02 jul 2020

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BARRACA Y TANGANA

Todo se complica

Se habla mucho de cómo te haces de un equipo y poco de cómo se va quedando gente en la orilla

Enrique Ballester

Luis Enrique sigue el entrenamiento en la ciudad deportiva de Las Rozas.

Luis Enrique sigue el entrenamiento en la ciudad deportiva de Las Rozas.

Leí que ya hay fechas para los exámenes de selectividad. Acaban el 11 de junio. El día 12 empieza la Eurocopa. No lo sabrán los chavales, es probable que ni siquiera lo sospechen los chavales, pero esas serán las mejores horas de sus vidas.

Después todo se va complicando, después las circunstancias se te escurren de las manos, se te caen de los bolsillos.

Después todo se complica. Salíais juntos de fiesta y os podíais llamar incluso amigos, pero poco a poco y sin darte apenas cuenta, dejasteis de veros. Un día os encontráis por la calle y no sabéis de qué hablar. De eso no se recupera uno nunca. Asumes que la próxima vez seguiréis el camino, os saludaréis como mucho así con la cabeza. Por qué pasan estas cosas, no lo sé. Se habla mucho de cómo te haces de un equipo y poco de cómo se va quedando gente en la orilla. Simplemente la olvidas.

El fútbol te espera. La vida no. Aplauso para el fútbol. Tu equipo es agradecido porque sabe que, aunque haya momentos en los que no estés, todavía eres y siempre tiendes a volver. Tarde o temprano siempre vuelves. A mí este año me cuesta ir al estadio a ver a mi equipo. Me resulta incómodo. Intuyo que es un daño colateral de haber estado 15 años yendo para escribir crónicas, yendo para trabajar, un daño colateral de convertir una pasión desbordante en una obligación contenida. Libre de esa atadura, intenté ahora añadir el partido dominical a mi nueva rutina, pero es demasiado extraño todavía. Debo recuperar primero la inocente ilusión del hincha, esa que se deshilacha en la tribuna de prensa porque cuanto más sabes, menos te crees. Pero no me importa no estar aún, porque sé que soy y un día me apetecerá volver. Tu equipo es como una madre: seguro que estará cuando otra vez lo necesites.

Por qué pasan estas cosas, no lo sé. Estuve de foros y congresos las últimas semanas. Todos saben mucho en esos sitios, todos cuentan historias de éxito en esos sitios. En varias de esas historias, sin embargo, la oportunidad se presentaba gracias a decisiones ajenas, la chispa surgía otras veces por casualidad y algo de chiripa. Hay tantos factores externos en la vida y en el fútbol que el esfuerzo es solo la solicitud de entrada, el esfuerzo no garantiza que no te quedes atrás un día, sin nada. La nueva Copa Davis, por ejemplo, consiguió reunir todos los ingredientes necesarios para que una competición triunfe en España. Hubo suerte, porque todos los ingredientes necesarios para que una competición triunfe en España se resumen en uno: que gane España.

Y ganó España

Ese incontrolable punto de azar a menudo conduce a la contradicción. En el fútbol se aprecia con claridad en la figura del entrenador, en el chirriar del discurso teórico al contrastarlo con la realidad. Se suele decir, cuando un entrenador pregona un credo y actúa con el contrario, que se traiciona a sí mismo, pero lo cierto es que no hay nada más natural. Qué se va a traicionar. Se llama afán de supervivencia, un instinto inmemorial. Se llama que la vida no es fácil, que acaba selectividad y todo se complica. Se traicionará el día que no quiera ganar.