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DEL BARÇA A UCRANIA

Lluís Cortés, seleccionador de Ucrania: "Antes mi prioridad era alinear a mis jugadoras; ahora, que estén vivas" l Entrevista

Hace un año conducía al Barça femenino al triplete. Ahora el seleccionador ucraniano, que ha regresado a Barcelona tras una odisea de 55 horas, intenta ayudar a su equipo ante los estragos e incertidumbre de la guerra.

Lluís Cortés, antes de ir a una manifestación contra la guerra en Balaguer.

Lluís Cortés, antes de ir a una manifestación contra la guerra en Balaguer. / JORDI V. POU

Roger Pascual

Roger Pascual

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¿Cómo está tras la odisea de 55 horas?

Bien, porque estamos en zona segura, pero no demasiado bien por lo vivido en los últimos días y por la situación de muchas jugadoras y de miembros del staff que nos está haciendo sufrir bastante. Estamos intentando trabajar para ayudar al máximo desde aquí.

¿Imaginaba hace un año cuando luchaba por el triplete que de repente su alegría sería que no hubiera bombas en la ciudad en la que está?

Por nada del mundo. Hace un año estábamos ganando la Champions, el triplete, todo y hace una semana ganábamos la Turkish Cup con este equipo, primer título para la selección femenina ucraniana en 30 años y tres días después están en guerra y la preocupación es estar vivo. Es muy bestia. No me lo imaginaba por nada del mundo.

Darse cuenta de tantas cosas que damos por sentadas, de cómo son las prioridades en la vida.

No tenemos ni idea. Todo lo vivido en estos últimos tres días te hace replantearte las cosas y verlas de una forma muy diferente. Ayer uno de mis sobrinas en casa me decía ‘me aburro’. ‘Te aburres, imagínate estar 20 horas en un tren apretado como sardinas sin iPad ni nada, que solo puedes jugar al piedra, papel, tijera’. A veces no damos valor a cosas sencillas como dormir en una cama. Dormimos cinco horas en dos días y el cuerpo se adapta. Vivir estas situaciones te hace replantearte muchas cosas y quitársela a otras.

Todo tu periplo empieza con la detonación de tres bombas.

Mi preparador físico escucha tres bombas, que parecen tres petardos. Yo nunca había escuchado una bomba. Abre la ventana y escucha sirenas antiaéreas y su hermana que trabaja en la radio le avisa de lo que pasa. Él viene a mi habitación y me dice: ‘Lluís, ya la tenemos aquí’. Yo no sabía de qué hablaba hasta que abro la ventana. Y llamo mi agente y le digo ‘La guerra ha empezado’ y preparamos el plan de evacuación desde Kiev.

Lluís Cortés en la Plaça Mercadal de Balaguer, su localidad natal, recién llegado de Ucrania

Que empieza por carretera. ¿Tenía miedo que se les cayera una bomba encima?

La verdad es que sí, lo contemplas: estás huyendo de la ciudad, no avanzas (30 km en 6 horas) y piensas: 'cómo lleguen se nos comen'. Ves pasar tanques, un avión de guerra con un ruido atronador que no sabes si es un avión o un misil porque no lo has escuchado nunca. La gente caminando por la autopista desesperada. De repente estamos en un camino en un estado lamentable, sin saber dónde estamos y creyendo que el chófer tampoco lo sabe, sin casi gasolina. Pero podemos repostar y llegar a Lviv e ir a un hotel. Vamos a desayunar y escuchamos unos mensajes en los altavoces que tenemos que ir al búnquer, que es donde está el spa, en la parte más baja. Y allí estábamos todos los huéspedes. Salimos a caminar al cabo de un rato y de allí a coger el tren.

"Hay algunas jugadoras que no se quieren: piensan ‘si nos vamos ¿quién defenderá nuestra tierra?"

En el tren con la angustia de no poder comunicar con la familia.

Una angustia muy seria, porque no sabíamos dónde íbamos. Nos dijeron: 'a las 10 preparados', pero no cómo iríamos. Subir al tren ya fue una odisea: peleas, gritos, gente llorando, perdiendo las cosas y los móviles. Éramos 200 personas en un vagón en el que debían entrar 80: gente por los suelos, de pie, sobre las maletas... Los sentados apretadísimos. En el tren casi todo eran mujeres, niños y ancianos. Los de menos de 60 éramos casi todos extranjeros. Abajo estaban todos los ucranianos que se quedaban: ‘yo mañana para Kiev y mañana pang, pang'. Que alguien se despida de ti así es muy bestia, a mí me cuesta mucho entender. En el andén la gente llorando, arriba también. Iniciamos el viaje pero de repente el tren para, no hay ninguna información, es de noche. Ya no sabes si han saboteado el tren, hay una barricada o amenaza de misiles, han destrozado la vía… Con un calor increíble, costaba respirar, imposible ir al baño porque tenías que pisar a 40 personas antes de llegar. Era una situación de angustia brutal. Y a eso se le añadía que no podíamos informar en casa. Ellos no durmieron en toda la noche. Lo pasé peor por ellos que por mí. Pasas miedo pero pensaba en ellos.

¿Cuántas horas estuvo sin hablar con ellas?

Cinco. Fue muy bestia. Por fin llegamos a una estación donde puedo hablar con mi familia y hacemos un control de pasaportes que dura siete horas. Siempre decían ‘one hour’. A las siete horas arranca. En el momento de cruzar la frontera fue curioso porque pensamos ya está, ya lo hemos recuperado todo, pero en cambio los ucranianos y sobre todos las ucranianas estaban tristes porque lo perdían todo. Empezaba otra vida sin nada. En Kiev he dejado muchos amigos, muchos conocidos pero no tengo nada allí: ningún piso, ni una simple maleta. Pero ellos dejan a padres, hermanos y maridos. 

No sé si antes estaba sensibilizado con el tema de los refugiados, pero esto debe de sensibilizar a cualquiera.

Yo había colaborado con ONGs pero cuando lo vives te peda una bofetada de realidad brutal. Esta es la realidad de un refugiado que se va de un país porque le obligan, porque no quiere, deja atrás muchas cosas y que no sabe qué hacer. Saben que el gobierno polaco les da 15 días pero no saben qué hacer. Yo contaba mi aventura en Twitter y me decían ‘bah, que estás de vacaciones’. A todos estos que lo decían los pondría en el tren y no necesitarían 20 horas, con 5 tendrían suficiente. Es una situación muy dura que te ayuda y que hace que te sensibilices muchísimo más.

Todos los que mandan mensajes de odio y racistas en redes con unas horitas allí igual cambiarían de discurso.

Totalmente. En unas horas en ese tren, o en una patera o columna de gente caminando saliendo de un país en guerra. No digo que sea necesitarlo vivirlo pero sí que tenemos que ser más conscientes de lo que pasa en el mundo. Que el mes pasado pasaba en muchos sitios pero que esto está pasando aquí al lado. Quien sabe si después vendrá Polonia, Moldavia o Finlandia porque no sabemos qué intenciones tiene el ejército ruso. Tenemos que ir con mucho cuidado e intentar ayudar a la sociedad ucraniana, a los que están saliendo y no saben dónde ir, al menos hasta que puedan volver a su casa, que es lo que quieren todos.

‘Yo mañana para Kiev y pang pang’. Que alguien se despida de ti así es muy bestia.

Ahora va a una concentración contra la guerra. ¿Qué impacto cree que tienen estas manifestaciones o las medidas de FIFA y UEFA?

Nadie o casi nadie quiere una guerra. Como sociedad tenemos que hacer el mayor ruido posible para intentar hacer cambiar de opinión a los que sí la quieren. Y para dar apoyo, para que la gente ucraniana vea que hay gente dispuesta ayudar. No solo es ir a la concentración sino que intento compartir en Twitter todas las iniciativas. Y también estoy recogiendo material, medicina, poniendo en contacto a gente que recoge cosas y a los que las pueden transportar. No puedo hacer convocatorias, alineaciones o planes de partido pues haré eso: colaborar al máximo posible en esto, hacer de altavoz.

Hay jugadoras y staff que se han quedado y algunos tienen gente en el frente. ¿Qué le dicen?

Estamos trabajando para ver cuáles son sus intenciones: tenemos jugadoras que están en el país, algunas quieren salir y no pueden, otras pueden y no quieren, porque quieren quedarse defendiendo el país porque piensan: si nos vamos todos, quién defenderá nuestra tierra. Es muy difícil de imaginar pero muy lícito. Los hombres del staff no pueden salir. La mitad del equipo, unas 15 jugadoras, están fuera del país, porque están de stage con su equipo o jugando en el extranjero. Y están sufriendo mucho por sus familias. Estamos en contacto diario con las jugadoras y staff y la respuesta es: estamos bien pero mi padre están en la guerra. Y no saben si volverán. Y eso es muy difícil de asimilar. He tenido reuniones con la responsable de la UEFA de fútbol femenino para ver de qué manera pueden ayudar. Es una situación muy jodida para mí porque no puedo hablar con mis jefes porque algunos de ellos están en el frente. No puedo preguntar qué será de la federación, no tengo valor a preguntar qué pasará. Lo que sí que saben es que yo estoy dispuesto a ayudarles en todo fuera de Ucrania. Si las jugadoras pueden salir si hace falta las iré a buscar yo en coche. Ya les encontraremos una vida mejor pero el problema es si podrán hacerlo.

Su prioridad ahora no es su futuro laboral sino el futuro de las jugadoras, sus familias y su país. 

Y no como futbolistas, a nivel de vida. Qué podemos hacer para que sigan con vida: no para que jueguen a fútbol y sean mejores futbolistas. Sino qué hacer para que puedan vivir con calidad de vida normal. Y en eso estamos. En ayudarlas a salir y a partir de ahí construir su futuro. Pero es una situación muy caótica, dramática y difícil de gestionar. Una tiene a su hijo en Kiev y me ha escrito: "he ido a la comunidad donde se tejen redes de camuflaje para nuestro ejército, ¡quiero ser útil al menos en algo! Aguantamos, creemos que la verdad está de nuestro lado, ¡somos un pueblo fuerte! Uno del 'staff' me dice que tiene comida para una semana, pero después no sabemos qué pasará. Que un amigo tuyo, que hace tres días estábamos celebrando un título en Turquía te diga esto, a mí me destroza.

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