La industria del deporte

LaLiga, CVC, Florentino y la 'lucha' de clases

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

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Marc Menchén

Agosto fue un auténtico terremoto para el fútbol español, con epicentro en Madrid y réplicas por todo el país a medida que se iban conociendo más detalles sobre el acuerdo de LaLiga con CVC. Y, aunque con menor intensidad, llevamos unos días y seguirá así hasta el 10 de diciembre en el que se repetirá la situación: Real Madrid, Barcelona y Athletic Club luchan para evitar que salga adelante una operación en la que no se juegan nada, más allá de evitar que sus rivales en la liga nacional reciban una inyección de 1.994 millones de euros.

Resulta muy difícil comprender que dos clubes que aún siguen batallando por la Superliga hoy se presenten como los salvadores de los equipos a los que iban a devaluar con esa nueva competición, aunque digan que no. "Nos ponemos a disposición de todos los clubes para estudiar propuestas legales, razonables, rentables y sin quedar presos de un fondo", dijo Florentino Pérez.

Pignorados los derechos de TV

Y esta semana llegó con un planteamiento, que no oferta en firme, que evidenciaba un alto grado de desconocimiento sobre la situación de sus compañeros de competición y con unos objetivos que resultan difíciles de creer. Al final del día, será en la asamblea del 10 de diciembre cuando se midan fuerzas. Pero hay una condición que ya anula de por sí la contraoferta de Madrid, Barça y Athletic: ya tienen pignorados sus derechos de televisión con otros préstamos, lo que les inhabilita.

Por resumirlo: la idea de Pérez es que los clubes trasladen a una nueva empresa parte de sus derechos de televisión, que se usarían como garantía para conseguir entre inversores internacionales los mismos 1.994 millones que les da LaLiga. Quienes se sumen estarían ligados durante 25 años a este vehículo inversor -una hipoteca, como dijo Laporta-, que anualmente pagaría unos intereses de 115 millones de euros. 

Eso, siempre que se cumpla el objetivo de conseguir un tipo de interés de entre el 2,5% y el 3%. ¿Creíble? Complicado pensar que un fondo vea un riesgo similar en Barça y Madrid, que hoy son los que pueden financiarse con estos costes, que en equipos ascensor que un año cobran 50 millones por televisión y al otro pueden bajar a menos de 8 millones.

Como dice algún club, "somos 39 tontos unidos frente a los 3 más listos"

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Pero hay una cuestión más conceptual que Barça y Madrid no han entendido. Al margen del dinero, lo que clubes pequeños y medianos necesitan es que alguien los acompañe y asesore para que el dinero que recibirán les permita dar un salto en términos de negocio. Eso es lo que persiguen CVC y LaLiga, que fiscalizarán cada euro invertido. En el caso de Florentino, su fórmula es pura deuda con unos fondos que lo único que querrán es que se les devuelva lo prestado, haya servido o no para aumentar la competitividad del torneo.

El laberinto del baloncesto en la transformación de la pirámide competitiva

El debate público sobre el deporte y su transformación cuanto más negocio genera hoy se centra en la Superliga de fútbol, máximo exponente de cómo la conversión de clubes en multinacionales rompe las costuras del modelo histórico: ligas regionales, ligas nacionales, torneos internacionales. Sin embargo, el camino de ese cambio lo está marcando desde hace un tiempo el baloncesto, aunque en su caso sea para dar cierta viabilidad económica a clubes con ambición.

La NBA y la FIBA unieron esfuerzos hace dos años para crear una liga continental en África, conscientes de la imposibilidad de construir un sistema sólido para el desarrollo de talento con ligas nacionales. Y esta misma semana, el regulador internacional ha anunciado la creación de una Superliga asiática de baloncesto en colaboración con las ligas nacionales, de modo que los ocho mejores equipos de Japón, Corea del Sur, Filipinas, Hong Kong y China compitan a mayor nivel.

Es un concepto que la FIFA ha querido poner sobre la mesa en muchas regiones del mundo para el fútbol, con la consecuente polémica de que esto supone tocar hoy algo sagrado: las ligas nacionales. La duda es cuáles tendrán capacidad para sobrevivir o buscarán fusiones para continuar siendo relevantes en el futuro.