13 ago 2020

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EL ESTILO DE LA CAMPEONA

La España más bella: de la furia al toque

La Roja triunfó en Sudáfrica con una mezcla de toque y eficacia que enterró definitivamente el tópico de la furia

Seis azulgranas, siete si se incluye a Villa, fueron titulares en la final que supuso la primera estrella para la Roja

Raúl Paniagua

Del Bosque, junto a Llorente, Xavi, Busquets y Torres, en un entrenamiento del 2010 en Sudáfrica.

Del Bosque, junto a Llorente, Xavi, Busquets y Torres, en un entrenamiento del 2010 en Sudáfrica. / AFP / STRINGER

El 11 de julio del 2010 se confirmó definitivamente la defunción de la furia, ese tópico asociado a la selección española que tiene su origen en los JJOO de Amberes celebrados hace justo un siglo. Esa etiqueta solo había servido para coleccionar desgracias.

Su entierro tuvo lugar en una noche inolvidable en Johannesburgo, coronada con el gol de Iniesta que sirvió para lucir la primera estrella de la historia. Atrás quedaban imágenes icónicas de duros fracasos: el penalti de Eloy Olaya en 1986, el error de Julio Salinas y la cara ensangrentada de Luis Enrique en 1994, la debacle ante Corea del 2002... La selección de Vicente del Bosque, con el sello evidente del Barça, se convirtió en un modelo para todo el mundo. Fue el éxito de la España más bella.

Luis Aragonés, el pionero

Una parte del camino ya estaba hecha. El torneo de Sudáfrica no supuso ninguna ruptura, sino más bien una continuidad de la Eurocopa 2008. Siendo justos, hay que reconocer que fue Luis Aragonés el pionero en ese giro de tuerca que cambió la mentalidad de la selección. Los cuartos de final de Viena resueltos en los penaltis ante Italia supusieron el fin de la maldición española y el comienzo del ciclo más glorioso con el título sellado contra Alemania.

Los jugadores de la selección española mantean a Luis Aragonés tras el título delo 2008 / AP

Aquel bloque, con Xavi como indiscutible maestro, alcanzó las mayores cuotas de plasticidad en la semifinal ante Rusia. Dos años después tocaba corroborar las sensaciones para certificar una serie que solo había logrado antes el combinado germano (1972 y 1974): Eurocopa y Mundial. España aún iría más lejos añadiendo el trofeo continental del 2012, el colofón a una trilogía sin precedentes.

La pelota del Barça

"¿Con quién voy?", se preguntaba Johan Cruyff en las páginas de EL PERIÓDICO durante el Mundial. "Soy holandés, pero defiendo el fútbol que juega España", se respondía a sí mismo hace una década. Es cierto que el éxito de la Roja se cimentó también en el ángel de Casillas y la fortaleza defensiva (el 1-0  fue el resultado de todas las eliminatorias), pero la esencia del juego se vinculó al fútbol abanderado por el Profeta en los años 70 y en su etapa como técnico del dream team. En el lado opuesto, aquella Holanda de Van Marwijk se acercaba más a los valores asociados en el pasado a la Roja. El coraje, la intensidad, el valor, la furia.

"¿Con quién voy? Soy holandés, pero defiendo el fútbol que juega España", escribió Cruyff en EL PERIÓDICO

Del Bosque se plantó en la final con seis azulgranas en el equipo titular (Piqué, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta y Pedro). Siete si se incluye a Villa, que ya tenía cerrado su traspaso al Camp Nou. La pelota era del Barça. La campeona adoptó un estilo con la estética reconocible del equipo catalán, dirigido en aquellos tiempos por Pep Guardiola. 

Sin egos

A esa fantástica combinación se añadió el gen competitivo del Madrid, representado por Xabi Alonso, Sergio Ramos y Casillas, y la solvencia incuestionable del máximo goleador de la historia de la selección. Entre todos se configuró un manual atractivo y admirado, una filosofía sin complejos fortalecida por la unidad de un vestuario sin egos desmesurados que supo ir de menos a más durante el torneo, de la derrota inicial ante Suiza al éxito final contra Holanda, superando escollos de todo tipo. 

Puyol, Cesc, Piqué, Iniesta y Villa, en un entrenamiento de la selección en Sudáfrica / AP

Eran tiempos en los que solo se hablaba del balón sin importar demasiado el color de la camiseta o el origen del jugador. Daba igual si jugaban vascos, catalanes o madrileños porque eran los mejores y creían en ellos. Esa unión, tan añorada en épocas anteriores, acabó llevando a España hasta el cielo

Xavi y Casillas

Solo Mourinho fue capaz de romper la armonía de unos referentes que llegaron al alcanzar el Premio Príncipe de Asturias. Xavi y Casillas se llevaron el galardón en el 2012 como emblemas de una generación que enganchó a todo el país. La selección podía marcar de córner, como Puyol ante Alemania, o con una jugada eterna repleta de toques. Lo importante era la base, la idea de ser protagonistas a través de la posesión, sin olvidar conceptos claves como la tensión defensiva, la agilidad en la circulación y el movimiento de los puntas. Era el cóctel perfecto para instalarse en la cima.

Casillas y Xavi recogen el Príncipe de Asturias del 2012 en Oviedo / REUTERS

"Ganó España, goleó Iniesta y triunfó el estilo Barça". Así resumió Cruyff, nuevamente en este diario, el éxito de la Roja. El astro, fallecido en el 2016, disfrutaba con ese fútbol, como lo hacían muchos culés, algunos sin excesivo apego a la rojigualda. Aquella selección enomoraba en todos los rincones. "¡Visca España!", llegó a titular el diario As. "¿Era España quien marcó ante Alemania o era quizá el Barça contra el Bayern?", se preguntó el prestigioso 'The New York Times' tras la semifinal. Era la Roja más azulgrana. La más bella.