COPA DEL REY | BARÇA 4 - 4 ATLÉTICO
Un Barça excepcional, un Atlético inquebrantable y un 'déjà vu' de Sorloth para un partidazo que "ojalá jugáramos todos los días"
El noruego, que ha marcado en el descuento en sus tres últimas visitas a Montjuic, selló una oda al fútbol en la que blaugranas y rojiblancos se golpearon sin piedad y acabaron dejándolo todo abierto para la vuelta en el Metropolitano

Alexander Sörloth (2-d) celebra tras marcar en el partido de ida de las semifinales de la Copa del Rey. / Alejandro García / EFE
Todo fue distinto, pero acabó igual que hace un par de meses. Con el gigantón Alexander Sorloth alzando los brazos tras volver a marcar en Montjuic en el descuento de una contienda colosal en la que Barça y Atlético de Madrid, cada uno a su manera, se golpearon sin piedad y se llevaron al límite para firmar un partido al que el apelativo "del año" seguramente se le quede corto. Una oda al fútbol en la que pasó mucho, casi todo espectacular, y la consecuencia fue, paradójicamente, que acabó valiendo nada, al menos en lo que al resultado se refiere.
Jugó, y muy bien, el Barça, que además esta vez fue contundente en el área rival. Resistió, y tanto que lo hizo, el Atlético, que volvió a sacar oro, ahora en forma de empate que de por sí sabe como una victoria. Tras 90 minutos para el recuerdo, y esta vez no fue un simple decir, todo volará igual que empezó hacia la vuelta en el Metropolitano dentro de un mes. Sí o sí, habrá un segundo capítulo electrizante, al que se llegará tras una de esas noches en las que se puede decir eso de que se vivieron varios partidos (partidazos) dentro del mismo. Porque Montjuic, esa montaña que en este caso además de mágica también fue rusa, alumbró uno de los choques más frenéticos e indescifrables de los últimos tiempos.
Primero, tras unos 20 primeros minutos de frenopático en los que ambos equipos se olvidaron que esto iba de jugar una eliminatoria de 180 minutos para ir a tumba abierta a por un duelo que más que una ida de una semifinal parecía la recta final, valga la redundancia, de una final. Ahí brilló Julián, ejerciendo ya de lo que es, el líder de un equipo que vive y sobrevive al son que marca Simeone y que traslada al campo como pocos su nueva estrella, una solución en sí misma que en un abrir y cerrar de ojos ya había marcado un gol y regalado otro, en este caso a Griezmann.
Del arreon inicial del Atlético al vendaval del Barça
Pedía Simeone "contundencia" en la previa para competir con "el equipo que mejor juega de todos", y la encontró a bocados. Seis minutos y dos goles a favor, ni en sus mejores sueños. Esos que, de pronto, se tornaron en pesadilla transitoria, de esas que acaban con final feliz. "Con el 0-2 dije: 'no te pongas tan contento porque esto no va a ser tan fácil", reconoció al final del choque el argentino. Y vaya si no lo fue, al menos en lo que a sus intereses se refiere.
Porque enfrente tenía, para empezar, a un prestidigitador como Lamine Yamal, al que con 17 años no le tiembla el pulso ante nada ni nadie y que apenas 13 minutos después del segundo tanto rojiblanco descifró el cerrojo que había empezado a construir el Atlético con un pase al espacio para encontrar la llegada de un Koundé que se la regaló a Pedri para que remachara a placer, dando paso al aluvión del Barça.
Ese que tradujeron en remontada (momentánea) los azulgranas haciendo uso de una faceta en la que, a priori, no se les esperaría. Tras dos saques de esquina rematados por Cubarsí, inmediatamente después del gol de Pedri, e Iñigo, al filo del descanso, los de Flick recuperaron la iniciativa. "Que nos metan dos goles a balón parado molesta. Lo podemos mejorar", concedió Simeone al finalizar el choque para, a su vez, congratularse por el mentón de hierro que mostraron los suyos.
"Destacaría más, le doy más valor, al hecho de salir de la situación incómoda en la que estábamos. A pesar de que ellos juegan muy bien, atacan por todos lados, nunca nos fuimos del partido", enfatizó el argentino sobre su equipo, que otra vez supo aguantar los golpes de un Barça por momentos excepcional. Y de nuevo neutralizó todo lo que construyó su rival con un arreón final que ya es marca de la casa, a la vista de que los rojiblancos ya suman 13 tantos en el descuento en lo que va de temporada.
La racha de Sorloth frente al Barça
Ni el cuarto de Lewandowski, que había salido desde el banquillo, tumbó al Atlético, que tras el gol de Llorente en el 84 aplicó la misma receta del pasado diciembre para firmar las tablas. De nuevo, desajuste defensivo azulgrana cuando no tocaba, y de nuevo Sorloth, confirmado ya como bestia negra de un Barça al que le ha marcado un gol en cada uno de los últimos cinco partidos que ha jugado en su contra, para golpear más allá del 90 en Montjuic. Para más inri, en el mismo área, como ya hizo en Liga, para ganar sobre la bocina, y como también hizo el año pasado, cuando jugaba para el Villarreal y consiguió lo mismo.
Nota y mucho el Atlético el cambio que ha supuesto pasar en solo unos meses de una delantera formada por Morata y Memphis Depay a otra con Julián y con Sorloth, reconvertido a revulsivo de lujo en un rol, el de agitador de últimos minutos, en el que ha encajado como un guante. Y lo sufren, sin encontrar de momento la manera de frenarlo, los rivales, que saben que la artillería del Atlético no acaba en el once inicial y convierte a los rojiblancos en el equipo de Europa que mejor acaba los partidos.
Y si no que se lo digan a un Barça que vivió una especie de 'dejá vu' de lo de hace dos meses. "Creo que los dos partidos contra el Atlético hemos hecho dos grandes partidos, pero cuando nos ponemos por delante hay que tener más calma. Ya nos pasó en Liga y volvemos a repetirlo. Hay que cuidar esas cosas, tenemos que aprender a tener la pelota y no tirar la línea tan arriba en los minutos finales del partido", aseguró un contrariado Pedri, que encontró la rúbrica en su propio entrenador.
"El equipo es joven y todavía hay margen de mejora. En los últimos minutos hemos concedido demasiadas oportunidades, y ellos son un equipo muy fuerte. Tendremos que hablarlo y espero que el equipo pueda corregir los errores de hoy", reflexionó Hansi Flick en un tono conciliador, enfatizando en todo lo bueno que, otra vez, había hecho su equipo. Aunque, otra vez, no le sirviera para ganar.
No era, aún así, para menos. Con sus virtudes, muchas, y con sus defectos, que también los tienen, tanto Barça como Atlético firmaron una noche para el recuerdo. Y más allá del resultado, eso es lo que quedará. "Fue hermoso. Quién no sueña con jugar estos partidos. Ojalá los jugáramos todos los días", resumió con pocas palabras pero certeras José María Giménez, central del Atlético. Y todos los días quizás no, pero al menos otra vez esta temporada seguro que sí. Eso será el próximo 2 de abril, en una vuelta en la que, vistos los precedentes, no se espera otra cosa que no sea otro monumento al fútbol.
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