BARRACA Y TANGANA

A ninguna parte

A veces pienso qué perseguimos con el fútbol y qué perseguimos por ahí

Ter Stegen detiene el penalti lanzado por Diego Costa, que el árbitro hizo repetir 

Ter Stegen detiene el penalti lanzado por Diego Costa, que el árbitro hizo repetir  / ALBERTO ESTÉVEZ (EFE)

2
Se lee en minutos
Enrique Ballester
Enrique Ballester

Periodista

ver +

En sexto o en séptimo curso fuimos de viaje de estudios a Port Aventura y al llegar al parque nos faltó tiempo para subir al Dragon Khan, que era lo máximo entonces el Dragon Khan, esa montaña rusa exótica y monumental. Al bajar, con las piernas temblando, mareado y aguantando el vómito, juré que nunca más, que eso no era para mí, que menuda tontería pagar por sufrir así. Debe ser la única promesa que he conseguido cumplir.

No estamos para sufrir, no estamos para pagar por sufrir, no estamos para sufrir a menos que nos paguen lo suficiente para sufrir. En cada partido importante y ajustado de mi equipo, cuando miro el marcador y es el minuto 80, me juro que nunca más, que menuda tontería pagar por sufrir así. Me juro que dejo el fútbol, que no compensa, que en ese momento podría estar tirado en una hamaca con mis hijos, yo qué sé, teóricamente feliz, tranquilo y cosas así. Luego acaba el partido y se me olvida hasta el siguiente minuto 80, que me pregunto otra vez cómo soy tan idiota por reincidir, y me juro que nunca más, aunque en el fondo sepa que es algo que ni puedo ni podré remediar jamás.

A veces pienso qué perseguimos con el fútbol y qué perseguimos por ahí. Anoche acabamos en una coctelería nueva próxima a casa, pedí un cóctel llamado 'puñetaço' y ahora mismo puedo asegurar que hace honor a su nombre, que da lo que promete el 'puñetaço', mi enhorabuena al que le puso nombre al 'puñetaço'. Ahora mismo me juro que nunca más, por supuesto, que menuda tontería pagar por sufrir, que no hay ninguna necesidad de crujir así. Pero lo hacemos sin fin: siguiendo una estela brillante y fugaz quemamos miles de noches entre la diversión y el arrepentimiento. Y ni siquiera vemos una meta, ni la intuimos, es simplemente un largo camino. Nuestro equipo y el 'puñetaço' de turno son excusas eficaces para perseguir la nada mientras nos sentimos vivos.

Lecciones acumuladas

El viaje a ninguna parte del fútbol tiene algún sentido porque es entretenido. Se aprenden cosas alrededor del fútbol. Hace demasiado tiempo que no veo salir a un ultra con un jamón debajo del brazo en un área de servicio, y debería volver a verlo pronto porque a ratos estoy tentado de confiar en el ser humano.

Se acumulan las lecciones con el fútbol. Si alguien os dice que no valéis para lo vuestro, recordad que a Benzema hasta hace nada lo llamaban Benzemalo. Seguramente seguiréis sin valer, pero al menos estaréis distraídos pensándolo durante un rato.

Noticias relacionadas

Emergen escenas inspiradoras gracias al fútbol. Soy reincidente en lo de engañarme a mí mismo: anoche se me olvidó contar que con el reglamento en la mano la parada de Ter Stegen en el penalti contra el Atleti es ilegal, porque no puedes usar un reglamento para parar un penalti, pero a cambio hablamos de un partido en juveniles, que me llevé los apuntes con gran optimismo, convencido de que estudiaría a la vuelta en el autobús del equipo.

El padre de un compañero me vio subir con el fajo de folios, me miró con afilado desprecio y me dijo 'estudia, estudia mucho que te va a hacer falta, que con el partido que has hecho, olvídate de ser futbolista'.