Adiós a una leyenda 'azzurra'

Paolo Rossi, de Sarrià al cielo

Un heroico 'hat-trick' ante Brasil en el Mundial de 1982 elevó al Olimpo futbolístico al delantero toscano, fallecido el miércoles a los 64 años

Paolo Rossi, en la final de Italia contra Alemania en el Mundial-82.

Paolo Rossi, en la final de Italia contra Alemania en el Mundial-82.

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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En muy contadas ocasiones nos es dada en esta vida la oportunidad de presenciar en directo el momento en el que un héroe entra en combustión y se eleva sobre el resto de los mortales para alcanzar la condición de semidiós. Apoteosis, llamaban a esto los griegos antiguos, que eran muy buenos poniendo nombres a las cosas. El 5 de julio de 1982, los 44.000 espectadores que llenaban el hoy desaparecido Estadio de Sarrià contemplaron, entre fascinados y sobrecogidos, la apoteosis de un héroe francamente improbable: un escuálido delantero toscano de 25 años que llegó a la cita de Sarrià siendo poco más que un apestado futbolístico y social y salió de allí convertido en el príncipe de Italia. Se llamaba Paolo Rossi y en la noche del pasado miércoles, víctima de un cáncer de pulmón, dejó este mundo a los 64 años para reunirse con sus pares del Olimpo deportivo.

Aquel 5 de julio se enfrentaban en Barcelona las selecciones de Brasil e Italia en el partido decisivo del Grupo C de la segunda ronda de la Copa Mundial de Fútbol de 1982. Un empate clasificaba a la exuberante 'canarinha' de Tele Santana, un equipo arrollador al que todos veían como claro favorito para llevarse el campeonato. Italia, pese a haber obtenido una semana antes una trabajadísima victoria frente a la Argentina de Maradona, comparecía como una escuadra sospechosa por el paupérrimo juego exhibido en la primera fase, en la que cosechó tres empates y que solo superó gracias a haber marcado un gol más que Camerún.

El testarudo Bearzot

Buena parte de los severos reproches que recibía el conjunto 'azzurro' se centraban en el nueve, que en realidad jugaba con el 20. Solo la testarudez del seleccionador Enzo Bearzot explicaba la presencia en el centro del ataque de Paolo Rossi, un ariete incapaz de marcar un gol en los cuatro primeros partidos del torneo y a quien muchos daban por futbolísticamente desahuciado después de que una sanción administrativa por su supuesta vinculación con una red de quinielas clandestinas y amaño de partidos (el llamado 'caso Totonero') lo hubiera tenido apartado de los campos de juego durante dos años.

Cuando estalló el escándalo, en marzo de 1980, Rossi militaba en el Perugia, equipo al que había llegado después de despuntar como goleador en el modestísimo Vicenza (al que llevó hasta la segunda posición de la Serie A en la temporada 1977-78) y de contribuir con tres tantos al meritorio cuarto puesto alcanzado por la selección italiana en el Mundial de Argentina de 1978. Allí, con solo 21 años, se ganó la confianza de Bearzot, que no flaqueó ni cuando Rossi fue arrestado junto con otros 32 jugadores ni cuando posteriormente fue castigado con tres años de inhabilitación (luego reducidos a dos). El delantero toscano siempre negó haber participado en la trama del 'Totonero' pero su nombre parecía manchado ya para siempre.

Un torrente de críticas

Su presencia en la convocatoria para el Mundial de España desencadenó un torrente de críticas; se le consideraba falto de rodaje y tóxico desde un punto de vista ético. El ruido aumentó cuando Bearzot le dio la titularidad. Rossi se paseó como un espectro por los tres encuentros de la primera fase, pero el seleccionador mantuvo la fe. Mejoró su juego en el choque contra Argentina, aunque seguía sin ver puerta. Entonces llegó el 5 de julio y se produjo la apoteosis.

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Aquel día, en Sarrià, Italia ganó por 3 a 2 a Brasil en el que está considerado como uno de los partidos más bellos de la historia de los Mundiales. Paolo Rossi marcó en los minutos 5, 25 y 74, las tres veces para deshacer la igualada. El heroico 'hat-trick' ante el mejor equipo del mundo fue solo la primera de sus hazañas. En la semifinal, firmó otras dos dianas para dar el pasaporte a Polonia. Y en la final, abrió el camino de la victoria ante Alemania con un tanto en el minuto 57 que hizo saltar de su asiento en el palco del Santaiago Bernabéu al octogenario presidente de la República Italiana Sandro Pertini.

Esos seis goles convirtieron a Rossi en el máximo anotador de España-82 y fueron determinantes para su elección como ganador del Balón de Oro europeo ese mismo año. Redimido a los ojos del mundo y elevado a los altares laicos en su país, Pablito (así le llamaban desde los días del Mundial de Argentina) prosiguió su carrera en las filas de la Juventus, con cuya camiseta conquistó dos ligas, una Copa de Italia, una Recopa, una Supercopa de Europa y una Copa de Europa, ganada en la trágica final de Heysel de 1985. Después de pasar una temporada en el Milan, se retiró en 1987 como jugador del Hellas Verona. Ya era un héroe inmortal.