Campeón del mundo de ajedrez con 17 años

Abdusattorov, el prodigio del temple

El uzbeko de 17 años ganó el Mundial de partidas Rápidas contra pronóstico doblegando al ruso Niepomniashi y conteniendo las embestidas del ultracampeón Magnus Carlsen

Abdusattorov, ganador del Mundial de partidas Rápidas de ajedrez en Varsovia.  

Abdusattorov, ganador del Mundial de partidas Rápidas de ajedrez en Varsovia.   / @FIDE_chess

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Fermín de la Calle
Fermín de la Calle

Periodista

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Atraviesa el ajedrez por un momento excitante pese al dominio homérico de Magnus Carlsen. A la sombra del noruego se libra una fascinante batalla generacional entre una camada de treintañeros en la que militan el ruso Ian Niepomniashi, el chino Ding Liren o el estadounidense Fabio Caruana, y una jauría de niños prodigio que incluye al franco-iraní Aireza Firouzja, 18 años, el nuevo campeón del mundo de Rápidas, el uzbeko Nodirbek Abdusattorov (17), y los indios Nihal Sarin (17) y Dommaraju Gukesh, de 15 primaveras. 

Abdusattorov era hasta hace una semana un proyecto de buen jugador que acumulaba algunos récords de precocidad, logros más estéticos que sustanciales. Pero en Varsovia este uzbeko completó una jornada final deslumbrante exhibiendo un temple y una frialdad impropios de su edad. Cierto es que Abdu ya había avisado de su capacidad batiendo ¡a sus 9 años! a Grandes Maestros en el Chirogin Memorial de San Petersburgo.

El último día Abdusattorov cruzó guantes, entre otros, con Carlsen y Niepomniashi, los dos pesos pesados que se batieron hace unas semanas por la corona mundial de ajedrez clásico. Un delfín en un estanque de tiburones. Y lo llamativo no es que se proclamase campeón, que lo es, si no la forma cómo lo ha hecho. Ante Carlsen mostró un aplomo metálico para combatir la agresividad de Magnus, que en su defensa de la triple corona (ajedrez clásico, rápido y relámpago) desplegó una fiereza que terminó costándole cara. Dispuso de posibilidades de entablar, con negras, pero arriesgó para ganar y terminó sometido por el estoicismo de Abdu. Fue el único tropiezo de Carlsen en el todo el torneo. 

Mandíbula de acero

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Después de esa derrota el noruego empató con Nepo mientras Abdusattorov firmaba tres tablas con Fedoseiev, con el polaco Duda y en una fastuosa partida jugada a tumba abierta con Gukesh, lo que le aseguró medirse a Niepomniashi por el título. Y fue entonces cuando emergió la figura de un Abdusattorov sublime que cocinó a fuego lento a Nepo. En la primera partida reafirmó ese espíritu indómito logrando tablas en una posición difícil. Y en la partida final este niño de 17 años arrinconó al ruso y le asfixió lentamente con el sosiego digno de un sexagenario. 

Algunos expertos adivinan en el juego de Abdu una profundidad impropia de su edad que se explica, quizás, por su enciclopédico conocimiento de la historia del ajedrez. El chico despliega un estilo peculiar, un modo de juego ‘ultra-paciente’ que le hace no inmutarse ante los zarpazos rivales mientras siembra el tablero de ingeniosas trampas en las que empuja a sus adversarios. Abdusattorov es un ajedrecista con una mandíbula de acero y la cabeza de un veterano. Declaró Carlsen, tras defender con éxito su corona ante Niepomniashi, que solo le motiva medirse al talentoso Firouzja. Quizás ahora la irrupción del uzbeko le haga cambiar de idea. Aunque Abdu con quien se ha vuelto a ver las caras en el Mundial de partidas Relámpago, no estará en el torneo de Candidatos de Madrid entre el 16 de junio y el 7 de julio de 2022. Torneo que celebró ediciones legendarias como la de Zúrich de 1953 o la de Londres en 2013, en la que Carlsen se ganó el derecho a desafiar a Anand. Desde entonces el ajedrez solo conoce un rey: Magnus. Nunca un nombre hizo tanta justicia a su portador.  

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