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Billar: Antonio Montes, de Sant Adrià a Corea del Sur de carambola en carambola

  • El jugador de la localidad del Barcelonès, de 29 años, es el primer catalán que participa en los torneos de la PBA en Corea del Sur

  • Las dificultades para progresar en el ranking le decidieron a dejar la oficial Unión Mundial de Billar para jugar en un circuito con mayor dotación económica

Antonio Montes: Imaginación, técnica y concentración. Así se juega al billar a tres bandas. / ZML

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José Carlos Sorribes
José Carlos Sorribes

Periodista

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Cuando preguntas por la calle del doctor Barraquer en Sant Adrià de Besòs te indican rápidamente el ambulatorio. Pero si puntualizas que buscas el club de billar, no dudan: "Ah, sí, coge a la derecha del ayuntamiento y en medio de la calle". Un local alargado, un club con más de 90 años de historia y cuatro mesas donde se oye el chasquido de las carambolas desde primera hora de la mañana. Y también es el lugar donde dio sus primeros pasos Antonio Montes, hoy profesional de la PBA en Corea del Sur.

A los 13 años, su padre, también jugador de billar y presidente del club desde 2010, le explicaba "cosas del juego" en la plaza de la Vila, justo al lado. Entonces practicaba el fútbol. “Lo hizo por probar si me gustaba y acertó”, recuerda. El adolescente que era centrocampista y seguía los consejos de su padre Antonio es hoy el único jugador catalán en el circuito de la PBA (Professional Billiards Association) de Corea del Sur. De Sant Adrià al Extremo Oriente.

Antonio Montes posa en las instalaciones del Club Billar Sant Adrià.

/ Laura Guerrero

Ha dado a los 29 años ese gran paso cerrando su etapa en la Unión Mundial de Billar (UMB) porque quería abandonar un entorno en el que es difícil progresar al proteger a los mejores del ranking. Montes se miró en el espejo el pasado marzo después de jugar una copa del mundo de la UMB en Las Vegas. Se había gastado 2.500 euros (viaje y alojamiento) para disputar el torneo y se llevó un premio de 1.500 por llegar a la ronda de dieciseisavos. “Había jugado bien y pensé: ¡Madre mía, qué tengo que hacerme para meterme en las posiciones del top 10!”, recuerda.

“Había jugado bien en Las Vegas y pensé: ¡Madre mía, qué tengo que hacerme para meterme en las posiciones del top 10!”

A los 14 años, ya se enfrentaba a jugadores mayores en juego corto, ahora practica las tres bandas, y les ganaba con frecuencia en campeonatos de España

Y es que los mejores de la UMB solo empiezan a disputar los torneos, que duran una semana, los últimos tres días cuando sus rivales ya han pasado una dura criba. Aquel niño que recibía consejos de su padre tenía que hacer la apuesta definitiva por ser un profesional del billar. Algo a lo que parecía abocado desde que muy pronto apuntó alto sin que él fuera consciente. “No te das cuenta. Te lo dicen. Yo me ponía en la mesa y salían las carambolas. Tuve el apoyo de un socio del club, Pascual Peña, fue la persona que más me ha ayudado. Él jugaba con Dani Sánchez”, rememora. “Dani es un crack de toda la vida. El primer taco que tuve era suyo”. Y un nombre, el del jugador de Santa Coloma de Gramenet, que se hizo famoso por el clásico de TV-3 ‘Nadal a tres bandes’.

Graduado en Química

Peña ejerció de mentor de Montes para afinar sus cualidades en un método de enseñanza que va desde la simple posición en la mesa, a conocer los recorridos de las bolas, la técnica y la física del billar. “Empiezas a memorizar patrones. Las carambolas tienen nombres de familias por el tipo de posición”.

Alumno aventajado, a los 14 años se enfrentaba a jugadores mayores que él y les ganaba con frecuencia en campeonatos de España. Entonces practicaba el juego corto, que obliga a una mayor preparación. El billar era una afición al salir de clase, “y de hacer los deberes”, que mantuvo cuando se graduó en Química. Ya se dedicaba entonces al juego de tres bandas, donde en 2014 fue de una tacada campeón español y europeo en categoría júnior.

Antonio Montes intenta una carambola a tres bandas.

/ Laura Guerrero

“Al acabar la carrera hice un máster y entré en una fase de dudas, estuve un año y medio sin saber qué hacer”. Unas prácticas en una empresa que no le acabaron de convencer le animaron a apuntarse a las copas del mundo de la UMB, que habían aumentado sus premios. “’¿Por qué no lo pruebas?’, me dijo mi padre”. Probarlo era viajar, por ejemplo, a Las Vegas, Vietnam, Turquía o Egipto. Lo hizo y en su segundo año llegó a una semifinal. El premio le permitió recuperar lo que había gastado, al margen de las ayudas federativas para sus gastos. “Me llegué a poner el 30 del mundo”.

El paréntesis de la pandemia

Pero la pandemia lo paró todo: un año y medio sin jugar. Mientras, en la PBA sí lo hacían entre cuarentenas y mascarillas. Así fue barruntando la idea de tomar la decisión de probar en Corea. “Me fui porque quería tener el control sobre mi vida, no depender por ejemplo de que una persona me inscribiera en un torneo”. Ese control llega a acompañado de las garantías que da un contrato anual entre 20.000 y 30.000 euros. La victoria en un torneo coreano tiene un premio superior a los 50.000, mientras en la UMB son 16.000. Ya ha disputado dos y el día 22 viaja para el tercero. Allí coincide con otros seis jugadores españoles, todos de su generación y con los que incluso ha compartido apartamento en Seúl. A uno de ellos, el murciano Juan David Zapata, lo paran por la calle. “Empezó desde el principio en 2019, se adaptó y ha ganado un par de títulos”.

"El billar es cultura en Corea, también con una gran presencia de jugadoras. Algunos partidos de mujeres se ven más que los nuestros"

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Es solo un ejemplo más de la dimensión que tiene el billar en el país asiático, donde tres o cuatro televisiones retransmiten las partidas con regularidad. “Y hay un canal exclusivo. El billar es cultura en Corea, también con una gran presencia de jugadoras. Algunos partidos de mujeres se ven más que los nuestros”, explica Montes.

Ese será su mundo durante tres meses y medio al año para participar en los ocho torneos de la PBA. Y cuando vuelva a casa estará pendiente de su academia on line de billar, que montó con un par de amigos en el paréntesis de la pandemia y con gran crecimiento en redes sociales. También jugará en liga nacional con el Sant Adrià y no en la división de honor con otros clubs como ha hecho los últimos años. “Me voy a ganar la vida en Corea y prefiero descansar el fin de semana. Quiero disfrutar en todos los sentidos, incluido el billar. Vuelvo a casa después de seis o siete años para jugar con mis amigos”. Para volver a ser un poco el chaval al que su padre le enseñaba en la plaza de la Vila. Muy cerca del ambulatorio.