La UEFA de 2007

Glasgow: 15 años de un drama del Espanyol

  • Exjugadores del Espanyol rememoran la trágica final de la UEFA de 2007 perdida en los penaltis ante el Sevilla.

  • "Nunca he llorado tanto como después de aquel partido. Eso no cicatrizará nunca", afirma Luis García.

Tamudo consuela a Luis García en presencia de Riera tras la final de la UEFA perdida por el Espanyol contra el Sevilla el 16 de mayo de 2007.

Tamudo consuela a Luis García en presencia de Riera tras la final de la UEFA perdida por el Espanyol contra el Sevilla el 16 de mayo de 2007. / Jordi Cotrina

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Arnau Segura

A Gorka Iraizoz, la noche antes del partido le costó dormir. «Salgo en las fotos con una marca en la cara porque no me podía dormir y me empecé a rascar hasta que me hice una herida. Me picaba todo, por los nervios», rememora, desandando el camino hasta la final de la Copa de la UEFA de 2007, contra el Sevilla.

El partido fue «una locura», según Luis García. El Sevilla, entonces vigente campeón, se adelantó con gol de Adriano Correia. El Espanyol, vigente campeón de Copa, empató con gol de Albert Riera. En el minuto 68 llegó la acción que rompió el encuentro: la expulsión de Moi Hurtado, por doble amarilla. «De mi carrera, es el momento que la gente me re-cuerda cuando me para. Fue injusto. No se hubiera atrevido con un equipo top, pero era Moisés del Espanyol», apunta. 

El abrazo con el utillero

Horas después de hablar con EL PERIÓDICO escribe un mensaje: «¿Has visto esa de Casemiro? Lo que decía hoy». Esa roja aún le persigue. Su padre estaba en la grada. Fue la única vez que cogió un avión en su vida. Él afirma que sintió rabia, frustración e impotencia. Y más con el 1-2 de Kanouté (m. 105). Lo vio en una televisión del vestuario, como el 2-2 de Jônatas (m. 115). «Nos abrazamos con Jordi, el utillero. Fue una explosión. ‘Esto ya no nos lo quita nadie’. Por eso fue doblemente cruel: porque el fútbol nos dio vida para luego acabarnos de matar». 

Valverde, dolido tras la final perdida contra el Sevilla. 

/ EP

Porque Andrés Palop fue infranqueable en los penaltis. Luis García erró el primero. «Ese penalti marcó mi vida. Lo he recordado miles de veces. He llorado muchísimas veces. Nunca he llorado tanto como después de la final. Quien sabe qué hubiera pasado después si hubiera metido el penalti». La duda duele, la herida sangra: «Eso no cicatrizará nunca, sinceramente. Mi padre falleció hace dos años y es algo que parece que cicatriza, pero que siempre está ahí. Siempre piensas en ello. Porque es parte de tu vida. Es algo con lo que tienes que aprender a convivir. No lo vas a poder cambiar».

El consuelo de Palop

Pandiani acertó su penalti. Pero Jônatas y Torrejón fallaron. Palop detuvo sus tiros y se impuso a Gorka en la tanda. El exportero vasco no ha vuelto a ver ese partido: «Nunca más. Me dejó una huella de dolor». Cuando el disparo de Torrejón se estrelló en Palop se quedó en blanco: «No me podía mover. Me quedé paralizado, viendo correr a los jugadores del Sevilla. Kameni fue el que se me acercó primero. La primera frase fue ‘se acabó’ y nos pusimos a llorar». 

Palop detiene el penalti de Torrejón en la tanda decisiva. 

/ EP

Palop, MVP del partido, salió corriendo hacia sus compañeros, pero antes paró en el banquillo catalán: «Tengo una gran amistad con Rufete. Fui a abrazarle y a consolarle. ‘Perdona, Rufo, lo siento mucho por vosotros. He hecho mi trabajo’. No me salían las palabras». Mientras tanto, Riera miraba la portería: él tenía que chutar el quinto penalti, según el orden marcado por Valverde. Ya no hizo falta. Ese día decidió que nunca más tiraría el quinto penalti: «Recuerdo la rabia que sentí».

El padre de Riera

Después de la tanda llegó la tristeza. Fue la primera vez que Riera vio llorar a su padre. Le ha visto llorar dos veces: ese día y el que nació su primera hija. «Recuerdo desahogarnos, ayudarnos en ese momento tan triste». Pero reivindica que, a veces, las lágrimas bajan llenas de satisfacción: «Lo dimos todo. Glasgow es historia, como Leverkusen. Y no hay que olvidarlo». Prosigue Gorka: «El duelo fue largo. Perder sin haber perdido ningún partido en todo el torneo es difícil de asimilar. Pero el tiempo te enseña que construimos algo que perdura. Lo recordamos cada 16 mayo. Como las historias que se cuentan de abuelos a nietos».

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Hurtado añade: «La mejor sensación es algo que no hubiésemos vivido de ganar: llegar aquí hundidos y que la gente nos esperara en Montjuïc. Esto fue más que ganar la UEFA, sinceramente. Porque cuando ganas la gente siempre está ahí, pero que estén orgullosos cuando pierdes es a lo máximo que podemos aspirar los deportistas. No hay título que te haga más feliz que el orgullo de tu gente».

El mensaje de Torrejón

Esa noche, quien más lloró fue Marc Torrejón. Hoy rechaza hablar. «Nunca me ha gustado y ahora que ya no estoy vinculado al fútbol me lo puedo ahorrar», pero con un breve audio de WhatsApp deja claro qué fue el 16 de mayo de 2007: «La final de la UEFA fue la hostia. Sin final feliz, pero fue de puta madre». 

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