LA INDUSTRIA DEL DEPORTE

¿El fin de las SAD se escribe en DAO?

Una plataforma de aficionados del Cádiz trata de recuperar el control del club a través de una organización descentralizada autónoma. ¿Una idea brillante o descabellada?

La rúa de celebración del ascenso del Cádiz, en julio del 2020.

La rúa de celebración del ascenso del Cádiz, en julio del 2020. / MagicoDAO

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Marc Menchén

Los clubs que asciendan al fútbol profesional ya no tienen la obligación de convertirse en sociedad anónima deportiva (SAD). El 29 de diciembre se puso fin a una norma que tenía su sentido en el fondo, pero que se aplicó penosamente en las formas. La SD Amorebieta corrió a abortar su conversión en empresa para preservar un modelo de propiedad de los socios a finales de año, pero es inevitable hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden los aficionados recuperar voz y voto en la gestión de unos clubs que hoy son propiedad de unos pocos?

En el Puerto de Santa María han tenido una idea, que a algunos les sonará descabellada y a otros, brillante. Una DAO. ¿Lo qué? Una organización descentralizada autónoma. ¿Cómo? Una especie de cooperativa del mundo digital construida a partir de la tecnología blockchain. Sí, la misma con la que han creado criptomonedas como el Bitcoin o NFTs con vídeos de la NBA por los que se pagan miles de euros. Esta vez, en cambio, de lo que se trata es de crear una especie de vehículo de inversión para adquirir cosas que uno en solitario no podría. Lo mismo es uno de los originales de la Constitución de Estados Unidos que, como ahora pasa en LaLiga, hacerse con el Cádiz CF.

Los desafíos de MagicoDAO

Lo llaman MagicoDAO, en honor del mítico jugador del conjunto gaditano, y de momento ha enganchado a más de 300 aficionados. A través de la red social Discord han creado distintos canales de conversación para articular la financiación, la estructura legal y hasta definir una estrategia de marketing con la que convencer a un cadista al que esto le pueda sonar raro. Y no es para menos. Por muy romántica que pueda sonar la idea de un club controlado de nuevo por los fans, los desafíos que plantea la operación son varios.

Si ya cuesta hallar estabilidad en los clubs sociales, aún más en un modelo de gestión en constante asamblearismo

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Actualmente hablamos que la compra de un club de Segunda no baja de 10 millones, por los más de 50 millones de euros que se pagan en Primera División. Eso cuando el propietario quiere vender, y nada apunta a que Manuel Vizcaíno, Quique Pina o Rafael Contreras vayan a querer vender. Pero mi mayor duda es si un grupo de aficionados unidos en un vehículo digital a los que no sólo los une el fútbol -puede serlo la tecnología- vaya a ser capaz de definir una hoja ruta común.

Si ya cuesta encontrar estabilidad en clubs sociales como Barça o Athletic Club, que cada equis tiempo eligen a una junta que pone orden, no quiero imaginar cómo sería un modelo de gestión en permanente asamblearismo si no se define bien un modelo de gobernanza que blinde a los gestores de la propiedad anónima del club. Ficción o realidad, lo veremos en los próximos meses.

El Barça, sin aval ni protección

Desde hace unas semanas, el Barça es el único de los cuatro clubs sociales de LaLiga que no recoge en sus estatutos los avales que debe prestar la junta directiva. Después de que el PNV salvara al presidente del Athletic con una enmienda que elimina toda obligación de avalar previamente frente a las posibles pérdidas que se originen en un mandato, en los despachos del Camp Nou no se ha activado la reforma estatutaria que tocaría, como sí ha hecho el resto. La razón no es otra que el texto del Barça se refiere siempre a lo que disponga la legislación vigente, que hoy es nada; hoy Joan Laporta ya no necesita el apoyo de José Elías para gobernar.

Su caso contrasta con el del Real Madrid, el más duro y que exige un preaval del 15% del presupuesto y con garantías patrimoniales; es decir, sin margen para la injerencia externa. Osasuna exige al menos cubrir un 10% del presupuesto, mientras que el Athletic ha planteado que el importe que deban avalar sus juntas directivas equivalga al 5% del gasto. Es lo mínimo que se le debería exigir al presidente del Barça.


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