GRAN DECEPCIÓN EN JAPÓN

Osaka, víctima de la presión y la ansiedad en los Juegos

  • "He sentido que tenía todo el peso del mundo a mis espaldas", dice la tenista japonesa tras su inesperada eliminación en los octavos de final.

Naomi Osaka.

Naomi Osaka. / REUTERS / Mike Segar

3
Se lee en minutos
Jaume Pujol-Galceran
Jaume Pujol-Galceran

Periodista

ver +

Encendió el pebetero. Naomi Osaka era la "llama inspiradora" de los Juegos de Tokio. El orgullo de Japón. La tenista, que se retiró de Roland Garros por “salud mental” y no jugó Wimbledon ante la presión mediática a la que se sentía sometida, volvía a ser el foco de atención del mundo entero con su elección como última portadora del fuego olímpica.

El orgullo y la felicidad de ser la primera tenista de la historia olímpica en inaugurar unos Juegos no le ayudó en la pista. "Me siento un poco fuera de mi cuerpo en este momento", dijo Osaka intentando asumir el estrellato. Y cuatro días después de emocionarse por representar a Japón, la tenista de 23 años no pudo superar la presión de ser la gran candidata japonesa al oro olímpico en las pistas del Ariake Tennis Center.“No puedo imaginar lo que ha sido para ella jugar en Japón y en los Juegos Olímpicos”, decía la checa Marketa Vondrousova tras conmocionar a todo Japón con su victoria ante Osaka por 6-1 y 6-4.

La diversidad personificada

"Masaka" o, en español, "De ninguna manera" era la palabra más utilizada en los titulares de la prensa japonesa tras la inesperada derrota de Osaka.  “La patria de su madre. Su sueño de estar en la cima, con el sol naciente en su corazón, no será posible” informaba en su edición digital  'Sports Hochi', uno de los diarios deportivos de mayor tirada en Japón.Para muchos japoneses, Osaka, de madre japonesa y padre haitiano, aunque formada desde muy pequeña teníisticamente en Estados Unidos, encarnaba el éxito, con contratos millonarios de más de 40 millones de dólares y, ala vez, personificaba la diversidad en un país vinculada a la discriminación y la intolerancia.Su imagen aparecía en cualquier rincón de Tokio, en el metro, los autobuses, sus fotos aparecían en las portadas de Vogue y el especial de baños de Sports Illustred y su nombre en los titulares de una prensa que la había puesto en un pedestal. "Sin duda, es el mayor logro atlético y el honor que tendré en mi vida", había escrito la tenista en Instagram sobre su papel en sus primeros Juegos Olímpicos.

Tan mediática como extraña

Pero sus orígenes, su comportamiento y opiniones políticas tampoco encajaban en la tradicional sociedad japonesa, que la veían como una extraña, que apenas hablaba japonés y no estaba integrada a su cultura. “Creció en un lugar diferente. No es como Kei (Nishikori) que es un japonés puro”, decía la tenista Nao Hibino, compañera de equipo.A sus 23 años, a pesar de haber ganado cuatro Grand Slams (Estados Unidos, 2018 y 2020 y Australia, 2019 y 2021), la presión volvió a atraparla y paralizarla. "Todo salió mal. He sentido por momentos que tenía todo el peso del mundo sobre mis espaldas. Ha sido demasiado para mí. Esta derrota me ha hecho más daño que cualquiera, pero al menos no he caído en primera ronda”, reconocía Osaka que salió de la pista central llorando, tras perder con Vondrousova, finalista de Roland Garros en 2019 pero actualmente 42 mundial.

Noticias relacionadas

Pánico a los medios

Después de la derrota la ansiedad y el pánico a la prensa volvieron a agobiar a Osaka que, inicialmente, se negaba a acudir a la sala de prensa, aunque los responsables de la federación japonesa de tenis y su entorno la convencieron para responder a las preguntas de los periodistas."Realmente no sé cómo lidiar con esa presión, así que eso es lo mejor que pude haber hecho en esta situación", admitía Osaka, que deja la duda sobre su retorno al circuito y la defensa del título del Abierto de Estados Unidos a finales de agosto. De momento, en Tokio la llama de Osaka se ha apagado.