11 jul 2020

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PANDEMIA DE CORONAVIRUS

La cuarentena de los maratonianos

Los mejores fondistas del mundo han sufrido la suspensión de la mitad de la temporada y afrontan un fururo incierto con el sustento de sus familias en juego

Marc Roig

Sesión de entrenamiento de Sally Chepyego (c), Anthony Maritim (d) y Eliud Kipchoge en el gimnasio Trim de Eldoret de Kenia.

Sesión de entrenamiento de Sally Chepyego (c), Anthony Maritim (d) y Eliud Kipchoge en el gimnasio Trim de Eldoret de Kenia. / Dan Vernon

A mediados del mes de marzo, cuando España decretó por primera vez el estado de alarma, en Kenia se podían contar los casos de coronavirus con los dedos de una mano. Sin embargo, el gobierno ya empezó a tomar medidas: se cerraron los colegios, se decretó el toque de queda y se prohibió entrenar en grupo a los deportistas. 

Los campos de entrenamiento, las residencias donde viven y se preparan los mejores maratonianos del mundo, se vieron forzados a cerrar. Sus inquilinos, nombres de la talla de Eliud Kipchoge y Geoffrey Kamworor, tuvieron que irse a sus casas. Se les permitía seguir corriendo, pero de manera individual o en grupos de dos o tres corredores, sin embargo, eso no era lo peor. Lo más perjudicial fue que sus maratones de primavera (la mitad del sueldo anual para muchos de ellos) se fueron esfumando una a una. 

Incertidumbre plena

Durante algunas semanas reinó el caos. Las carreras de marzo, como la Zurich Marató de Barcelona o la de Seúl, fueron de las primeras en ser canceladas. Las de abril, en especial la muy esperada maratón de Londres, tardaron varias semanas más. Los atletas, muchos de ellos es un estado de forma óptimo, se resignaron a dejar de correr. Seguían entrenando como pollos sin cabeza: a alta intensidad pero sin un objetivo claro.

Por esa razón, algunos representantes de atletas se inventaron eventos a contrarreloj. Una compañía holandesa de representación de atletas, Volare, organizó la Coronarun Half Marathon para el 4 de abril, una media maratón donde cada uno de sus atletas representados se cronometraba 21,1 kilómetros con su GPS. Los ganadores de este evento fueron Edwin Kirwa, con 1:01:52 y Fancy Chemutai, con 1:10:05.

Reto virtual

Otro representante de atletas, Ikaka, realizó el mismo tipo de reto, pero sobre la distancia de maratón y su ganador completó el recorrido, en solitario, en 2:18. Aún así, el evento que más renombre ha conseguido es el del NN Running Team y Maurten, que se celebra este fin de semana, no solo por el prestigio de los participantes (además de Eliud Kipchoge y Geoffrey Kamworor, estarán en la línea de salida Kenenisa Bekele o Joshua Cheptegei) sino porque es un evento global que espera llegar a los 100.000 participantes en todo el mundo. La carrera se ha bautizado como MA RA TH ON y consiste en formar equipos de cuatro corredores en los que cada uno se cronometra 10,5 kilómetros. Luego, a través de la plataforma Strava, los tiempos se suman para formar una maratón.

En el evento no se esperan tiempos muy rápidos. Los atletas, después de esas semanas de incertidumbre, entendieron que la temporada de primavera había pasado de largo. Fue el momento de descansar, gustara o no, y empezar de nuevo al cabo de dos o tres semanas como si fuera una pretemporada para el otoño, la otra época importante de maratones. El foco del trabajo se puso en el condicionamiento general, con entrenamientos largos y suaves, junto a mucho refuerzo muscular para la prevención de lesiones: sentadillas, escaleras, gomas elásticas, multisaltos… La calidad ha pasado a un segundo plano y son pocos los atletas que se están exigiendo ritmos rápidos. Los cambios de ritmo son la manera más práctica de intercalar sesiones de calidad sin el estrés que producen las series. Ocho minutos rápidos, seguidos de dos minutos lentos y repetir la serie unas 5 o 6 veces.

Futuro incierto

A partir de ahora, Kenia especula con abrir sus fronteras antes de final de mes, pero los casos de infectados y de fallecidos (muy bajos, en general) han sido peores esta semana. Algunas carreras previstas para otoño, en especial los maratones de Berlín y de Boston, ya se han cancelado. Barcelona, por su parte, confía en que se pueda celebrar (incluso anunciaron que “la Mercè” tendría lugar). Y lo mismo afirma Valencia sobre su maratón para el lejano 6 de diciembre. 

Los atletas pueden correr, pero sin maratones y sin vuelos internacionales, el panorama es incierto. Los formatos virtuales cobrarán más fuerza a partir de 2020, pero será difícil que consigan el poder de atracción de las carreras multitudinarias porque el éxito de los maratones (algo que no consigue el atletismo de pista) es que un corredor aficionado pueda estar en la misma línea de salida que los corredores de élite. Y que pague por ello. De ese dinero depende que una carrera se celebre o no. Y de esa carrera depende la subsistencia muchos atletas kenianos y sus familias, vecinos y comunidad.