EL GRAN CLÁSICO LIGUERO

Zidane y el Madrid, al borde del abismo

El técnico del Madrid se siente confiado antes de visitar al Barça después de dos derrotas seguidas

El capitán blanco Sergio Ramos ha entrenado con normalidad y podrá jugar en el Camp Nou este sábado

Zinedine Zidane durante el último partido del Madrid.

Zinedine Zidane durante el último partido del Madrid. / AFP

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El camino hacia el primer gran partido de la temporada ha dejado al Madrid con dos inesperadas derrotas que complican el futuro inmediato. El Clásico se antoja un juicio para un Zidane que, pese a caminar por el borde del abismo, rebosa confianza. “En la temporada hay momentos bajos y hay que aceptarlo. El Clásico es un buen partido para reivindicarnos”, dijo este viernes, empeñado en mandar un mensaje de tranquilidad y naturalidad entre la situación crítica del equipo. “Es un partido importante para cambiar nuestra imagen. Si hacemos las cosas bien, vamos a recuperar la confianza”, insistió el técnico francés.

La Champions, que solía ser un refugio cálido y acogedor para el Madrid, fue el detonante que ha hecho saltar todas las alarmas. La justificación de la mala actitud ya se utilizó en el partido perdido ante el Cádiz, pero la derrota europea en casa ante el Shakhtar reveló todas las carencias futbolísticas de los blancos y ha virado las críticas hacia las estructuras mismas del equipo, desde la confección de la plantilla hasta el entrenador. 

Ni dimisión ni despido

Por el momento, las noticias son que Zidane no piensa dimitir (otra vez) y que el club apoya con firmeza al francés, pero es sintomático que se hable en esos términos del técnico que ha capitaneado la última etapa gloriosa del club y que después volvió, en medio de un declive generacional que arrolla con todo, para rescatar la Liga de la temporada pasada gracias a un bloque sólido y con compromiso, que este año ha perdido las sensaciones. 

La reunión catártica después de otra derrota alarmante no ha ocupado tantos titulares como ante el Cádiz. Los mensajes de que el equipo está confiado en sus posibilidades y de que el entrenador afronta esta temporada como un reto (y no como la confirmación de un declive anunciado e inevitable) se han reducido al mínimo ante la inmediata prueba del algodón en Barcelona. La gran noticia de los blancos es el regreso del capitán Sergio Ramos, ausente ante el Shakhtar. “Es nuestro líder y no vamos a arriesgar, pero está recuperado y va a estar en el partido”, confirmó Zidane sin ningún atisbo de dudas. 

A un paso del cataclismo

La tercera derrota en una semana, ante el máximo rival y en medio de una primera fase de Liga de Campeones que ya se ha complicado, provocaría un cataclismo de magnitudes bíblicas en el Madrid. Todo el mundo percibe, cada vez con mayor nitidez, que los éxitos del pasado son poca garantía para un futuro incierto, para los que los blancos andan escasos de recursos. 

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El Madrid es un equipo limitado en ataque, con una dependencia casi plena del momento de forma de Benzema, y que tiene que hacer muchas cosas bien, perfectamente compenetrado, para ser competitivo en defensa, presionar y controlar los partidos. Volver a conseguir el rendimiento óptimo del final de la temporada del confinamiento se antoja cada vez más complicado, sin un estado de forma óptimo, para un equipo un año más veterano, sin fichajes salvo la vuelta de Odegaard y con los mejores productos de su cantera recién vendidos por Europa.

“El Barça siempre ha sido fuerte, con cada entrenador”, dijo con convicción un Zidane que rehuyó como pudo las preguntas sobre su futuro y los juicios de valor sobre su trabajo que se han intensificado con los malos resultados: “Siempre he sido crítico conmigo, es el motor para mejorar. Acepto las críticas, no vivo del pasado. Pero estos jugadores me han hecho ganar muchas cosas y voy a estar siempre a muerte con ellos”, confesó entre llamamientos a la unidad y al trabajo, sin garantías de éxito.