EL MALECÓN
De Mbappé a Lamine, por José Sámano

Lamine Yamal / Dennis Agyeman / AFP7 / Europa Press

Un repentino cambio de agujas ha provocado que en el año de Mbappé los tronos apunten a Lamine. Del Real Madrid de las sonoras remontadas a un Barça que no se va a la lona ni a tiros. Ni tras un azote terminal en Milán y una apertura fatídica en el clásico, con un 0-2 al primer pestañeo. Ni así espabiló un Madrid descosido todo el curso. Si llegó a la orilla en Copa y Liga, y a cuartos en Europa, fue en manos de Courtois y enganchado a los goles de Mbappé.
Del portero al delantero más bien fue la nadería, un equipo destartalado, sin un patrón claro de juego, con una defensa en tanga y sin arquitectura en el campo base, pero con la convicción de que era suficiente con el órdago de sus ilustres atacantes. En los despachos nadie se alteró ante una defensa remendada por los infortunios de Carvajal, Militao y Alaba. En el palco un mensaje: con el nuclear Mbappé basta. Y máxime junto al proclamado de forma interina Balón de Oro, porque si Vinicius no pisó la alfombra roja fue por una conspiración universal. Y de no alcanzar con el francés y el brasileño ahí estaría RMTV para denunciar una conchabanza arbitral, una súbita confabulación de los mismos jueces con los que apenas una temporada antes la Liga fue blanca. Eso sí, desde la institución corregirán. Se dirá que el Madrid es tan grande que aquella Liga fue triunfal pese a tanto sabotaje. De no colar lo de la maquinación postNegreira, siempre quedaría una carga contra Carlo Ancelotti, al parecer desfasado diez meses después de levantar una Liga y una Copa de Europa. ¿Cómo meter en cintura a Vinicius si desde la alta nomenclatura se le consagró de tal forma que hasta el club le hizo un feo institucional a la FIFA, France Football y un pelotón de periodistas de todo el planeta?
Resulta paradójico que al Real Madrid le haya faltado tonelaje cuando la idea del club era envidar por futbolistas con aire de boinas verdes, jabatos como Camavinga, Valverde, Tchouameni… ¿Para qué enmendar la jubilación de Kroos?
En Montjuïc, un Madrid enchironado por un Barça recreativo y con una fe inquebrantable. El Barça de Lamine frente a un Real con Vinicius traspapelado. El Barça del pujante y pujante Raphinha frente a un Real con Rodrygo amilanado en el banquillo. El Barça a destajo con Pedri y De Jong, futbolistas de apariencia frágil para el quite y el cuerpo a cuerpo, frente a los atómicos Bellingham, Valverde y compañía. Un Madrid sin laterales, se dice. Bien o mal, Lucas Vázquez y Fran García han ocupado ese puesto en la élite infinitamente más veces que Eric García y Gerard Martín. Sin Koundé y Balde, a Hansi Flick también le toco improvisar.
Si el Real llegó al 4-3 fue porque este Barça es un destape permanente. Le cuesta blindarse porque su manera de cubrirse las espaldas es mirar al frente. Un propósito irrenunciable con el que ha renacido tras la mustia temporada anterior y pese a las penurias económicas.
El fútbol es puñetero y retorcido, pero, en principio, el cuadro azulgrana se asoma al futuro desde un presente halagüeño. En el Madrid, donde basta con perder un año para provocar una catarsis, ya se vislumbra la purga, con Xabi Alonso al fondo. Le corresponderá a Florentino Pérez mover fichas en el mercado si las cuentas están cuadradas después de la reforma del Bernabéu y los problemas de insonorización. La contabilidad de Joan Laporta no está cuadrada, pero un doblete a tiro siempre es un gran botín a la hora de mover palancas. Y no digamos con el póster de Lamine por bandera, con el que no ha podido ni siquiera Mbappé.
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