VALORACIONES DE LA CEREMONIA

El vuelo de los drones salva a Tokio del desencanto

  • La aparición en el cielo de Tokio de 1.824 drones, dibujando el globo terráqueo en perfecta armonía, fue el único momento de riesgo, suspense e impacto de la inauguración

  • "Japón, que es pura tecnología y modernidad, debería haber sido más 'agosarat', apostando por la innovación a tope", señala Josep Roca, Director de Ceremonias de Barcelona-92

  • "Mientras veía la ceremonia recordaba Barcelona, Atenas, Pekín, Londres, Río, y me iba decepcionando poco a poco", comenta Juli Capella, arquitecto y diseñador

Ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. / LEON NEAL/AFP

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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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Eres Japón y la tienes que petar. Te están viendo desde miles de rincones del mundo, cientos de millones de personas. Y tú, Japón, eres la modernidad personificada, los demás son muchas cosas, pero tú, Japón, eres la bomba, tú eres manga, la juventud y mucho más que eso. Tú eres pura tecnología, lo nunca visto, tú vives en el año 2072 mientras los demás viven en el 2021 y dicen estar preparando cosas, formas de vida, de comunicación, para el 2030, cuando tú ya las has experimentado y las tienes funcionando en algún rincón de ese país que es la avanzadilla del mundo, pues tus trenes vuelan sobre raíles sin tocarlos.

Cierto, es verdad, te ha tocado vivir el peor momento para organizar un evento tan bestia, tan planetario, como unos Juegos Olímpicos, media sociedad la tienes en contra y hasta más de un alto dirigente, hasta el máximo responsable de la organización, mete la pata a lo bestia el día antes de la ceremonia inaugural y te quedas en cuadro. Pero eres Japón y, por vez primera, tienes la posibilidad de jugar con todo el estadio para ti, sin público (solo hubieron 1.000 invitados en un recinto con 68.000 asientos) y no te inventaste truco alguno para que, de pronto, no sé, apareciesen miles de robots, eso en lo que también, tú, Japón, eres pionero.

Benditos drones

Si no hubiese sido por ese espectáculo bestial, brutal, casi animalístico, prodigioso, único, ingenioso, sí, futurista, a eso me refería, de enorme riesgo, de programar 1.824 drones para que dibujasen en el cielo de Tokio (¡Dios mío, eso visto desde la ventana de la sala de estar de cualquier habitante de la capital debió ser estremecedor!) el picto de los JJOO y un mapamundi, un globo terráqueo fastuoso, tu ceremonia, querido Japón, geniales japoneses, hubiese quedado en nada. O en poco.

"Japón, que es pura tecnología y modernidad, debería haber sido más 'agosarat', apostando por la innovación a tope", señala Josep Roca, Director de Ceremonias de Barcelona-92


Porque te guardaste el encendido del pebetero para el final y muchos creímos que ahí tenías la bomba. Perdón, el flechazo. Y no, tu última relevista fue la polémica tenista, japonesa, sí, pero que vive en EEUU, nº 1 mundial, cierto también, pero que odia (o teme) a la prensa. Y, encima, precioso diseño del pebetero, pero poco (o nada) más. Y ¡eres Japón! Y ese mundo que flipa en colores, en manga, en futuro con vosotros, esperaba mucho más de vuestro ingenio, de vuestro saber descubrir lo que se nos viene encima…que es ese globo de drones con el que salvasteis vuestro prestigio.

Mireia Belmonte y Saul Craviotto abanderados de la delegación española

/ ODD ANDERSEN/AFP

“Respeto máximo, ¡máximo!, ante una situación tan difícil, tan complicada, tan adversa, tan retorcida. Juro que no sabría decir, contar, explicar qué hubiésemos hecho nosotros si, en el 92, nos cae la organización de los JJOO en medio de una plaga así”, explica Josep Roca, Director de Ceremonias de Barcelona-92. “Pero, eso sí, yo, siendo Japón, hubiese sido más cañero, en catalán diría ‘agosarat’. Hubiese arriesgado más y utilizado la tecnología de una forma pasmosa, a tope, manga, modernidad, que es en lo que son líderes”.

Gran aplauso

Para Roca, cuya ceremonia, bueno, la del flechazo del 92 apenas duró tres horas, las cinco horas de Tokio-2020 (en el 2021) fueron excesivas. “Repito, el punto de partida era horrible, pero yo creí que la iban a romper en la ceremonia, porque es ahí donde el país, la ciudad, la organización, espera lo mejor de ti. En el caso de Japón, es, ciertamente, tradición, limpieza, perfección, solidaridad ¡enorme, con todos los afectados y salvadores de la pandemia!, pero también originalidad, suspense, riesgo. Repito, yo no comparo y por eso les aplaudo. No lo tenían fácil”.

"Mientras veía la ceremonia recordaba Barcelona, Atenas, Pekín, Londres, Río, y me iba decepcionando poco a poco", comenta Juli Capella, arquitecto y diseñador


“Pienso en otras ceremonias y me entra la desolación, un cierto desencanto. Ya no hablo de la locura de Barcelona, no, habló del divertido mar de Atenas, los miles de figurantes de Pekín, la exposición cinematográfica, con James Bond, incluido, de Londres, la potencia y la samba, igual excesiva, de Río…no sé, Tokio-2020, en el 2021, me ha decepcionado un poquito”, explica Juli Capella, arquitecto y diseñador, al que le han encantado dos momentos “sensacionales, sí, se me salían los ojos de la cara”, el vuelo de los 1.824 drones ¡lo ven, lo ven! y la esceneografía Tricicle “genial, cautivadora, muy atractiva” de la representación de los pictogramas de cada deporte.

Naomi Osaka después de encender el pebetero olímpico.

/ ANTONIN THUILLIER/AFP

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Capella esperaba más del país del próximo siglo. “Ya cuando he visto que la ceremonia empezaba por un atleta, solo, en todo el estadio, sobre una cinta para correr ¡que es la negación del deporte!, he pensado, ‘miau, mal empezamos’. Y es que yo los adoro, me parece que organizando todo tipo de ceremonias son únicos y aquí han fallado. Puede, sí, que por todas las circunstancias que rodean estos JJOO e, incluso, me cuentan por líos internos en su organización y la oposición de parte de sus conciudadanos, se han reprimido o, quien sabe, están algo tristes, melancólicos”.

Anna Llanas, licenciada en Historia del Arte y realizadora de Mediapro, está de acuerdo con estas opiniones pero defiende, por encima de todo, “la sencillez de todo, la pulcritud de las escenas e imágenes, la tremenda sincronización, los movimientos de cámaras excepcionales, todo estaba muy medido”. La escena de los aros olímpicos “nacidos de árboles plantados tras los JJOO del 64”, imprimen una emoción especial, según Llanas, que, en efecto, al final, en la escena del encendido del pebetero hubiese querido algo “que me hubiese hecho exclamar ¡gua, tíos, la habeis petado! Y eso no ha pasado. Pero, insisto, todo ha sido muy limpio y muy medido”.