el resultado y sé que esto me convierte oficialmente en un viejazo. Odio decir a los demás lo que deben hacer, pero de veras creo que tenemos la obligación, como hinchas, de mirar más allá del resultado.
En mi club, por ejemplo, como los resultados eran buenos, nadie o casi nadie reparó en que nos estaban robando y eso trajo consecuencias que décadas después seguimos pagando. A veces temo que suceda a la inversa: que tengamos proyecto, inversión, profesionalidad y trabajo y no veamos más allá de la última jornada. Que no entendamos que enfrente están los rivales, que también se esfuerzan, que la derrota es una posibilidad y que la ventaja está en el largo plazo, siempre y cuando no quememos todo en el mientras tanto, mezquinos, y en exceso sobreactuados.
No creo que ganen el próximo partido si vuelven a nado.
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