Opinión

Sergi López-Egea

El Tour en Barcelona, un brote de alegría

Pogacar y Vingegaard siempre solos y juntos en los momentos decisivos del Tour.

Pogacar y Vingegaard siempre solos y juntos en los momentos decisivos del Tour. / LE TOUR

Más allá del impacto económico, de la inversión y su retorno o de festejar los beneficios, el Gobierno vasco realizó en otoño una encuesta entre la población y preguntó qué tal les había parecido la salida del Tour que tuvo lugar el 1 de julio de 2023 en Bilbao. El 86% respondió que acoger el nacimiento de la última ronda francesa los había hecho muy felices.

No hay nada mejor que la felicidad, más allá de obtener 103’9 millones de beneficios que callaron cualquier crítica a la inversión pública de 12,2 millones de euros por albergar durante seis días la principal carrera ciclista y uno de los grandes eventos deportivos del mundo. Casi un millón de personas, entre vecinos y visitantes, se lanzó a las carreteras en las tres etapas del Tour por territorio vasco.

Quizá como única crítica al tremendo espectáculo que supuso el paso del Tour por Euskadi fue el abuso de la hostelería vasca a la hora de fijar los precios de hospedaje, algo que Barcelona tendría que controlar cuando dentro de dos años la ronda francesa salga de la capital catalana. Y ojalá lo haga sin el azote de la lluvia, por muy beneficiosa que sea para Catalunya, que enturbió la etapa del Tour celebrada el 9 de julio de 2009 y destrozó, a oscuras, el nacimiento de la Vuelta el 26 de agosto del año pasado.

La iniciativa de Jordi Hereu

La salida del Tour desde Barcelona, adelantada por este diario el 8 de mayo, era una asignatura pendiente que se pudo aprobar hace 10 años después de que Jordi Hereu, hoy ministro de Industria y hasta 2011 alcalde de la capital catalana, dejase a falta de firma el acuerdo alcanzado en 2010 con Christian Prudhomme durante la visita que Pere Alcober, por aquel entonces concejal de deportes del consistorio barcelonés, realizó a Rotterdam, salida de la ronda francesa, acompañado por Juan Porcar, hombre de confianza de la dirección del Tour en tierras catalanas.

Sin embargo, la nueva administración municipal con Xavier Trias como alcalde renunció al Tour, que en 2014 partió de Leeds y pasó por Londres. Hasta se produjo una situación rocambolesca con Prudhomme sentado en la mesa de un restaurante de la Barceloneta mientras esperaba la tardía llegada de la representante municipal, Teresa Fandos.

Pepe Pérez Francés

Prudhomme estuvo este martes en el Ayuntamiento de Barcelona, como en 2011 cuando anunció y reforzó con su presencia la candidatura de 2014. Eso, sí, con un cambio importante. Ahora se ha firmado un acuerdo que en primeras cifras se ha establecido por valor de 7 millones, cinco menos de lo que ha reconocido el País Vasco por el paso de la prueba todavía no hace un año.

Así se cumple el sueño que hará muy felices a los barceloneses y a los catalanes que en 2009 se lanzaron a la carretera desde Girona a Barcelona y desde la plaza de Espanya hasta Andorra. O a los que sus padres les contaron que en un lejano 1965, Pepe Pérez Francés, el añorado ciclista del Poble Sec, se presentó en solitario por el Paral.lel para ganar una etapa del Tour que pasó a la historia como el triunfo de Jacques Anquetil de 1957, en Montjuïc.

Barcelona, en dos años, se convertirá en la primera ciudad del mundo que acoge en su seno unos Juegos, un Mundial de fútbol, una Copa América y la salida del Tour que supera a las demás en cariño, en proximidad, y sobre todo en gratuidad. Y porque los ciclistas pasan por tu casa sin pagar un euro por una entrada. Por eso, la gente es tan y tan feliz. Y por idéntica razón en dos años las calles de Barcelona gritarán lo mismo que los millones de aficionados que este mes de julio ocuparán las cunetas de la carrera por Francia: ¡Vive le Tour!