19 feb 2020

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BARRACA Y TANGANA

Tanta sinceridad

La verdad no importa, la verdad sobra; lo recordé con el polémico vídeo de Peru Nolaskoain

Enrique Ballester

Peru Nolaskoain.

Peru Nolaskoain. / DEPORTIVO

Existen dos tipos de personas. Las que llevamos las llaves en la mano desde un kilómetro antes y las que llegan al portal y entonces dicen uy, tendré que abrir con algo. Existen dos tipos de hinchas. Los que llegan al estadio y preguntan contra quien se juega esa tarde -o como poco contra quien se juega en la jornada siguiente-, y los que en agosto ya han memorizado al detalle el calendario hasta Navidades.

Todos los tipos de personas y todos los tipos de hinchas saben que la Navidad comienza de veras cuando pones el árbol en casa, que quizá sea este el único consenso que quede en pie en España ahora mismo. Este y opinar de películas y partidos de fútbol que no hemos visto, eso también nos une como pueblo. Yo solía pasar la Navidad en Zaragoza porque allí vive la familia de mi padre. Mi primo Víctor me recibía siempre con destacadas novedades. Un año era un disco, otro una actitud vital y a menudo un videojuego, cosas de chavales. Un año la novedad era la moto que le habían comprado para ir al instituto.

Como algo había que hacer, mi primo pensó que era buena idea que yo la probara, así que fuimos a un rincón de su urbanización, a una manzana a medio construir y aún deshabitada. Sin tráfico posible y teniendo en cuenta que nunca había cogido una moto y nunca la he vuelto a coger, se entiende que mi objetivo único y legítimo fuera sencillo. Mi objetivo era idéntico al de tantos laterales derechos profesionales: no arriesgar, no caerme, no romper nada, completar sin pena ni gloria la vuelta a la manzana. Por y para ello extremé precauciones.

Fui tan lento que arranqué en la víspera de Nochebuena y llegué en la mañana de Reyes; fui tan lento que al volver a la altura de mi primo, una vez completado el recorrido, se había convertido el pobre en un muñeco de nieve; fui tan lento que durante el camino al Castellón le dio tiempo a cambiar dos veces de entrenadores.

Un vídeo que se filtra

Sin embargo, cuando volvimos a casa, mi primo le dijo a su padre que yo había conducido muy bien. Fue sin duda un detalle de clase. Quiero suponer que detectó ahí una clave: la verdad no importa, la verdad sobra. La verdad no ayuda tantas veces. Lo recordé con el polémico vídeo de Peru Nolaskoain la otra noche. El joven futbolista del Deportivo grabó para sus amigos un vídeo que terminó filtrándose. Explicaba que estaba jodido porque su equipo no gana un partido, decía que eran muy malos -van últimos- y que encima estaba enfermo y no podía salir de fiesta para emborracharse y olvidar, y lamentaba quedarse en casa jugando a la play, a sus 21 años.

La reacción fue la habitual, ya se sabe, la turba paseó con antorchas, las redes ardieron y Nolaskoain pidió disculpas al día siguiente. Pero yo diría que el principal y único problema del vídeo es que no estamos preparados para tanta sinceridad, y menos en lo que a los futbolistas se refiere, no estamos preparados para masticar la verdad que duele.

Es mejor vivir sin saber toda la verdad, sin saber qué pensamos los unos de los otros. De hecho, es la única manera razonable de hacerlo. Recuérdenlo en la mesa estas Navidades.