LAS CLAVES TÁCTICAS

Así abatió España a Francia en tres flashes: La zurda ‘messiánica’ de Lamine Yamal

España se mete en la final de la Eurocopa con los goles de Lamine Yamal y Dani Olmo (2-1)

A Berlín con Lamine Yamal

Lamine Yamal celebra su golazo, que era el 1-1 de España ante Francia en Múnich, delante de los suplentes.

Lamine Yamal celebra su golazo, que era el 1-1 de España ante Francia en Múnich, delante de los suplentes. / Franck Fife / Afp

Marcos López

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Estaba el partido áspero porque un inesperado desajuste defensivo dejó desnuda a España cuando Jesús Navas midió mal su marcaje sobre Mbappé, al que descuidó dejándole espacio. Más del necesario. Lo mismo que ocurrió con Laporte, quien perdió de vista la irrupción en el juego aéreo de Kolo Muani.

Mala noticia porque la selección de Luis de la Fuente hasta que un niño, de 16 años, agarró la pelota en la frontal del área. No había nada de peligro en esa acción, que tuvo por invitado silencioso a Rabiot, el mismo que le había desafiado.

Ese maravilloso zurdazo de Lamine Yamal, con un inevitable aire ‘messiánico’, desencadenó la tormenta. Todo ocurrió en 248 inolvidables segundos. Francia solo había encajado un gol en los cinco partidos anteriores de la Eurocopa. España le hizo dos en 248 segundos.

Lamine Yamal dispara en la jugada del primer gol español ante Francia en la semifinal

Lamine Yamal dispara en la jugada del primer gol español ante Francia en la semifinal / Associated Press/LaPresse

Lamine encendió la luz

El balón no tenía dueño. Andaba España todavía aturdida por el gol francés. Entonces, Lamine Yamal, el jugador más joven (16 años y 362 días) en disputar una semifinal de una Eurocopa o un Mundial superando a un tal Pelé (tenía 17 años y 244 días cuando debutaba en el Mundial de Suecia-1958), se inventó un gol donde no existía nada. Nada es nada. Agarró la pelota, burló con su cuerpo al gigante Rabiot, al que respondió en el campo, trazando tres toques que parecían irrelevantes. Francia también pensó lo mismo.

Pero, de repente, se disfrazó Lamine tal si fuera Leo con un disparo inmensamente hermoso. Tenía la pelota el GPS incorporado en su interior porque trazó una curva increíble hasta tocar en el palo derecho y reposar feliz en la red gala. Paró el partido, se hizo el silencio en Múnich y encendió un niño de un humilde barrio de Mataró la luz. De Rocafonda a la eternidad. El más joven en debutar en una semifinal. El más joven en marcar en una Eurocopa. Minuto 20.15.

El disparo de Dani Olmo que rebotó en el pie de Koundé para lograr el 2-1 de España ante Francia en la primera mitad.

El disparo de Dani Olmo que rebotó en el pie de Koundé para lograr el 2-1 de España ante Francia en la primera mitad. / Daniariel Schalit / Ap

Dani Olmo dinamitó a Francia

Con Lamine llegó la luz. Con Dani Olmo (minuto 24.23) se dinamitó a una Francia que no entendió lo que había ocurrido. Le resultaba imposible descodificarlo porque la reacción de España se selló a través del buen juego. No hubo ni rastro de la furia, aquel aspecto que daba en las viejas épocas identidad a una selección. Y hasta a un país. Pero eso pertenece a la memoria porque España, desde el glorioso ciclo del 2008 al 2012 (Eurocopa, Mundial y Eurocopa), encarna otra bandera. El estilo por encima de cualquier otro detalle.

Basta recrear el gol de Dani Olmo, cuyo control con la pierna derecha resultó prodigioso. Control y otro control. El segundo más difícil que el primero, sobre todo por la velocidad de ejecución con la que lo ejecutó el delantero del Leipzig.

Faltaba aún lo mejor cuando soltó un derechazo –tenía la pierna izquierda simplemente para apoyarse- para concretar una sublime reacción. De Lamine a Dani, un viaje extraordinariamente breve y eficaz: cuatro minutos y ocho segundos.

Unai Simón despeja el centro desde la derecha de Dembélé en el España-Francia en Múnich.

Unai Simón despeja el centro desde la derecha de Dembélé en el España-Francia en Múnich. / Ariel Schalit / Ap

La mano salvadora de Unai Simón

Estaba Francia intentando digerir lo que había vivido en esos 248 segundos cuando Dembélé aprovechó un error de Cucurella. Intentó una frivolidad en zona supuestamente tranquila, permitiendo que el balón llegara a la banda derecha para que el exextremo azulgrana galopara con toda calma.

Sirvió un centro que no parecía tener peligro hasta que la pelota adquirió un efecto endemoniado dirigiéndose peligrosamente a la portería española. Pero topó con la mano izquierda de Unai Simón. Una mano salvadora que sostuvo a España abriéndole la puerta de la final de la Eurocopa.