Opinión | Apunte
Obviedades, vanidades

Marcus Rashford, durante el partido del Barça en Brujas. / Afp
Este miércoles de Champions, en Brujas, los dioses del fútbol trazaron un cruel guión para el Barça. El equipo venía de ganar al Elche en un partido con más dudas que certezas y Flick confiaba en la misma alineación. Las bajas no le daban alternativa. La falta de coordinación defensiva provocó que el primer gol del Brujas llegara en el minuto seis, y de nuevo dudamos de la defensa adelantada, pero el Barça igualó enseguida y lo olvidamos. Las cosas se ponían en su sitio y Fermín avisaba con un balón al palo, cuando un contragolpe hizo adelantar a los belgas. 2-1 y a remar. Entonces un nuevo palo de Lamine y otro de Eric García debió de ablandar a los dioses, y pronto el 10 del Barça se inventó una jugada fabulosa para empatar. Sin embargo el sadismo no arreciaba y la alegría sólo duró dos minutos, hasta que el Brujas marcó un nuevo gol de contragolpe. Al final el Barça recibió el regalo del 3-3, aunque los dioses siguieron jugando con el equipo como un ratón en las garras de un gato: el VAR les salvó de un penalti y una pifia de Szczesny. Final. El gol de Lamine merecía ser el emblema de una victoria, pero el empate ya no parecía tan malo.
Estos partidos locos cuestan de digerir, provocan acidez, y para combatirla uno empieza un monólogo en directo, destinado a buscar culpables. ¿Szczesny, a dónde ibas en el segundo gol? ¿Koundé?, ¡Koundé! Araújo, ¡no la rifes! De Jong y Casadó, ¿y si arriesgáramos algún pase vertical? ¡Ay, Rashford, que no sabes lo que significa presionar! Al día siguiente, con mayor perspectiva, te das cuenta de que la suma de estos gritos individuales se resume en dos aspectos colectivos. Por un lado está la obviedad: los movimientos previsibles de un equipo que sin Pedri no inventa, defensivamente titubea y no presiona lo suficiente en ataque. Por otro lado la vanidad, la competencia que hace que todo el mundo quiera su gol, y aquí Rashford encarna muy bien estas dudas: reivindicarse individualmente, por encima del equipo. La temporada es larga, pero si pudiera pedir a los dioses un intercambio de cromos para volver al tono del año pasado, diría: os doy a Rashford y me dais a Raphinha, pero ya.
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