22 sep 2020

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LEIPZIG - AT. MADRID (2-1)

El Leizpig expulsa al Atlético de la Champions

El brillante equipo alemán, con un decisivo Dani Olmo en sus filas, echa al frustrado equipo de Simeone de Lisboa y se enfrentará al Paris SG de Neymar en semifinales

Albert Guasch / Lisboa

Olmo, celebrando el primero gol del Leipzig.

Olmo, celebrando el primero gol del Leipzig.

El Leipzig, quién lo iba a decir, dio una patada al Atlético de Madrid, lo expulsó de Lisboa y se ha plantado en las semifinales de esta fase final de Champions (2-1). A lomos de un juego alegre, que cabalga de forma innegociable con el pase veloz, amargó la vida al equipo del Cholo Simeone, que maldecirá la oportunidad de un cuadro aparentemente menos espinoso. Ahora le espera al conjunto germano el Paris Saint Germain de Neymar.    

El Leipzig se mostró como un equipo exquisito en la circulación. Uno o dos toques como mucho. Rápido, rápido. Esa velocidad y la presión intensa forman parte del sello del joven técnico de los alemanes, Julian Nagelsmann, de 33 años, toda una sensación en la Bundesliga desde hace un par de años. El Leipzig, con este juego artístico, alcanzó durante algunas semanas la cima de liga alemana. Luego, como siempre, cayó del lado del Bayern, pero Nagelsmann ha ido demostrando tener alguna idea de cómo jugar al fútbol moderno de toque, apoderándose sus jugadores de todos los rincones del campo.

El Atlético se vio en apuros ya de entrada, lo cual no equivalía a que Oblak tuviera una noche sufrida. Todo lo bien que movió la pelota el Leipzig, se mostró poco eficaz en crear oportunidades en la primera parte. Dani Olmo, el futbolista catalán, participó con asiduidad y elegancia en la construcción. El Atlético, cediendo la posesión como corresponde al manual de Simeone, da igual si delante está el Barça o el Leipzig, obtuvo las mejores ocasiones en sus salidas en estampida. Pero lo de abrir el cerrojo costó.

Gol de Olmo

La buena dinámica combinatoria del cuadro alemán encontró premio en el despegue de la segunda mitad. Olmo, buen llegador, sacó lustre a una jugada colectiva de postre dulce, sabrosísima, culminada con un remate de cabeza imposible de atajar. El cholismo se vio contra las cuerdas por un rival sin nombre pero placentero de ver. Todos los jugadores parecían disfrutar con el balón en los pies. Gloria al despliegue con toque. 

Simeone, que no es hombre de cortesías, había dejado en el banquillo a Joao Felix, el niño idolotrado por los anfitriones, pero lo puso en el campo poco después de encajar el tanto. No se arrepintió. Lo mejor de los atléticos pasó por las botas del chico de 20 años. Lo más sustancial, el penalti que provocó, que pidió lanzar y que anotó el empate (m. 70). Sacó del fango a su equipo con su fresco talento.

Pero no fue suficiente ante el juego vitaminizado de los alemanes, que en una salida fulgurante trasladaron el balón a Angelino, que cruzó con perspicacia hacia Adams. Su disparo, regular, rebotó en Savic, y se hizo entonces brillante. El esférico entró y despidió al Atlético de la Champions (m. 88). Como en aquella final ante el Madrid, Lisboa le ha dado la espalda al cholismo.