29 sep 2020

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BARRACA Y TANGANA

El horario

Admiro la capacidad de unos pocos elegidos para darlo todo en la previa de los partidos, descarrilar y volcar durante los noventa minutos y resucitar para la celebración como si nada hubiera ocurrido

Enrique Ballester

David Silva (izquierda, Manchester City) y Lucas Vázquez (derecha, Real Madrid), se saludan tras el partido de Champions del viernes.

David Silva (izquierda, Manchester City) y Lucas Vázquez (derecha, Real Madrid), se saludan tras el partido de Champions del viernes. / peter powell (efe)

El mundo se fue a la mierda cuando cambiaron el horario de la Champions. No tengo pruebas pero tampoco dudas. Primero porque era un magnífico detector de impostores, de domingueros de la pelota, de aquellos que solo aparecen en las conversaciones futboleras cuando llegan los Barça-Madrid o las eliminatorias finales. Con lo bonito y fácil que era responder con un áspero y condescendiente "a qué hora va a ser, a la de siempre" cuando preguntaban a qué hora se jugaba el partido esa noche, con lo bonito y fácil que era y nos lo quitaron con los horarios múltiples. Nos quitaron además la única certeza generacional que nos quedaba, que la Champions se jugaba a la hora de siempre, pero cambiaron el horario y ya solo falta que vuelva la peste.

Cuidado con la tendencia a los horarios tardíos, aviso, por otra parte. Mi equipo jugó hace poco los playoffs de ascenso a Segunda División y llegó dos veces a la prórroga y una a la tanda de penaltis. Los partidos empezaron a las 10 de la noche y como la mayoría de mis amigos quedaron para hacer la previa de buena mañana, desde el aperitivo, ahora hablas con ellos de los partidos y te introduces en la dimensión del realismo mágico, con lagunas, apagones y desvaríos. Uno de ellos, el Ripo, preguntó por WhatsApp por qué el de la tele nos llamaba todo el rato el “equipo decano”, como si fuéramos el Recreativo de Huelva, cuando en realidad el de la tele nos estaba llamando el “equipo de Cano”, de Óscar Cano, el entrenador, y así se lo explicamos, muy educadamente dicho sea de paso. Al menos, hay que admitir que el Ripo aún escuchaba algo, que tenía su mérito.

El balón paragüero

La confusión es alegría. Enseguida recordé el famoso 'balón paragüero', de cuando nosotros teníamos porvenir y la Champions horario fijo: gente preguntándose en sus casas si aquello era una jugada nueva de fantasía, el 'balón paragüero', cuando se trataba de un "balón para Agüero" el Kun Agüero, el delantero. Ander Izagirre añadió por Twitter la suya: un amigo burgalés flipaba cada vez que en la televisión vasca llamaban "el antiguo etarra" a De Pedro, aquel zurdo de la Real Sociedad. Le tuvo que explicar que era antiguotarra, del barrio de El Antiguo.

Pero recordemos, comprendamos y valoremos al Ripo, porque hubo otros que ni siquiera llegaron operativos a la hora de arranque de los partidos, los caídos por el camino, sacrificados por la causa mayor de nuestro equipo. Admiro la capacidad de unos pocos elegidos para darlo todo en la previa, descarrilar y volcar durante los 90 minutos y resucitar para la celebración como si nada hubiera sucedido. Son sin duda unos profesionales intachables de lo suyo.

Tras ganar la semifinal del playoff, Sergio desconectó y no dio señales de vida hasta la mañana siguiente. Llegó a la oficina a las once, encendió el ordenador para fichar y bajó de vuelta al bar. “Si subimos, no lo cuento”, nos dijo, y nos lo creímos. Pero subimos, lo contó y ahí sigue el tío, esperando el próximo partido. Vidas destrozadas porque cambiaron el horario de la Champions y nos rompieron el cosmos y el equilibrio.