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Opinión | Carrascazos

El mayordomo, por Lluís Carrasco

Fermín celebra su segundo gol al Valencia, el 5-0 que llegó en el tiempo añadido de la primera mitad en Montjuïc.

Fermín celebra su segundo gol al Valencia, el 5-0 que llegó en el tiempo añadido de la primera mitad en Montjuïc. / Jordi Cotrina

El FC Barcelona cuenta con un jugador que, él solito, corta tanto o más que Gavi, distribuye tanto o más que Casadó, asiste como se esperaría de la mejor versión de De Jong y tiene mucha más llegada y gol que Pedri.

Un jugador completísimo, de tren bajo y gran fuerza motriz, una visión periférica poco frecuente y un nivel técnico que escasea en el futbol moderno. Sus goles del domingo fueron de una complejísima ejecución y los solventó con una sobradez insultante. El primero, maravilloso, creándose el espacio en la medular, con un control casi de espaldas, durmiendo la bola en el pie, y con el cuerpo en pleno salto para empujarlo desde el borde del área y con el interior, hacia la escuadra. Y el segundo, tras un durísimo chut de Raphinha que repele el larguero, desde 20 metros y sin dejarla caer, conectando con el empeine de manera feroz al fondo de la red: una locura.

Ese es Fermín. Un jugador con un marketing personal que, como él mismo, pasa casi desapercibido, pero con un potencial infinito que invita a pensar en mayúsculo por lo que llega a pasar cuando él está sobre el verde. Fermín tiene nombre de mayordomo, pero no se equivoquen ustedes, “mayordomo”, que proviene del latín tardío 'Maior Domus' (el principal de la casa), es un término que pongo sobre la mesa en su sentido más elogioso y encomiástico. Tal vez el mayordomo no tenga los galones del amo de palacio, pero sin él, nada funciona. El mayordomo es el único que conoce los secretos de la casa, las alcobas más clandestinas y lujuriosas, las amantes más prohibidas y hasta los fantasmas que se esconden en todo colectivo. Al mayordomo nada se le escapa, y en realidad, y ante tanto embuste y postureo, es el único que sabe dónde se guardan las joyas de la señora.

Fermín es el mayordomo perfecto en el mejor de los sentidos, y en realidad, y de toda la casa, es el único que va a nacer, habitar y morir en la propiedad y por la propiedad, mientras, meticuloso, decide quién vive y quién muere. Y es que el mayordomo suele ser el asesino…