La cara B del deporte

Ocho deportistas que tuvieron que interrumpir su carrera por problemas de ansiedad o depresión

Ocho deportistas que tuvieron que interrumpir su carrera por problemas de ansiedad o depresión

Efe / Esteban Biba

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Vega S. Sánchez
Vega S. Sánchez

Periodista

Especialista en animales, plantas y curiosidades

Escribe desde Barcelona

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La gimnasta estadounidense Simone Biles ha sido la última deportista de élite famosa que ha tenido que aparcar el deporte, al menos momentáneamente, tras sufrir un episodio de ansiedad. La que debía ser la estrella de estos Juegos Olímpicos de Tokio ha explicado que ha tenido que abandonar por "los demonios en la cabeza".

Pero, como dicen los angloparlantes, Biles ha sido "last but not least" ("última, pero no menos importante") en engrosar una lista de atletas sobrepasados por la presión.

Simone Biles

La atleta de 24 años participó en la primera rotación del concurso final, la de salto, este miércoles. Pero después de su ejercicio se ha anunciado que pasaba a la reserva, y ya no ha competido en la prueba de las barras asimétricas. Su salto resultó decepcionante, obtuvo unas de las puntuaciones más bajas de su carrera olímpica, y ha admitido que la ha afectado. "Después de mi actuación, no quise continuar", ha dicho Biles conteniendo las lágrimas. "Ya veremos qué pasa el jueves. Estoy intentado reconducir la situación de cara a la próxima prueba". Poco después, ha hecho unas declaraciones ante la prensa preocupantes: "Desde que entro al tapiz, estoy yo sola, confrontando los demonios en mi cabeza [...]. Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental y no comprometer mi bienestar". Hace un año, Biles confesó los  "abusos sufridos" por parte del doctor Larry Nassar. "Estaba muy deprimida. Dormí mucho porque, para mí, era lo más parecido a la muerte sin dañarme. Fue un escape de todos mis pensamientos, del mundo, de lo que estaba sucediendo", explicó.

Simone Biles, este miércoles.

/ Afp / Venance

Raven Saunders

La lanzadora de peso Raven Saunders fue quinta en sus primeros Juegos Olímpicos, en Río 2016. Tras volver de la competición, cayó en picado: "Era como si nadie realmente entendiera el dolor y los desafíos por los que estaba pasando", explicó el pasado mayo, antes de partir hacia Tokio, a la cadena CNN Sport sobre ese momento. "Fue de mal en peor, y de peor a peor y a peor, hasta que todo se desbordó... Me recuerdo por las mañanas [...] con una especie de aturdimiento, teniendo cosas que hacer, pero sin tener realmente motivación para hacerlas", aseguró. Es por ello por lo que, antes de partir hacia Tokio, quiso "desestigmatizar la salud mental" y ayudar a otros que, como ella, podrían verse atrapados en ciclos de depresión y ansiedad. "Eran las presiones y el estrés y todas estas cosas obligatorias que tenías que hacer y los lugares en los que tenías que estar que a mí me parecían inútiles, porque yo estaba allí para hacer lanzamiento de peso". Y confiesa que estará "eternamente agradecida" a la Universidad de Mississippi por ayudarla a tratarse a principios de 2018, y también destaca el apoyo que ha recibido a través de la terapia. "[La terapia] ayudó mucho", dice Saunders. "Es agradable poder tener a alguien que te ayude con todo el peso que soportas, no tienes que cargarlo sola", comentó en la entrevista.

Raven Saunders, durante una competición.

/ Reuters / Uli Dek

Andrés Iniesta

Un año antes del Mundial de Sudáfrica, desde el verano de 2009 hasta el de 2010, Iniesta atravesó uno de los peores momentos de su vida. ¿Las causas? La muerte de su gran amigo Dani Jarque y también la sucesión de lesiones que encadenó. El futbolista reconoció que "poco a poco vas sintiendo que no eres tú, que no disfrutas de las cosas, que las personas que te rodean son como si fuesen de más. No tienes sentimientos, no tienes pasión". Pero tuvo la suerte de darse cuenta y pedir ayuda de psicólogos. "Me sentía vacío por dentro. Tuve un periodo muy difícil, pero gracias a los especialistas pude salir adelante", ha contado en alguna ocasión. "Estoy feliz, aunque sea difícil decirlo, de haber vivido esa situación y de haber salido, porque creo que me ha hecho mejor persona". "Sabes elegir, decidir las cosas importantes. Situaciones a las que no le dabas valor, ahora se lo das", añadió.

Andrés Iniesta se seca las lágrimas en mayo de 2018.

/ Lluís Gené

Álex Abrines

“Hace unos meses todo se rompió en mil pedazos porque empezaste a darme miedo. No te podía ni ver. Incluso llegué a odiarte”, cuenta el jugador mallorquín en un vídeo que publicó en su cuenta de Twitter, reconociendo la situación de presión y ansiedad que sentía cada vez que se acercaba a una cancha de baloncesto, razón que le llevó a pedir ayuda a profesionales. “Vernos era poco menos que una obligación. A la más mínima oportunidad te esquivaba. Solo quería huir de ti y de todo lo que te rodeaba. …. Por eso pedí ayuda a los míos. Y recurrí a los mejores profesionales para recuperar la felicidad que sentía cuando estábamos juntos. Por eso decidí decir basta. Quería luchar por nuestra amistad y recobrar juntos la sonrisa. No ha sido fácil. Muchas veces he pensado en tirar la toalla… Pero nada ni nadie me ha calado tanto como tú. Así que me he armado de valor para acabar con esta pesadilla. Y lo he conseguido. He recuperado la sonrisa, las ganas de verte y de pasar una hora y mil horas juntos. Querido balón. He vuelto". La pesadilla para Abrines, como el jugador la define, empezó en diciembre de 2018, cuando los Thunder lo incluyeron en la lista de inactivos, sin ninguna explicación. El hecho resultó sorprendente porque el internacional español (tienen un bronce olímpico en Río y otro en Europeo del 2017) era un fijo en las rotaciones de Oklahoma, el club que le firmó un contrato de 17 millones de dólares por tres temporadas en el verano del 2016, con una plantilla construida en torno al liderazgo de Russell Westbrook. Y el club publicó entonces un escueto comunicado en el que se aducían motivos personales. “Alex ha lidiado con algunos problemas personales, y esperamos que pueda resolverlos, especialmente por él, y ojalá pueda volver a jugar”, fue la explicación del técnico de los Thunder, Billy Donovan. "No sé lo que me pasó", ha confesado él en varias ocasiones, "simplemente, perdí la ilusión y las ganas de juagr". Una ilusión que recuperó gracias a la ayuda de los especialistas.


/ OMER MESSINGER

Rafa Muñoz

La gran esperanza de la natación española no asumió bien la prematura fama con 20 años, cuando batió el récord de los 50 metros mariposa e intentó suicidarse dos veces tras sufrir una depresión en el momento álgido de su carrera. "Nadie me había preparado ni para gestionar el éxito ni la retirada". Rafa Muñoz cogió en esos cinco meses de depresión muchos kilos hasta pasar el centenar en las báscula. "Fueron cinco meses de mi vida los que bebí, pero no he vuelto. Intenté suicidarme dos veces. Vivo en un quinto, con eso te lo digo todo. Llegas bebido… Al final uno tiene sangre y cabeza, y me tuve que poner en manos de un profesional. Estoy orgullosísimo, se me abre el pecho, de haberlo superado. Quieres solucionarlo pero no sabes cómo. Cuando te pones en manos de un psicólogo empiezas a asimilarlo y te das cuenta de que has sido un capullo. Cuando pasa el tiempo y empiezas a salir de ese pozo te sientes súper orgulloso", explicó a finales de 2016, una vez superado.


/ Jorge Zapata

Michael Phelps

El máximo medallista olímpico de la historia (23 oros olímpicos) ha confesado que "en 2014 había momentos en los que no quería vivir". "Soy alguien que ha pasado por al menos tres o cuatro periodos de depresión fuerte después de los Juegos y llegué a poner mi vida en peligro". Y ha añadido que la clave de su éxito fue no desistir en momentos en los que no creían en él. "En mi carrera muchas personas dudaron de lo que hacía, dudaron de mí y eso era algo que me motivaba. Cuando miro hacia atrás, veo las metas que tenía y eso hizo que mi éxito fuera posible", explicó en una conferencia en Brasil tras retirarse en 2016. Phelps se despidió de su vida deportiva en los Juegos Olímpicos de Rio 2016, donde se alzó con cinco oros y una plata. Tras su laureada carrera, el deportista confesó que entró en una profunda depresión a través de una rueda de prensa en enero de este mismo año, con la que estuvo a punto de tocar fondo, "No quería nadar más, ni siquiera quería vivir más [...]. Entonces pensé en el suicidio", explicó, aunque añade que la depresión vuelve cada cierto tiempo. Y da las claves para superarla: "Me comunico. Eso es muy importante porque sé cuando entro en una etapa de encierro. Ese es un momento angustioso. Tengo la mejor esposa del mundo. Es mi todo, es mi cable a tierra y me ayuda todos los días", ha explicado. Ponerse en manos de un especialista, cuenta, es también básico para salir de esos episodios depresivos recurrentes.

Competencias de natación

/ Esteban Biba

Naomi Osaka

La entonces número 2 del mundo en tenis, Naomi Osaka, abandonó en junio pasado el torneo de Roland Garros por una depresión, fruto del estrés y la ansiedad. E hizo pública su decisión a través de un comunicado, puesto que se negó a dar la cara ante los medios. "No voy a hacer ninguna rueda de prensa durante Roland Garros. He pensado muchas veces que la gente no tiene consideración con nuestra salud mental. He visto muchos vídeos de deportistas viniéndose abajo en una sala de prensa tras perder un partido, algo que también me ha pasado a mí", alegó entonces, pocos días antes de retirarse. Y reconoció que llevaba lidiando con la depresión desde 2018. "No me gustaría trivializar con la salud mental o usar el término a la ligera. La verdad es que he sufrido largos periodos de depresión desde el US Open de 2018”, explicó en su cuenta de Twitter el 31 de mayo pasado. “Cualquiera que me conozca sabe que soy introvertida y cualquiera que me haya visto en los torneos se habrá dado cuenta de que uso cascos para calmar mi ansiedad social. [...] No soy una persona dada a hablar en público y siempre tengo olas de ansiedad antes de hablar con los medios. Me pongo muy nerviosa y me estreso tratando de dar las mejores respuestas que puedo. En París me estaba sintiendo vulnerable y ansiosa y pensé que el mejor ejercicio de autocuidado era evitar las ruedas de prensa". Osaka terminó su comunicado anunciando que se aleja de las pistas durante una temporada y animando a las organizaciones involucradas en el tenis a discutir sobre estos temas. Ahora, la presión ha vuelto a poder con la "llama inspiradora" de los Juegos de Tokio. "Todo salió mal. He sentido por momentos que tenía todo el peso del mundo sobre mis espaldas. Ha sido demasiado para mí. Esta derrota me ha hecho más daño que cualquiera, pero al menos no he caído en primera ronda”, reconocía Osaka que salió de la pista central llorando, tras perder con Vondrousova, número 42 mundial.


/ MIKE SEGAR

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Ricky Rubio

En noviembre de 2019, el baloncestista español publicó una desgarradora carta en 'The Players Tribune' en la que relataba los malos momentos que pasó tras fallecer su madre víctima de un cáncer, y de cómo esa gran pérdida le afectó en lo personal y también en lo profesional. Reconoce que fue muy difícil afrontar las últimas semanas de la temporada 2015-2016, cuando apuraba la temporada con los Wolves mientras la salud de su madre empeoraba día a día en España. "Pasaron dos meses más antes de que terminara la temporada. Hice lo que necesitaba hacer en la cancha. Pero fue muy difícil. Mi mente estaba muy lejos. Pensé en mi madre todo el tiempo. Después de nuestro último partido de la temporada con los Wolves, volé a casa nuevamente", relata. "Mamá murió unas semanas después. Cuando alguien que amas muere, es como si una niebla te envolviera. Así fue para mí. Me sentí tan sin dirección... Todos los años, cuando volvía a Minnesota para un campamento de entrenamiento, comenzaba todos los días de la misma manera: FaceTiming Mama. La primera temporada después de su muerte, me despertaba y pensaba en llamarla. Me hizo querer romper mi teléfono. Pero no pude borrar su número. Incluso le envié mensajes de texto a veces. Todavía lo hago. Durante un tiempo, sentí que me estaba volviendo loco, como si estuviera hablando conmigo mismo". Un enorme sentimiento de culpa por lo sucedido se apoderó de él: "Durante la mayor parte de ese año después, estaba enojado. Culpé a muchas cosas. Culpé al baloncesto. Culpaba a las personas a mi alrededor por cómo me sentía. Le eché la culpa a todo. Pasé por una depresión", reconoce. Tras una situación tan traumática, el baloncesto, tan importante en su vida desde que era un niño, pasó a un segundo plano para él desplazado por la vida misma: "El baloncesto es muy importante para mí. Pero sé que puedo tener un impacto en este mundo de muchas otras maneras. Sé que puedo ser muchas otras cosas".


/ KIM KYUNG-HOON