Deporte femenino

Rapinoe y la lucha de las pioneras por la profesionalización del fútbol

Megan Rapinoe, después de marcar un gol en el Mundial de 2019

Megan Rapinoe, después de marcar un gol en el Mundial de 2019 / LIONEL BONAVENTURE (AFP)

  • Del pleito en los tribunales de EEUU a la lucha de los páises nórdicos, tres ejemplos de avances en los que se pueden mirar las niñas y mujeres futbolistas.

  • La centrocampista catalana del Eibar María Llompart explica en una entrevista con EL PERIÓDICO la indignación de las jugadoras por las promesas incumplidas para la profesionalización de la Liga.

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Carol Álvarez
Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico de Catalunya

Escribe desde Barcelona

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EEUU

Megan Rapinoe sigue con su fulgurante carrera por el reconocimiento de los derechos de las futbolistas a la igualdad salarial, por el acceso de las niñas al deporte y al balón, por la equiparación de derechos en definitiva. La más célebre y mediática de las futbolistas se estrenó como embajadora de las marcas Shiseido y Victoria's Secret para romper con estereotipos, acaba de abrir un club de lectura y este verano está de gira con la presentación de la adaptación juvenil, en viñetas, de su biografía ‘One Life’, publicada en Libros Cúpula.

Pero no será hasta otoño que podremos ver, con el aterrizaje de HBO Max en España, la aportación más incisiva de la estadounidense al debate sobre el salario de las futbolistas: la película documental LFG, centrada en el pleito que mantienen las jugadoras ante la federación de fútbol de su país por negarles la equiparación de sueldos con los jugadores masculinos.

Rapinoe, Jessica McDonald, Becky Sauerbrunn y Kelley O'Hara, entre otras, narran su lucha por el reconocimiento que les es negado y que llevaron en una iniciativa  sin precedentes a los tribunales de EEUU solo tres meses antes del Mundial de 2019. La justicia no ha reconocido sus alegaciones de discriminación salarial, pero ha dado trámite a las que cuestionan una posible vulneración de derechos laborales, que aún no ha obtenido sentencia.

Con todo, la escuadra norteamericana no ha dado su brazo a torcer y mantiene abierto el proceso con un recurso que aún tiene camino por recorrer, y la misma Rapinoe ha abanderado la reivindicación al Congreso de los EEUU este año, con una intervención histórica de la que se recordará su proclama: "Ustedes quieren  estadios llenos? Nosotras los hemos llenado". El equipo nacional que capitanea Rapinoe ganó el Mundial de 2015 y 2019 y ha ganado la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de 2012 y la de bronce en Tokio.

Australia

Las Matildas, así es como se conoce a la selección australiana femenina de fútbol, mordieron el polvo ante las de EEUU en los Juegos Olímpicos, pero ya les llevan ventaja de años en el terreno laboral. En efecto, la selección de las Antípodas hizo historia en 2019 al conseguir un acuerdo con la federación para suprimir la brecha salarial ante sus compañeros, conocidos como los Socceroos, en un pacto que iba más allá de lo puramente de sueldos para incluir mejoras en los vuelos, por ejemplo, y en la calidad de los hoteles en los desplazamientos, que las equipara con las condiciones de las que se beneficia el equipo masculino. ¿Tanto importaba? Sí: las australianas arrastraban un agrio historial reivindicativo, con una huelga incluida que forzó la suspensión de un partido importante en 2015. Y han sufrido en sus carnes -como tantos otros equipos femeninos de primer nivel-  las penurias de moteles baratos o traslados incómodos para ahorrar. 

La selección australiana de fútbol

/ Ann Odong / Football Austratlia

Ahora, la elección de Australia como país anfitrión del Mundial femenino de 2023 es más que la guinda del pastel: será la primera vez que el torneo se organiza como un evento único, sin el paraguas de la competición masculina, y las expectativas desbordan lo puramente deportivo. Los organizadores aspiran a lograr una interacción con las fans nunca vista gracias a las nuevas tecnologías, y buscan disparar la afición y la práctica del fútbol de millones de mujeres. 

Islandia

La islandesa Sara Bjork Gunnarsdóttir ha sido madre hace pocos meses y se toma como un reto ilusionante la vuelta a la competición como jugadora mamá. Gunnarsdóttir tiene ficha en el Olympique de  Lyon, con el que levantó la Copa de la Champions el año pasado, convirtiéndose en la deportista islandesa del año. Pasó antes por la Bundesliga con la camiseta del Wolfsburg, y también por la Liga Sueca, pero ha sido en la selección islandesa donde ha brillado más tiempo, desde 2009.

Sara Bjork Gunnarsdóttir

/ EP

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Los países nórdicos han sido los más avanzados en la lucha por la equiparación salarial: en 2017 arrancó el primer acuerdo oficial del mundo Noruega, aunque aún con flecos por resolver, que remataría su país vecino:  la negociación de la federación islandesa con las jugadoras cerró avances como la integración de fisioterapeutas en sus entrenos, o mejoras en las bajas por maternidad.

"El juego femenino debe recibir más respeto y se debe hacer más para hacer crecer el deporte financieramente: a nivel de clubes, los hombres y las mujeres están a años luz de distancia en términos de remuneración. Pero estamos viendo pasos en la dirección correcta. Nuestra emisora nacional RÚV ha implementado una política de equidad que garantiza que los deportes masculinos y femeninos estén cubiertos por igual"  ha explicado Gunnarsdóttir en un artículo que publicó en el medio digital Inews.