APUNTE

¿Fieles o infieles...?, por Lluís Carrasco

Flick y Deco, en la ciudad deportiva del Barça en Sant Joan Despí.

Flick y Deco, en la ciudad deportiva del Barça en Sant Joan Despí. / FCBARCELONA

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

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En realidad, el futbol y la vida van de la mano. Acabamos de superar la verbena de Sant Joan, una fiesta que nos recuerda que estamos a las puertas de las vacaciones, el calor y el asueto más desmedido… Una celebración inmediatamente posterior al solsticio de verano que marca no solo comienzos, sino también finales. El final de la temporada, y al hablar de temporadas lo hacemos en sentido amplio: escolar, académica, profesional, y también futbolística.

Y en lo futbolístico, se inicia ese período frenético de amores y desamores, de apegos, de seducciones, de estrategias cautivadoras, de ofertas y proposiciones que marcarán la temporada que sucederá a todos estos desmanes que acapararán portadas y titulares. Solo hay un período parecido al que se avecina, también con su solsticio (el de invierno), y también con su festividad que, aunque menos verbenera, es igualmente fuente de locura y desmesura: la fiesta de fin de año.

De mercado en mercado

Y fíjense que en ambos períodos, bautizados como "mercados de verano e invierno", se da una circunstancia común: la apertura de un período de cambios, de fichajes, de ventas, de venturas y desventuras que van a dibujarte, como club, tu realidad deportiva, tu fortaleza y tu futura competitividad una vez concluya ese período de chaladura mercantil.

Preparémonos, que el mercado de la seducción llega cargado y la historia nos enseña que poco importa si eres más rico o eres más pobre, más joven o más maduro, más fuerte o más desgarbado. Es tiempo de verbenas, y los clubes lanzarán sus redes sobre sus deseados, y estos (o estas) dejarán o no degustar sus húmedas bocas a sus pretendientes sin más sentido que la ambición, sus objetivos o simplemente su deseo. Nada que ver con riquezas y mucho en cambio con el dulzor de las cerezas

Y si no me creen, revisen el Whatsapp de más de uno o una en la noche de la verbena, donde el amor y los "te quiero" viajaban lejos, muy lejos de quiénes en teoría debían ser los receptores de la lívido y el deseo, entre cava, coca y postureo…