HOCKEY EN TOKIO

El escurridizo último partido de Quico Cortés

Quico Cortés preparando las maletas para Tokio

Quico Cortés preparando las maletas para Tokio / ALVARO MONGE (EPC)

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Ignasi Fortuny
Ignasi Fortuny

Periodista. Principalmente, escribo sobre música.

Escribe desde Barcelona

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Es un martes caluroso de julio y Quico Cortés cierra las maletas que le deben llevar a su último partido. Después de más de 20 años en la élite del hockey hierba su camino acaba en Tokio. Un año más tarde de lo previsto, un año mayor. El portero y capitán de la selección española había decidido quitarse las guardas (protecciones), el casco y perder en un trastero el stick en agosto de 2020 tras la disputa de los Juegos Olímpicos que nunca fueron. A sus 38 años, el de Terrassa afronta ahora por fin el final, tortuoso e inimaginable, de una carrera impecable iniciada a los seis años en alguno de los campos de entrenamiento del histórico Egara, club de su vida.

"A esa edad, en la escuela no hay porteros, pero yo vi que en los otros campos, donde jugaban los mayores, sí que había. Dije que quería ser portero y me dijeron que aún no tocaba, que más adelante. Y me negué a jugar dos o tres semanas. Hasta que un entrenador me trajo las protecciones... Y desde entonces no me las he sacado", explica Cortés, un hombre que almacena cosas entre ceja y ceja.

Decena de quilos extra

Desde entonces era el niño que arrastraba la bolsa más grande de su equipo, el que salía más tarde al campo y el que llegaba tarde al refresco pospartido. A día de hoy sale a jugar con una decena de kilos extra encima, los que suponen el atuendo del portero de hockey hierba. Esa carga también se la quitará de encima el próximo -espera- 5 de agosto, cuando se dispute la final de los Juegos Olímpicos de Tokio. "Queremos mejorar Río-2016, llegar a semifinales y luchar por una medalla", comenta sobre sus aspiraciones.

Cortés no se quiere ni imaginar que su último partido no acabe en victoria y, por lo tanto, con medalla: "Si es una derrota, en cuartos o en fase de grupos, será una fuerte decepción, una mezcla bestia de sentimientos, no sé cómo reaccionaré". De momento, su primer partido en Tokio se ha saldado con empate ante Argentina (1-1).

Leyenda del hockey hierba (nominado varias veces a mejor portero del mundo), Cortés busca redondear a 325 partidos su récord de partidos internacionales, cifra que supondría haber llegado a la lucha por las medallas. Debutó en la selección en enero de 2003 y Tokio supone ni más ni menos sus cuartos Juegos Olímpicos. "Lo que ha hecho que no me haya podido desenganchar nunca ha sido que no he encontrado nada que me motivara más", cuenta.

Mientras él seguía, veía como compañeros y amigos iban dejando el hockey: amateur en España, requiere encajar en el puzzle piezas como el propio deporte, el trabajo y la familia. "He priorizado el hockey por delante de todo. El trabajo me ha acompañado, mi entorno, mi familia y novia me han entendido y ha sido fácil. Si alguna de estas patas me hubiese fallado habría tenido que tomar decisiones", añade. Por razones biológicas, cada temporada Cortés era más veterano en un vestuario cada vez más joven. "La gente joven te rejuvenece, coges hábitos que no te tocarían por edad, conversaciones... Te hace sentir vivo, te da más energía y te hacen estar a su nivel físicamente", apunta. Como ejemplo: en Tokio comparte habitación con Marc Recasens, de 21 años, que conserva una foto como fanático de Cortés hecha en Londres-2012.

Hacer de todo

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Pero el puzzle tiene cada vez más pìezas y había que poner una fecha para dejarlo. El año pandémico ha supuesto una prorroga fácil -"5 minutos", dice- de negociar en casa. "El momento de dejarlo es súper oportuno. El peso familiar es muy grande, crear una nueva vida, pero también los amigos, cosas que me empiezan a apetecer mucho y que después de más de 20 años sería forzarlo", sentencia. "Mi vida ha evolucionado. No podría seguir más porque bajaría la motivación por el hockey, mis ganas de entrenar, sufriría físicamente y no daría el rendimiento", añade.

El covid ha privado a Cortés de que su gente esté en su despedida en directo. Es esa misma gente que se pregunta: ¿Qué hará a partir de agosto si no sabe parar quieto? "Disfrutar de la montaña, el invierno, ir en bici... Me he apuntado a clases de pádel, de tenis... Haré de todo". No se descarta que sus dos perros, Lucca y Leo, se fuguen de casa al ver que cada día quiere salir a correr con ellos.