A 350 kms/h.
Rossi vomita sobre Márquez al ver zarandeado su imperio

A 350 Km/h con Emilio Pérez de Rozas

Lo he contado varias veces, pero déjenme que vuelva a hacerlo. El 5 de junio de 2008, hace ya 16 años, Jaime Olivares, magnífico fotógrafo de Repsol en el Mundial, y yo, nos encontramos deambulando por el ‘paddock’ del Circuit de Catalunya a Marc Márquez, que, entonces, tenía 15 años, intentando averiguar dónde estaba el ‘hospitality’ de Valentino Rossi, entonces el monarca.
Marc llevaba en sus manos una cajita de Scalextric en cuyo interior había una réplica del Subaru Imprezza con el que el ‘Doctor’ había corrido el Rally de Australia. Scalextric comercializó aquel coche patrocinado por Monster, y Márquez, que entonces tenía como patrocinador a esa marca de juguetes, tenía el encargo de regalarle esa maqueta a Rossi.
Jaime y yo acompañamos a Marc a ver a Rossi, que recibió al niño (entonces solo se sospechaba que iba a ser un prodigio) con los brazos abiertos y le agradeció, enormemente, el regalo. “Así que tú eres el Marc Márquez ese que dicen que va a ser terrible, vaya, vaya”, le comentó Rossi, acariciándole el cogote con tacto paternal. 'Vale' despidió al pequeño Marc con un inmenso regalo: “Acabas de llegar al Mundial, pero que sepas que yo aquí mando mucho, así que, si necesitas algo, no dudes en decírmelo”.
Y Rossi ya no volvió
Aquel niño acabó forzando la retirada de Rossi, que se fue en Valencia-2021, después de pasarse 76 carreras sin ganar. El ‘Doctor’ ha creado un imperio a su alrededor, una historia impecable. Pese a que le regalaron un equipo de MotoGP, Rossi jamás ha agradecido a Dorna y al Mundial tal regalo, pues aparece a cuentagotas en el ‘paddock’. Bueno, más bien ni viene, pues se dedica a correr en coche. Quien le regaló la escudería, ya se ha arrepentido.
Ahora, cuando ve tambalearse su imperio de las dos ruedas, ha decidido vomitar, de nuevo, sobre Marc Márquez, y lo ha hecho desde el ‘podcast’ del expiloto Andrea Migno, uno de sus alumnos y discípulos. Es posible, muy posible, bueno, es seguro, que el ‘Doctor’ esté sufriendo en sus propias carnes que Márquez haya ganado, en solo unos meses, lo que él no pudo ganar en dos años a lomos de una Ducati, la fábrica italiana que pretendió alcanzar el cielo de la mano de Rossi y fracasó.

El día que Marc Márquez, con 15 años, conoció a Valentino Rossi. / EMILIO PÉREZ DE ROZAS
Sé que tanto Rossi como su séquito estaban absolutamente convencidos de que Marc Márquez no volvería a ser el de 2019, no volvería a ser competitivo, no volvería a ganar, no volvería a ser aspirante al título. Y lo sé porque más de uno de ellos ha cruzado apuestas con gente del 'paddock'. Es evidente que a Rossi también le ha dolido la capacidad, la tremenda fuerza de voluntad y determinación de Marc para refundarse, recuperarse, reinventarse y volver a ganar.
También es posible que, no ya este año, que aún es posible, sino en el futuro, de la mano de la mejor Ducati, Rossi vea peligrar esos nueve títulos y asista a la conquista de los cetros que harán que Marc tenga una vitrina más poblada que la suya. Rossi acudió la pasada semana a Misano, su ‘jardín’, porque quería disfrutar de cómo sus alumnos y amigos, ‘Pecco’ Bagnaia, Marco Bezzecchi y Franco Morbidelli derrotaban a MM93.
Decepción absoluta
Allí estaba, pegadito al guardarail de una de las curvas de Misano, esperando a que Bagnaia o cualquiera de sus chicos ganasen el Gran Premio de San Marino y vio, con sorpresa y estupefacción, cómo Márquez volaba sobre una pista cristalina, un auténtico espejo, y obligaba al ‘Doctor’ a guardarse, tal vez, para la semana que viene, semejante celebración.
El problema de Rossi no es que odie a Márquez. El problema de Rossi es que ve tambalearse su imperio y, si algo no podría soportar, es que Marc Márquez pueda conquistar el título mundial de MotoGP a lomos de una Ducati. Y si es la del año pasado, ya ni les cuento. Por eso vomita sobre el ocho veces campeón del mundo, porque teme que su historial, su trayectoria, acabe siendo más brillante que la suya.
Puede que Valentino haya olvidado aquella cita de junio del 2008. También Márquez, sí. Jaime y yo jamás la olvidaremos. Nunca.
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