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EL TER STEGEN MÁS INSEGURO

La contracrónica del Mónaco-Barça: Y Michael Jordan conoce a Lamine

Lamine Yamal celebra el tanto del empate ante el Mónaco que marcó en la primera mitad.

Lamine Yamal celebra el tanto del empate ante el Mónaco que marcó en la primera mitad. / Afp / Miguel Medina

Marcos López

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Hasta dos jugadores tuvo que poner Adolf Hútter (Vandersson, un lateral derecho enviado a la zurda desde el inicio, y Caio Henrique) para frenar a Lamine Yamal, la única amenaza de un Barça que se desangró por detrás, con la imagen más insegura e inestable de Ter Stegen, que terminó contagiando, y para mal, al equipo.

Y eso que el meta alemán dejó, todo hay que decirlo, un par de paradas espectaculares, pero transmitió una extraña inseguridad coincidiendo con la primera derrota de la temporada para el Barça de Flick.

Lamine Yamal celebra el tanto del empate contra el Mónaco, anotado en la primera parte.

Lamine Yamal celebra el tanto del empate contra el Mónaco, anotado en la primera parte. / Reuters / Manon Cruz

Lamine y ese aire 'messiánico'

Andaba el Barça de Flick aturdido. Descosido. Confuso. No sabía lo que le pasaba, más allá de sus tradicionales problemas de no saber jugar con 10 futbolistas. Entonces, un soberbio pase de Marc Casadó burló la presión del Mónaco porque sobrevoló por encima de la línea defensiva. El destino de la pelota estaba pegado a la bota izquierda de Lamine Yamal, quien entonces trazó una jugada con un inevitable aire ‘messiánico’. Todos sabían que lo harían. Pero nadie pudo evitarlo. Y así fue.

Agarró el balón, unido por un invisible hilo a su delicada pierna izquierda, para ir esquivando la corpulenta figura de Vanderson antes de encontrar la rendija en la portería del meta Köhn. Un gol de la nada. En medio de la triste noche monegasca (roja de Eric, gol de Akliouche para retratar la desidia defensiva azulgrana) emergió el niño. Y se convirtió Lamine en el segundo goleador más joven de la Champions. Tiene 17 años y 68 días.

¿Quién es el primero? Ansu, con 17 años y 40 días. Ocurrió en diciembre de 2019 ante el Inter. Y en Mónaco, un 19 de septiembre de 2024, Lamine amansó la pelota con cuatro dulces toques antes de soltar un preciso y ajustado zurdazo. Ya con el 2-1 en el marcador, coincidiendo con los minutos finales, emergió Ansu para suplir a Balde. No jugaba un partido oficial desde el pasado 19 de mayo con el Brighton.

Allard Lindhout, el colegiado neerlandés, expulsa a Eric García a los 10 minutos de partido tras un mal pase de Ter Stegen.

Allard Lindhout, el colegiado neerlandés, expulsa a Eric García a los 10 minutos de partido tras un mal pase de Ter Stegen. / Reuters / Manon Cruz

Eric García, 10 minutos de mediocentro y roja

Era su estreno en la titularidad y jugando como mediocentro. Apenas había tocado seis veces la pelota cuando Ter Stegen, de manera imprudente, le entregó un problema a Eric García. Un problema que le envió directamente al vestuario tras ser presionado por el Mónaco con hasta dos jugadores, que provocaron el caos. El portero se equivocó, el central reconvertido en mediocentro se precipitó cuando quiso frenar a Minamimo ganándose la expulsión.

Era, en realidad, paternidad de Ter Stegen. Y a partir de ahí, el Barça se descosió de manera inesperada como si los viejos demonios –aquella expulsión de Araujo ante el Paris SG del curso pasado con Xavi- regresaran de nuevo.

Esa tarjeta roja, la más rápida en la historia de la Champions para un jugador azulgrana, condicionó a un equipo que entró en autodestrucción. A no ser, claro, de Lamine.

Michael Jordan, en el palco del estadio Luis II de Mónaco para ver el duelo contra el Barça.

Michael Jordan, en el palco del estadio Luis II de Mónaco para ver el duelo contra el Barça. / Ap / Laurent Cipriani

Cuando Michael vio al gran Lamine y al peor Barça

No eligió buen día Michael Jordan para ver al Barça de Flick. No era buen día porque fue el peor día, sobre todo el peor arranque de un partido. Peor aún que el de Mestalla. O incluso que el de Vallecas. Estaba la gran estrella de la NBA en el palco del estadio Luis II de la capital del principado, compartiendo confidencias con el presidente azulgrana Joan Laporta. Jordan asistió a esos minutos de descontrol que sacaron también una versión inédita del técnico alemán.

Enfadado como estaba Hansi. Con su equipo y, tal vez, consigo mismo porque su plan de partido no salió como él esperaba, condicionado todo por ese mal pase de Ter Stegen a Eric García, prólogo de la tarjeta roja para el mediocentro y y preámbulo, al mismo tiempo, de otra noche maravillosa de Lamine Yamal.

Maravillosa porque el niño estaba solo. Desamparado por un Barça en inferioridad. Y no solo numérica sino también de juego. No tenía su noche. Algo, sin embargo, que contrasta con la rutina de la excelencia que desprende este niño que cautivó a Michael Jordan. De elegido, ahora espectador de lujo, a elegido, niño que juega como si estuviera aún en Rocafonda, su barrio de siempre. Acabó exhausto y siendo sustituido por Flick.