LA HISTORIA DEL NUEVO JUGADOR AZULGRANA
Cuando Pjanic salvó a su familia de la guerra de Bosnia

Miralem Pjanic llega con su coche al centro de entrenamiento de la Juventus el pasado martes. / periodico
Miralem Pjanic está acostumbrado a ser un jugador decisivo sobre el césped. Pero la jugada más determinante de su vida y de la de su familia la hizo cuando solo era un bebé y en su primera visita a las oficinas de un club. Quién sabe cuál hubiera sido su destino y el de sus padres si no hubiera tenido una intervención tan inesperada como providencial.
En 1990 Fahrudin Pjanic, padre del hoy jugador del Barça, detectaba en el aire el clima enrarecido y la violencia agazapada que llevaría la guerra a Bosnia. Por eso el también futbolista tenía claro que debía hacer las maletas y llevarse a su mujer y al recién nacido Miralem bien lejos de una Yugoslavia que estaba a punto de explotar. Tenía una oferta para jugar en Luxemburgo en el FC Schifflange 95, donde años después Miralem daría sus primeros pasos futbolísticos. El problema era que el equipo de Fahrudin, el Drina-Zvornik de la Tercera División yugoslava, se negaba a facilitarle la salida. Fue dos veces al club, pero volvió con las manos vacías.
Así las cosas su mujer decidió presentarse en las oficinas con su hijo en brazos para suplicar que les dieran los papeles para empezar una nueva vida lo más alejada posible de los tambores de guerra que se empezaban a escuchar en los Balcanes. El empleado del club se mostraba reluctante y Fatima, que ya no sabía qué más decir, se rompió. “Mi madre le pidió al secretario que nos diera los documentos que necesitábamos para salir del país, y él no quiso, después de lo cual ella se echó a llorar”, relataba Miralem al 'Sarajevo Times'. Unas lágrimas que se contagiaron al bebé que tenía en brazos, que empezó a berrear a pleno pulmón. Un llanto desconsolado que logró ablandar al empleado, que abrió el armario para darle los preciados papeles remarcando que solo lo hacía por el bebé. "Si no fuera por Miralem, es probable que nunca hubiésemos salido del país", reconocía años después Fatima a la revista 'Slobodna Bosna'.
"Si no fuera por Miralem, es probable que nunca hubiésemos salido del país", reconocía su madre
La familia Pjanic metió todo lo que tenían en un par de bolsas y puso rumbo hacia un futuro incierto. Atrás dejaban la atmósfera prebélica de Bosnia, donde un par de años después estallaría una guerra que duraría tres años y dejaría más de 97.000 muertos. En Srebrenica, a una hora en coche de las oficinas del Drina-Zvornik, las tropas serbobosnias dirigidas por el general Ratko Mladic asesinaron en julio de 1995 a 8.372 hombres y adolescentes bosniomusulmanes, en la peor matanza cometida en Europa tras la segunda guerra mundial.
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