30 nov 2020

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WATERPOLO

Irene González, el amuleto 'hawaiano' del Sabadell

La jugadora catalana lidera la reconquista vallesana del waterpolo femenino tras triunfar en Mataró y antes en EEUU

José María Expósito

Irene González, este viernes en la piscina del CN Sabadell.

Irene González, este viernes en la piscina del CN Sabadell. / ROBERT RAMOS

Irene González (Esplugues de Llobregat, 1996) es de esas personas tocadas por la varita a las que conviene acercarse. No solo porque sobreviviera a varios tsunamis y a un ataque con misil balístico en Pearl Harbor (hay trampa, de acuerdo, más adelante se explicará) sino porque es un imán del éxito. Tras triunfar en Hawái, en cuya universidad estudió Fisioterapia y jugó a waterpolo durante cuatro años, el flamante refuerzo del Astralpool Sabadell, campeona de Europa y subcampeona del mundo con España, inicia este domingo en las filas del club vallesano su particular defensa del título de liga. El año pasado lo conquistó con el CN Mataró, al que hace dos semanas derrotó en la final de la Supercopa, en la que fue elegida jugadora más valiosa. Hay un amuleto hawaiano en Sabadell.

Tras encadenar nueve ligas (17 en 20 años) y 10 Supercopas (todas las disputadas hasta entonces), el CN Sabadell se vio sorprendido el año pasado en ambas competiciones por un reforzado CN Mataró, en el que acababa de aterrizar Irene tras cuatro años en Estados Unidos. La liga no se pudo completar por la pandemia, pero eso no resta valor a la gesta del conjunto del Maresme. "Éramos un equipo nuevo y el Mataró nunca había ganado una liga, así que nos sentimos muy orgullosas", recuerda Irene, que reconoce entre risas que sus actuales compañeras le van soltando pullitas por haberse adjudicado un torneo inconcluso.

Polivalencia para la selección

Ahora llega al vigente campeón de Europa (la última edición quedó cancelada), que ya tanteó su fichaje hace un año, y su MVP en la Supercopa demuestra que la adaptación ha sido rápida. "Me siento muy a gusto con David [Palma, el entrenador] y con las chicas, muy cómoda, eso hace que todo fluya", dice la nueva compañera de las Laura Ester, Mati Ortiz, Maica García y Judith Forca, junto a las que intentará "ganar todos los títulos posibles" y lograr un puesto para los JJOO de Tokio. "En Mataró jugaba de 4 o de 5, aquí juego también en más posiciones, de 'cubre', de boya... Esa polivalencia me da más oportunidades. Estar en dinámica de selección es otro objetivo este año", argumenta. 

La jugadora catalana en su nueva casa, Can Llong. / ROBERT RAMOS

Lejos de hacérsele grande su nuevo destino, Irene acredita un currículum envidiable, labrado ya en su aventura hawaiana. Con 18 años, viviendo en el CAR de Sant Cugat y habiendo estado en la preselección para los Juegos de Río, logró una beca para estudiar Fisioterapia y puso rumbo a Hawái para vivir una experiencia, aprender inglés, y jugar en una liga muy competitiva como es la estadounidense".

Más táctica, menos físico

"El waterpolo de allí es muy diferente. Aquí es muy físico: te agarro, te giro, te doy una patada... Allí a la mínima te pitan expulsión", compara. "Allí es más táctico. Hay un libro de jugadas. ¡Igual hay 40! Y encima nuestra entrenadora nos hacía exámenes: ‘Dibujadme la jugada tal’ o ‘Explícame cuándo hacemos esta jugada’. Me costó adaptarme, pero al volver aquí tienes más recursos".

Irene González, en un partido con la Universidad de Hawái. / UNIVERSITY OF HAWAII

La barrera idiomática no ayudaba ("vas con tu nivel de inglés acreditado, pero llegas y no te enteras de nada, ¡se inventan palabras!"), pero en su primera temporada fue nombrada novata del año la Big West, la poderosa conferencia universitaria en la que compite Hawái, y entró en el equipo ideal del torneo, al que no faltó en cuatro años. En su tercera campaña se quedó a las puertas de la gloria (se escapó por un gol de oro) pero fue elegida Jugadora del Año, honor que repetiría al año siguiente pero ya ganando el torneo, lo que le permitió disputar los 'nationals', el torneo estatal. "Quizá yo marcaba más goles y eso es lo que queda reflejado, pero éramos un gran equipo, algo parecido a lo de la Supercopa hace 15 días", dice con modestia.

Alerta por misil balístico

Su apuesta fue un acierto también en lo personal. "Hawái es una maravilla: el paisaje, las playas... Es como en las películas, como en la serie 'Hawai 5.0'", resume. Volvió con una mochila de recuerdos y anécdotas. Aún se asombra al recordar cómo sus conocidos de la isla seguían impasibles al recibir en el móvil una alerta por tsunami del gobierno hawaiano.

Pero un día el aviso era diferente: "Alerta de misil balístico en dirección a Hawái. Busque refugio de inmediato. Esto no es un simulacro". Recibir ese mensaje a pocos kilómetros de la base naval de Pearl Harbor debe ser inquietante. "Lo leí y no sabía qué pensar, porque como a las otras alertas no les hacían caso... Pero pregunté y me dijeron que iba en serio, que había que coger agua y comida y ponerse a salvo. Llamé a mis padres llorando, para decirle que les quería, pensando que iba a morir. Mi madre me decía que no me acercara a las ventanas», rememora agitada. Al cabo de unas horas supieron que el mensaje se había enviado por error. "Todos seguíamos en 'shock', menos mi entrenadora: ‘En media hora entrenamos’".