Atletismo

España llega al Europeo de Múnich entre críticas por los descartes de atletas

Asier Martínez y Mohamed Katir encabezan la lista de casi un centenar de participantes españoles en la cita continental en la capital bávara

Asier Martínez, en la final de 110 vallas del Mundial, en la que se colgó el bronce

Asier Martínez, en la final de 110 vallas del Mundial, en la que se colgó el bronce / Twitter RFEA

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Gerardo Prieto

Los medallistas en el Mundial de Eugene, los periféricos Asier Martínez y Mohamed Katir, encabezan la lista de (casi) un centenar de atletas españoles que participan, a partir de este lunes y hasta el domingo, en el Europeo que se celebra en Múnich, la competición en la que el atletismo español está obligado a brillar.

El Olímpico de Múnich, situado junto al escenario del ataque terrorista perpetrado durante los Juegos de 1972, es una referencia para el atletismo español gracias a un resultado histórico hace un par de décadas, en 2002, cuando la selección sumó su mejor actuación de siempre en un campeonato continental con 25 metales, seis de oro. Lo nunca visto.

Los positivos del pasado

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Rusia está fuera del tablero deportivo y la brillante actuación española de entonces encerraba un reverso tenebroso: solo Chema Martínez sobrevivió a la criba antidopaje posterior. Cinco de los seis españoles que hicieron sonar el himno en Múnich, Paquillo Fernández, Marta Domínguez, Alberto García, Antonio Jiménez Pentinel y Glorie Alozie acabaron en la lista de sancionados por dopaje.

Entonces mandaba José María Odriozola, un catedrático de bioquímica y exmediofondista, que presidió la federación española durante la friolera de 28 años. Ejercía también de seleccionador, con mano de hierro y acierto al principio. Agotó su crédito como presidente por su difícil carácter, su mal disimulada omnipotencia y, finalmente, por el aislamiento voluntario frente a la mayoría de medios de comunicación cuando los resultados comenzaron a flojear. 

El cambio internacional

 La llegada de Sebastian Coe a la Federación Internacional supuso un reforzamiento de las medidas antidopaje. Los triunfos al final del mandato de Odriozola cayeron en picado mientras la persecución de la trampa se afinaba con la conservación de muestras por largos periodos de tiempo. La consiguiente retroactividad sancionadora acabó beneficiando, entre otros, a Manolo Martínez y Ruth Beitia, con un bronce olímpico otorgado a posteriori.

En 2016, Odriozola fue sustituido en la presidencia de la federación por el extriplista Raúl Chapado, candidato único y hasta entonces miembro del equipo que promocionó la doblemente fallida candidatura olímpica de Madrid. Con Chapado en la presidencia, los 'casos graves' por dopaje han desaparecido y la selección ha mejorado poco a poco en el medallero, en finalistas y en credibilidad. 

En el último Europeo celebrado antes de la pandemia, en Berlín 2018, se llegó a la decena de metales, con 10 medallistas y 25 finalistas, y con récords de participación. Esta vez se ha perdido la oportunidad de rebasar de salida el centenar de participantes, de haber contado también con Didac Salas, Daniel Cisneros, Iker Alfonso, Iker Arotzena, José Emilio Bellido, Carlos Rojas y Aauri Bokesa, apartados del equipo pese a que sus resultados avalaban el derecho a un dorsal en la capital bávara. Bokesa fue descartada en la prueba individual de 400 pero incluida en el cuarteto de relevos 4x400.

La inseguridad

Atletas, entrenadores y aficionados han criticado la inseguridad que provocan este tipo de decisiones, aparentemente arbitrarias. A la élite le cuesta entender que se deje fuera a tan solo siete compañeros entre casi un centenar de seleccionados. En vísperas de volver a pisar la pista talismán, la decisión del seleccionador José Peiró ha provocado ampollas digitales en la comunidad atlética, incompatible en un deporte en el que todo es mensurable. Todo menos el imprevisible factor humano.

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Asier Martínez, inesperado bronce en 110 vallas en el Mundial de Eugene, ha sido uno de los primeros en alzar la voz y exigir criterios claros. La cuatrocentista Aauri Lorena Bokesa se mostró especialmente dura, insinuando cierto nepotismo en el núcleo duro de entrenadores a sueldo de la Federación Española. 

La explicación oficial insiste en la prioridad de seleccionar a los atletas con posibilidades de, al menos, pasar una ronda de calificación. Al hilo, muchos han recordado los tres nulos de Raúl Chapado, presidente de la federación, en el triple salto de los Juegos de Sydney 2.000. La queja más extendida señala lo frustrante y desmotivante que resulta para un atleta quedarse en casa cuando ha hecho todos los deberes, a veces contra viento y mareos, y en demasiadas ocasiones gracias al soporte de un entorno familiar que actúa como 'patrocinador principal'.