EL ASTRO Y LAS DROGAS

Maradona y la cocaína: "Voy a ser drogadicto siempre"

El futbolista logró dejar la sustancia blanca, pero se abrazó al alcohol en sus últimos años

Diego Armando Maradona.

Diego Armando Maradona. / ARCHIVO

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Diego Armando Maradona y la cocaína han estado tan unidos, durante tanto tiempo y en dosis tan altas, que se puede escribir un retrato bastante fiel de esta droga solo con frases del futbolista argentino, fallecido este miércoles en Buenos Aires. Desde las primeras dosis, cuando todo parece mejor bajo sus efectos, hasta un descenso en el que uno acaba convirtiéndose, según dijo él mismo, en "nada". Solo un "zombi". [Sigue las reacciones y últimas noticias en directo de la muerte de Maradona]

Maradona en Nápoles, su club entre 1984 y 1991. Sus mejores años. Su preparador físico y confidente, Fernando Signorini, lo ve por vez primera consumiendo cocaína. Otros hubieran cogido al futbolista del hombro, o de un brazo, pero los entrenadores personales tienen otra relación con los cuerpos de sus clientes. "Lo agarré del tobillo. '¿Qué haces?', le dije. 'Bueno, viste, porque con esto te dan ganas de hablar y entonces puedes hablar de cualquier tema', contestó Diego", recodó Signorini en una reciente entrevista en 'Escuela Deporte'.

Maradona décadas después, en el 2008, en un documental del cineasta Emir Kusturika. El mejor futbolista de su generación, para muchos el mejor de todos los tiempos, mira atrás y se pregunta: "¿Sabes qué jugador hubiese sido yo si no hubiese tomado cocaína? ¡Qué jugador nos perdimos!".

Primeras dosis en Barcelona

La primera vez que Maradona probó esta droga fue en 1982, en Barcelona. Acababa de llegar. "Tenía 22 años. Y fue como para… para creerme vivo. Probé droga en el fútbol porque allí como en todos lados hay droga. ¿Sabes qué hacía yo para drogarme sin que nadie me viera? No prendía la luz. Iba al baño con las luces apagadas", contó en una entrevista con 'Gente' en 1996. Aquí su visión de la cocaína nada tiene que ver con la que le dio a Signorini. "Tomé droga durante parte de mi carrera, pero jamás la usé para estimularme. Esos que dicen que la cocaína te estimula no saben nada. Si tomas cocaína para jugar al fútbol, no puedes jugar. La cocaína no sirve para ser mejor en la cancha… No sirve para la vida. No sirve para nada", dijo. Con amplias dosis de autoanálisis, añadió: "Fui drogadicto, soy drogadicto y voy a ser drogadicto siempre. Porque al drogadicto no se le perdona nunca". 

Maradona acababa entonces de salir de una estancia de 10 días en una clínica de rehabilitación en Berna (Suiza). Ya había acumulado varios positivos. El 17 de marzo de 1991, fue inhabilitado durante 15 meses por la Federación italiana de fútbol, al encontrarse vestigios de la droga en un control tras un partido entre el Nápoles y el Bari. Mes y medio después, el 26 de abril de ese año, fue detenido en Buenos Aires junto a un grupo de amigos con drogas en su poder. Tres años más tarde, volvió a dar positivo, pero esta vez en el Mundial de Estados Unidos y por efedrina, una sustancia con efectos similares a las anfetaminas. Y en 1997, de nuevo, cuatro días antes de un partido entre el Boca y el Argentino Juniors.

En octubre de ese año, Maradona dejó el fútbol, pero no la cocaína. Nochevieja del 2000. Ingresa al borde de la muerte, casi en coma, en un hospital en Punta del Este (Uruguay). Tenía crisis hipertensiva y una arritmia ventricular. Faltó poco para la sobredosis. "No quiero dejar este mundo. Voy a luchar para seguir viviendo", dijo al salir. Pocas semanas más tarde, aterrizaba en Cuba. Apenas podía caminar. En principio, iba a estar en la isla seis meses. Acabó viviendo allí, de forma intermitente, entre tratamientos de desintoxicación, durante casi cinco años.

Y al final logró dejar la cocaína, pero solo para abrazarse al alcohol. Hace unas semanas, a comienzos de noviembre, Leopoldo Luque, el médico de cabecera de Maradona, que acaba de someterse a una operación de cirugía en la cabeza, llamó de urgencia a Alfredo Cahe. Dos décadas atrás, Cahe había logrado desenganchar al futbolista. "Diego está como cuando yo lo llevé a Cuba. El alcohol es una droga. Es decir, cambió una cosa por otra", dijo Cahe a la cadena TyC Sports.

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Circulan todo tipo de leyendas e historias de excesos sobre el futbolista y el polvo blanco. Parecen sacadas de la serie 'Narcos', con la Camorra, la mafia napolitana, en el papel de los cárteles de Medellín y Cali. Un ejemplo. Poco después de llegar a la ciudad italiana, Maradona se hizo amigo del capo Carmine Giuliano. En un giro extraño en las relaciones entre delincuentes y celebridades, la cocaína no solo iba de los mafiosos al futbolista. También recorría el camino inverso. Pietro Pugliese, un miembro arrepentido de la Camorra, explicó al semanario 'Panorama' que Maradona llegó a transportar droga para la organización. En aquella época resultaba inconcebible que Diego fuese inspeccionado por la policía en un aeropuerto italiano.

Otro. Abril de 1990. El Nápoles acaba de ganar su segundo título de liga con Maradona. La fiesta, según contó después el excentrocampista Massimo Cripa, tiene lugar, cómo no, en un lujoso yate. Guillermo Coppola, manager del argentino, quien luego le acusó de robarle varios millones, espera a alguien en cubierta. Aparece un hombre en una moto acuática, con dos paquetes. Coppola los coge, se da la vuelta y grita: "¡Llegó la droga!".

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