LA CLAUSURA DE LOS JJOO DE INVIERNO

China da por cumplida su misión olímpica

  • El país asiático clausura los Juegos Olímpicos de Invierno satisfecho por haber mantenido a raya la amenaza del covid y el boicot diplomático

  • Noruega acaba en cabeza del medallero, por delante de Alemania y de la anfitriona, donde se ha generado una fiebre por los deportes de nieve sin precedentes

Un momento de la ceremonia de clausura.

Un momento de la ceremonia de clausura. / Wang Zhao / AFP

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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China abrochó con los fuegos artificiales, innegociables en su cuna, unos Juegos Olímpicos de Invierno tan extraños como estos tiempos. Thomas Bach, presidente del COI, aludió al contexto pandémico y convulso en su discurso final agradeciendo a China que se atreviera con el coronavirus castigando aún al mundo y pidiendo a los líderes mundiales que "le den una oportunidad a la paz". No es seguro que estos Juegos sean los mejores de la historia, pero pocos han salido adelante con retos tan exigentes.

En la apertura, dos semanas atrás, se discutía si el país que ha sublimado la tolerancia cero contra la pandemia saldría indemne de la concentración de gentes llegadas de latitudes con contagios masivos. China diseñó una burbuja para los miles de participantes con estrictas medidas que incluían pruebas PCR diarias y la obligatoriedad de las mascarillas, excepto en habitaciones y comedores. El protocolo ha normalizado a los funcionarios en las sedes con trajes de protección integral que chirrían en un cuadro deportivo. 

Un momento de la ceremonia de clausura de Pekín-2022.

/ Manan Vatsyayana / AFP

400 positivos detectados

China respiraba tranquila este domingo. Los controles a la llegada permitieron detectar más de 400 positivos que fueron aislados con agilidad y han permitido unos Juegos sin covid. Las autoridades también han evitado que el virus saliera del circuito cerrado y alcanzara a la población local, la principal inquietud de un país que cierra ciudades por media docena de casos. 

Del boicot no se ha hablado desde que empezaran los Juegos. Estados Unidos y sus aliados lo habían aireado meses atrás, pero la amenaza no trascendió de los aspavientos. El boicot diplomático, que no deportivo, de cuatro países solo generó la pataleta china y sus lamentos por la politización del deporte. El evento, sin embargo, no ha podido abstraerse de la marejada geopolítica. Las portadas del primer día fueron monopolizadas por el comunicado conjunto de Xi Jinping y Vladimir Putin, presidentes de China y Rusia, y los focos mediáticos en las dos últimas semanas han atendido menos a los Juegos que a la inminente invasión de Ucrania, mil veces anunciada desde Washington y nunca concretada.  

Deportistas de varios países desfilan durante la clausura.

/ Peter Kneffel / DPA

600 millones de televidentes chinos

Del capítulo deportivo cabe consignar el liderazgo del medallero de Noruega, seguida de Alemania y una sorprendente China. Había dudas justificadas de que un país sin tradición en deportes de invierno pudiera ofrecer un resultado solvente e incluso temores de que se hundiera en el ridículo, pero ha completado su mejor participación, generando una fiebre por la nieve sin precedentes. Casi 600 millones de chinos, el 40% de su población, había sintonizado la semana pasada la televisión pública para ver alguna prueba, según el COI. Ni siquiera la caída del interés en EEUU ha impedido que estos sean los JJOO de Invierno más vistos de la historia

Estas dos semanas han dejado un par de jóvenes celebridades con potencial para arrastrar a las masas. Su Yiming, de 17 años y actor en su niñez, se ha coronado en el snowboard. Y nadie ha generado más ruido que Eileen Gu. Sus tres medallas, dos de ellas de oro, solo explican en parte el fenómeno social. Gu nació y creció en EEUU pero se alistó en las filas chinas para los Juegos y ha ocupado, muy a su pesar, el centro del debate de un mundo polarizado: la princesa de la nieve en China y una traidora desagradecida para los sectores más trogloditas estadounidenses.  

Valieva, la villana

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La villanía, imprescindible en cualquier relato deportivo, ha recaído también a su pesar en la rusa Kamila Valieva. La patinadora de 15 años ha resucitado la leyenda negra de Moscú con el dopaje. El culebrón, trufado de excusas inverosímiles y preventivos enjuagues protocolarios, acabó con las pertinaces caídas en la final del viernes que la privaron del podio. 

China clausura sus Juegos más delicados con la satisfacción de la misión cumplida. Embridado el coronavirus, con un par de refulgentes estrellas y una industria tan virgen como prometedora, un meritorio resultado y sin alusiones del gremio deportista a sus atropellos en Xinjiang. Esa tranquilidad transpiró en la ceremonia de clausura, sin más sorpresas que la del samoano Nathan Crumpton desafiando otra vez a pecho descubierto el invierno pequinés.