Europeo de Softbol

Las hijas de la Barcelona Olímpica, a la conquista del softball europeo

  • España busca la medalla en el Europeo de un deporte que es "primo hermano del béisbol" y eminentemente femenino

  • El campeonato, con las mejores selecciones del continente, se disputará del 24 al 30 de julio en Sant Boi, Barcelona, Viladecans y Gavà

Una jugadora de la selección española de softball.

Una jugadora de la selección española de softball.

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Irati Vidal

“Ellas han abierto la puerta ahora nos toca al resto demostrar de lo que somos capaces de hacer las mujeres”. “Debemos abrazar el ‘boom’ del fútbol femenino, si ellas crecen, crecemos todas”. “Tienen que ser el espejo en el que poder mirarnos, lo que antes veíamos como utopía cada vez está más cerca”. Hablan las jugadoras de la selección española de softbol, que bajo la sombra del Europeo de fútbol femenino arrancan su andadura hacia el trono continental. Un trono que quieren alcanzar en casa, en un Europeo que se disputara del 24 al 30 de julio entre Sant Boi, Barcelona, Viladecans y Gavà.

España nunca ha pasado del tercer lugar en este tipo de citas. De hecho, los protagonistas ni si quiera se acuerdan de aquella medalla. “Hace años se logró un bronce pero en aquellos europeos competían pocas selecciones y todavía no había llegado la influencia de las jugadoras americanas”, explica para EL PERIÓDICO Orel Morales, seleccionador español.

Nacido en Cuba, su relación con el softbol le vino por tradición. Y porque, como dice, es “ un primo-hermano del béisbol”. Explica que las diferencias entre ambos deportes son mínimas y se centran en el tamaño del balón y de la cancha. “La pelota de béisbol es más pequeña y como corre más, el campo es más grande. O como suelo decir, en el softbol todo se desarrolla en un espacio más pequeño y en un tiempo más corto”. Existe también alguna diferencia táctica, como la forma de lanzar de las ‘pitch’. Aunque quizás la gran singularidad del softbol es que es un deporte mayoritariamente femenino.

Un deporte muy femenino

Existe la modalidad masculina pero la mayoría de licencias son de mujeres, seguramente porque cuando el deporte fue olímpico lo fue en categoría femenina. Por eso, aquí nunca han faltado referentes. “En el fútbol ahora todas las niñas quieren ser Alexia, en el softbol hace tiempo que todas sueñan ser como las grandes jugadoras americanas que ven en los Juegos Olímpicos”, reflexiona el reelegido presidente de la Federación Catalana de Béisbol y Softbol, Jordi Vallés, quien ha apostado con fuerza por el deporte femenino y ha visto crecer al softbol en licencias y visibilidad.

Lo que seguramente faltaba hasta el momento eran instalaciones y referentes nacionales. Algo que empezó equilibrarse con los Juegos Olímpicos de Barcelona 92’. También con la multiculturalidad e inmigración del país.

Un partido de softball.

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El gran evento deportivo que cambió para siempre la capital catalana también fue un cambio de rumbo en la vida de muchos niños y niñas. Ese fue en el caso de Bea Pareja, una de las internacionales que intentaran conquistar Europa a partir del domingo. “En mi caso y creo que en el de la mayoría, la apuesta por el softbol fue totalmente fortuita y casual. El hecho es que me crié en Bellvitge y allí para las olimpiadas del 92 construyeron un campo de béisbol que luego ocupó el club Hércules Hospitalet. Mi hermano, por hacer algo diferente, decidió apuntarse y yo, después de que me insistieran todas las madres me acabé animando. No hubo vuelta atrás”.

Porque el softbol la enganchó tanto que dejó la natación y prefirió entrenar y no competir que dedicarse a otra cosa. Sacrificio que ha ido arrastrando desde la niñez a su vida adulta. Primero, compaginando estudios y deporte de alto rendimiento en el centro de tecnificación de Sant Cugat. Después, intentando ser profesional sin vivir de ello. “Siempre digo que soy profesional de corazón porque me entreno cada día sabiendo que no me da de comer”, explica Bea, que juega diariamente el partido en el que todos quisiéramos ganar. Mientras se prepara para este Europeo, Bea realiza su tesis doctoral e investiga nuevas terapias contra el cáncer de páncreas. Lo hace lejos de su equipo, al que se une solo los fin de semanas para competir.

Oportunidad para el cambio

Por eso, tras todo un año ejercitándose a la sombra y con la compañía de su marido cree que ahora es hora de divertirse y divertir. Porque tanto ella como sus compañeras están convencidas de que esta Eurocopa puede ser la del cambio. También de que cualquiera que las vea se enganchara rápido al deporte. “Tenemos ganas de medalla desde hace años y jugar en casa incrementa esas ganas”, reflexiona Bea Pareja.

También Bea Alonso, otra de las internacionales convencidas de que lucharan por medalla. “El equipo no tiene límites y ya es conocido a nivel europeo, nos hemos ganado el respeto de las rivales así que solo es cuestión de tiempo”, asevera. Su entrenador no discrepa. “El objetivo es pelear por las medallas, en los últimos dos europeos nos quedamos a las puertas y logramos un quinto puesto. Es momento de hacer lo que ya han logrado algunas categorías inferiores y mirar de tu a tu a las grandes potencias como Italia, Holanda o República Checa”.

Sin estadounidenses

España, además, lo intentará sin estadounidenses, una dinámica cada vez más habitual en el viejo continente. “Tenemos a dos jugadoras venezolanas pero que llevan cinco años viviendo y trabajando en España. Otras selecciones como Israel, Gran Bretaña e Irlanda se han convertido en potencias con la plantilla llena de jugadoras estadounidenses que viven en América pero tienen pasaporte europeo”.

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Aquí no las hay, aunque también es cierto de que la multiculturalidad ya ha aterrizado en la selección española. “En las de categorías inferiores ya hay muchas niñas hijas de venezolanos, cubanos y dominicanos asentados en España. La riqueza de la sociedad nos va a hacer más fuertes”.

Aunque antes de que esas niñas lleguen a la absoluta es momento de que las hijas de la Barcelona olímpica tomen la ciudad. Y conviertan el trabajo y la apuesta de Federaciones y clubes en una realidad. Es momento de tocar medalla. También, de abrir paso a un deporte que hace tiempo se que instaló en Catalunya, y que empieza a crecer con fuerza en Valencia, Madrid y el País Vasco. Es el momento de las mujeres. El del softbol.