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conjunto en crisis

China, la selección del eterno ridículo

Con la clasificación para el Mundial muy complicada, la situación del equipo todavía aumentó con la dimisión del veterano técnico Marcello Lippi

Adrián Foncillas

Marcelo Lippi, ya exseleccionador de China.

Marcelo Lippi, ya exseleccionador de China. / STR / AFP

Todo empezó cuando agostaba el partido con un empate insuficiente para China cuando Zhang Linpeng estiró con ímpetu la pierna y remató un centro desde la izquierda para dirigir el balón hacia la red ante el aturdido portero. El gol en propia puerta resume la desdicha de la selección china, complica su camino hacia el Mundial de Qatar y devuelve la manoseada pregunta: por qué un país con 1.400 millones de personas no encuentra a once que la toquen medianamente bien.

Su técnico, Marcello Lippi, compareció iracundo a la sala de prensa. "Pudimos batir a oponentes débiles como Maldivas o Guam, pero cuando nos hemos encontrado a rivales más fuertes como Filipinas o Siria no hemos desarrollado nuestro juego", avanzó. "Mi salario es muy alto, asumo toda la culpa y dimito como entrenador de China", concluyó antes de levantarse sin esperar a la traducción.

Es complicado debatirle lo primero. El septuagenario técnico cobra 180 millones de yuanes anuales, más de 23 millones de euros. Su renuncia aliviará la irritación de la hinchada por una ética laboral que juzgan por debajo de su salario. Lippi había anunciado que después de este partido delegaría el negocio en su subordinado y pasaría las navidades en Italia. Unas vacaciones de cuatro meses, calcularon los aficionados. La ética laboral no es un asunto menor en China.

Wu Lei, delantero del Espanyol, rodeado de rivales sirios / pan yulong (AP)

El país recibió en el 2016 con alborozo al ganador de un campeonato del mundo y cinco 'scudettos' y le despide lamentando sus 16 victorias en 36 partidos durante sus dos etapas. Lo más rescatable son unos cuartos de final en la Copa de Asia que perdió contra Irán por 3-0. Dimitió en enero y dejó los bártulos a su compatriota Fabio Cannavaro. Dos derrotas consecutivas forzaron el regreso en mayo de Lippi para empujar a China hacia Qatar. La misión se antoja complicada: solo se clasifica el primero del grupo y va cinco puntos por detrás de Siria y empatada con Filipinas. El banquillo chino le arruina el currículum a cualquiera. La última debacle ha recordado a muchos al 1-5 contra Tailandia que le costó el puesto a José Antonio Camacho. Tanto el español como el italiano han reconocido su incapacidad para contagiar su mentalidad y motivación a los jugadores.

Ambicioso proyecto

China ya le discute el liderazgo geopolítico y económico a Estados Unidos pero sigue hundida en el puesto 69 de la FIFA y perdiendo con países que muchos no sitúan en el mapa. De su única participación mundialista, en el 2002, se marchó con tres derrotas y ni un solo gol. El pertinaz ridículo ha convertido el fútbol en una cuestión de Estado. Su presidente, Xi Jinping, es un reconocido aficionado que se ha comprometido a sacarlo del oprobio. Sus esfuerzos no han sido escasos ni tibios. Saneó la competición nacional o Superliga después de que frecuentara más la sección de sucesos que la deportiva por los apaños, peleas barriobajeras y otras costumbres poco edificantes para la juventud. En 2014 presentó un plan de reforma con 50 puntos para convertir a China en una potencia futbolística en el 2050. Incluían la construcción de miles de campos de centros de entrenamiento y campos de los que tendrían que salir 50 millones de jugadores. China estimuló los fichajes de jugadores extranjeros para que a los propios se les pegara algo y, tras comprobar lo contrario, aprobó normas que apoyan el desarrollo de los jóvenes. Lippi metaforiza esa desesperada búsqueda de soluciones: prometió al llegar que no nacionalizaría a extranjeros y en su último partido alineó a dos.

Los chinos encabezaron el medallero en los Juegos Olímpicos de Pekín. No se discute su destreza para el deporte y desesperan su apego al fracaso en el fútbol. La agencia oficial Xinhua ha sugerido esta semana que la más probable causa es la falta de talento. "Cuántas veces hemos culpado de la derrotas al entrenador, a la gestión de la federación… y cuando hemos invitado a un campeón del mundo, el resultado ha sido igual de decepcionante", afirmaba su editorial.

Temas: Fútbol