LA TEMPORADA BLANQUIAZUL

La furia de Javier Aguirre, un enemigo conocido

El técnico mexicano evitó el descenso perico hace siete años con un estilo genuino e inolvidable

Javier Aguirre da instrucciones a sus jugadores en el partido ante el Alavés de la pasada jornada.

Javier Aguirre da instrucciones a sus jugadores en el partido ante el Alavés de la pasada jornada. / EFE / DAVID AGUILAR

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Raúl Paniagua
Raúl Paniagua

Periodista

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«Señorita, tiene dos minutos para hacer las fotos. Ni uno más, ni uno menos. Y no proteste, que se le irá el tiempo. ¡Ándale!». A Javier Aguirre (Ciudad de México, 61 años) nunca le han gustado las fotografías. Se lo dejó bien claro a nuestra compañera Elisenda Pons, que las pasó canutas para retratarlo antes de una entrevista con EL PERIÓDICO en su etapa perica.

Pasaron los 120 segundos y no hubo más. Fue suficiente. Lo compensó con una extensa charla de esas que no se olvidan. No es su única manía. El técnico mexicano es un tipo especial, de esos que enganchan desde el primer momento sin remedio. Puro carácter y carisma.

El sustituto de Pochettino

Aguirre odiaba y odia las fotos. En eso no se parecía en nada a Ernesto Valverde, un apasionado de las cámaras y los focos que también pasó por el banquillo blanquiazul. El Txingurri dirige ahora al Barça, mientras El Vasco, apodado así por ser hijo de emigrantes de Euskadi en México, ha vuelto a la Liga española al frente del Leganés, el rival perico de este domingo. El club madrileño ha recurrido a la pasión de Aguirre para salir del descenso repitiendo precisamente lo que hizo el Espanyol hace siete años.

Aguirre, antes de una entrevista con EL PERIÓDICO en Sant Adrià en el 2013 / ELISENDA PONS

A los pericos les funcionó de maravilla el plan, por lo que el recuerdo de Aguirre es excelente. El mexicano llegó al equipo a finales de noviembre en plena convulsión. Joan Collet despidió a Pochettino tras caer en Cornellà ante el Getafe (0-2). El Espanyol daba pena, iba último y solo había sumado 9 puntos de 39 posibles. 

"Cabeza, corazón y lo de abajo"

El Vasco se impuso a Marcelino en la criba final y revolucionó el vestuario. Los jugadores creyeron en él desde el primer día y todo fue rodado. «Este equipo se salvará con la cabeza, el corazón y lo que sigue abajo», proclamó en su presentación. Encadenó 22 puntos de 33 posibles, con una sola derrota en 11 jornadas, la sufrida en el Camp Nou (4-0).

"Es de los mejores técnicos que he tenido. Me enseñó a competir cada minuto como si fuera el último", asegura Stuani

A seis jornadas del final el equipo ya tenía garantizada la permanencia y acabó el 13º. En su segundo y último año fue 14º. El club le ofreció renovar a la baja y no aceptó, cuando meses antes había rechazado una oferta para ir al West Bromwich de la Premier.

Fueron 63 partidos al frente del club blanquiazul, una pequeña muestra en una amplísima carrera con cerca de 700 duelos dirigidos en ocho clubs (Atlante, Pachuca, Osasuna, Atlético, Zaragoza, Espanyol, Al Wahda y Leganés) y tres selecciones (México, Japón y Egipto), pero suficientes para dejar un grato recuerdo en la memoria perica. 

Tres supervivientes

Los jugadores que convivieron con el mexicano no lo olvidan. Tampoco a su ayudante, Alfredo Tena, un técnico que con su apodo, Capitán Furia, lo decía todo. En la plantilla actual, quedan tres supervivientes de la etapa de Aguirre:Javi López, Víctor Sánchez y David López. «Viví contento en Barcelona. Hicimos un bonito grupo. Quedan futbolistas que estuvieron conmigo y otros amigos. Utilleros, delegados... gente entrañable que me trató muy bien. Nos daremos un abrazo», afirmó este viernes el técnico. 

No es habitual toparse con un tipo tan genuino, protagonista de todo tipo de improperios y anécdotas. «Solo tengo buenos recuerdos de Javier. Es de los mejores entrenadores que he tenido. Es una persona auténtica, que sabe perfectamente lo que quiere y lo transmite de forma especial, como me gusta a mí. Con carácter y personalidad», rememora Cristhian Stuani para EL PERIÓDICO. 

Aguirre, junto a Stuani, en un entrenamiento del Espanyol en febrero del 2013 / IGNASI PAREDEZ

El delantero uruguayo del Girona vivió aquellas dos temporadas con Aguirre en el club perico «Me siento un afortunado de haber sido dirigido por él. Aprendí mucho, le tengo un enorme cariño y admiración. Me enseñó a competir cada minuto como si fuera el último, a querer ganar todos los partidos, a pelear hasta el último segundo cada balón, a creer que aún perdiendo en el minuto 93 es posible empatar y ganar. Me marcó mucho».

Charlas divertidas

El míster apostó por la experiencia para reflotar al equipo, lo que fue en prejuicio de los más jóvenes, que perdieron protagonismo. Uno de ellos era Cristian Gómez, actual jugador de L’Hospitalet. «Era una persona muy exigente, sobre todo con nosotros. Sus charlas eran a veces divertidas y enfocadas a competir cada partido al máximo fuera cual fuera el rival», explica a este diario el centrocampista.

"Un día fue al jacuzzi a por mí con rabia. No quería verme allí tras jugar solo 60 minutos. Me dejó dos semanas sin convocar", recuerda Cristian Gómez

Gómez sufrió el temperamento de El Vasco.«Recuerdo muchas anécdotas con él, especialmente una cuando se enfadó conmigo por hacer recuperación después de jugar 60 minutos en un partido. Me vino a buscar al jacuzzi con rabia, hecho una fiera. Se cabreó tanto que me dejó dos semanas sin convocar por eso. No entendía que un joven que jugara esos minutos tuviera que recuperar un lunes».

El mediocentro destaca la metamorfosis del equipo con el mexicano, un apasionado de la narrativa latinoamericana y el béisbol. «Apostó por un juego más práctico, más en largo. Se trataba de defender más atrás, aprovechar los fallos del rival para marcar y aguantar al máximo. Al final nos salvamos muy bien en una temporada en la que parecía que sufriríamos hasta el final». 

"Ni niñera ni canguro ni policía"

Esa receta la ha repetido siempre, con éxitos  como la cuarta plaza que logró con Osasuna en el 2006. «Era un crack. Se pintaba los ojos con un rotulador, se abrazaba a la pizarra, le pegaba patadas a la mesa... Salías disparado de sus charlas», recuerda el exportero Ricardo

«Se pintaba los ojos con un rotulador, se abrazaba a la pizarra, pegaba patadas a las mesas... Era un crack. Salías disparado de sus charlas» (Ricardo, exportero de Osasuna)

Cuando se le preguntaba por su éxito con el vestuario, Aguirre lo tenía claro. «Tengo tres hijos varones. Eso me ayuda en el fútbol. Sé coleguear, conozco la música. Controlo todo en los entrenamientos, pero luego no quiero saber nada. No soy niñera ni canguro ni policía», resume el técnico, capaz de subir la autoestima del ser más hundido.

Aguirre, el pasado abril en los juzgados de Valencia, donde declaró por el posible amaño de un Levante-Zaragoza del que fue absuelto este mes / AUTOR FOTO (FUENTE)

"El negrito cabrón"

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Los pericos también recuerdan sus roces con Wakaso, con el que vivió una relación  especial. «Es un negrito cabrón. No me deja dormir el hijito. Nos manda mensajes a cada rato el pesado. ‘Suerte míster’. Ya sé cabrón, déjame dormir, cabrón, que son las dos de la mañana», bromeaba en una rueda de prensa.

El ghanés llegó a estar 55 días fuera por la Copa de África y fue castigado por llegar tarde. Una vez perdonado, el mexicano volvió a la carga. «El negrito está como nunca. Espero que no sea flor de un día el sinvergüenza». Y todo siguió rodado hasta la permanencia.